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“Lasciate ogni speranza, voich’entrate”

editorial

Dante Alighieri, autor de la obra La Divina Comedia, señala que el ingreso al infierno, se encuentra coronado con un pequeño cartel escrito con letras sanguinolentas con la frase que titula estas líneas. Su traducción al español significa: “Perded toda esperanza todos los que entráis aquí”.

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La terrorífica sentencia parece ajustarse a la perfección para todos aquellos menores que han sufrido los inenarrables tormentos que conlleva el ser institucionalizado por parte del Estado en Guatemala, visibilizados a raíz de los trágicos acontecimientos que culminaron con la espantosa muerte sufrida por 39 adolescentes guatemaltecas, víctimas de un potencial asesinato colectivo, producto de circunstancias inimaginables, que provocó un incendio de grandes proporciones en el interior del Hogar Seguro  Virgen de la Asunción, ubicado en San José Pinula, quienes habían denunciado ante la Procuraduría de los Derechos Humanos, una serie de abusos de distinta índole cometidos en su contra y que evidencian, entre muchas otras las graves falencias del Estado Guatemalteco en el tema de protección infantil y  juvenil, sin que las autoridades correspondientes tomaran acciones destinadas a frenar dichos abusos.

Resulta imposible imaginar el infierno desatado en el interior del recinto destinado a protegerlas: la angustia, el terror y la desesperación que protagonizaron los últimos segundos de estas adolescentes, cuya vida estuvo marcada por la tragedia de una sociedad indiferente,  ajena a sus necesidades y a los abusos de que son objeto diariamente. Sin embargo, sin el dantesco  escenario en que sus vidas finalizaron, es difícil de imaginar, resulta imposible pensar en la vida cotidiana de las niñas, marcada por la violencia sexual, física y emocional de que fueron objeto durante su permanencia en el lugar destinado por el Estado guatemalteco, para su protección y abrigo, irónicamente llamado Hogar Seguro.

Las sospechosas circunstancias en que se produjo la tragedia y el pobre manejo de la misma por parte de las autoridades de gobierno, motivaron la presencia de una enorme masa de guatemaltecos indignados que llenó la Plaza de la Constitución, exigiendo justicia para las víctimas. Sin embargo, es preciso devolver la esperanza a los niños y jóvenes, quienes permanecen bajo el abrigo estatal. Es urgente que más allá de gritar nuestra indignación ante la tragedia y la impotencia ante el cuestionable manejo gubernamental de esta tragedia, seamos capaces de sacar del infierno a estos niños y devolverles la esperanza a quienes permanecen siendo potenciales objetos de abusos de cualquier índole, mediante nuestro denodado compromiso ciudadano de fiscalizar a las autoridades a evitar que los abusos de todo tipo, conviertan la vida de nuestros niños y niñas y adolescentes en un infierno.

¿Dónde está el accionar del Procurador de los Derechos Humanos? ¿el Ministerio Público, la Procuraduría General de la Nación? ¿Por qué el silencio en vez de actuar de oficio, como corresponde a sus obligaciones? ¿Hasta cuándo los guatemaltecos asumiremos un papel proactivo en vez de reactivo ante tanta barbarie? no basta con rasgarse las vestiduras y acusar, si no somos capaces de dar a nuestra niñez los cuidados y el amor que se merecen.

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