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En un hogar, triste, mal administrado y con semejantes autoridades, un montón de niñas sufre sus pesares de no ser como las demás, estar encerrada en una habitación para acallar sus instintos de niñas que se supone no se pudo ser como las demás niñas de la sociedad que lo tenían todo incluyendo un par de papás responsables y que se encargaran de toda su crianza como la sociedad lo exige. Niñas tristes que veían por las ventanas de su cuarto como sus esperanzas de saber su lugar de origen, de su hogar y que decían será que la vida me prohibió ser feliz y que por eso mis padres me dejaron en este lugar que acaba con todos mis sueños y se los lleva el viento; no tengo derecho a un futuro mejor, quiero ser una profesional guatemalteca que aporte a la sociedad y mis sueños se pueden hacer realidad. La gente miserable se aprovechó de nuestra debilidad ante ellos y nos hizo probar una suerte que no merecíamos y que tuvimos que aprender a convivir con ella y que nos asqueaba de compartir con ella todos los días en la oscuridad de unas habitaciones que se asemejaban a un infierno, y por el cual ninguna queríamos en ese lugar.

“La suerte se nos confunde con un buen día que nos trataron bien y que nos asusta”.

 Las ilusiones de vivir se apagan, se encienden, pero tenemos derecho a ello y necesitamos sentirnos amadas pero de verdad no de fingir y de abusar de nosotros por estar recluidas y no mimadas con un amor de padres que nos hace falta pero que nadie habla de ellos. Aunque la miseria nos embarga, seguimos; soñamos, anhelamos y queremos un cambio pero no llega, será que todo en la vida es complicado. La suerte se nos confunde con un buen día que nos trataron bien y que nos asusta cada vez que sucede pero que no es normal para nosotras que seguimos pensando que merecemos algo más. La felicidad es opaca y parcial, no se manifiesta del todo porque es fingida y todo lo que nos dan, es dado de una forma tan falsa que ya no creemos en esta.

Las niñas como todo ser que lo único que querían era convertir sus sueños en realidad, lloran, ríen, juegan y esperan que sus papás vayan por ellas y las saque de ese lugar para disfrutar de la vida, pero los días se van y se escurren por las pocas ventanas que hay en nuestras habitaciones y que lo único que nos proveen es de mucha tristeza. La sonrisa se nos apaga, pero la necesidad de seguir viviendo nos hace fuertes y pensamos, saldremos de acá, y nos convertiremos en ciudadanas normales que quieren una vida normal cargada de muchas emociones y retos de cada día, tenemos miedo pero no nos rendimos sino seguimos en la lucha de cada día. La luminosidad del Creador acompañe sus almas, amadas niñas que lo digo en nombre de una sociedad guatemalteca que se siente indignada de su partida pero que no pueden hacer nada porque no es nuestro papel.

Buen viaje, hacia el camino que todos llevamos y por toda esa violencia generada hacia ustedes, decimos perdónennos a todos los que indirectamente somos o nos sentimos culpables de lo sucedido. Salve a todas aquellas niñas que fueron presa de una sociedad que se ha vuelto totalmente indiferente y que no es capaz de comprender que todos los seres humanos merecemos una segunda oportunidad y regenerarnos para aportar a una sociedad tan compleja y que sus sueños sirvan de ejemplo a tanta gente.

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