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NUEVO
I. Guille

I. Guille

La muerte de adolescentes carbonizadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, albergue para menores que depende de la Secretaría de Bienestar Social, es una pesadilla que ha causado consternación, dolor e indignación en la sociedad guatemalteca. El Estado no escuchó esas voces de niñas que fueron objeto de abusos y vejaciones inhumanas. Hubo negligencia, irresponsabilidad de irrespeto a la vida. Otra gota en el vaso lleno de turbulencias sociales. Un nuevo grito de angustia que apaga la sonrisa de personas que buscaban ternura y felicidad en medio de un torbellino macabro de violencia degradante. Esta tragedia nacional, es parte de las secuelas que ha envuelto al país desde hace largas décadas y pareciera que esta perversidad, solo nos conmueve momentáneamente en tanto que adviene otra de más altos quilates.

“Lo peor del Estado guatemalteco , es el enorme vacío de atención a lo más sagrado de una sociedad como lo es la niñez y la juventud”.

Antes fue la desaparición y asesinato de ciudadanos que decidieron alzar sus voces llenos de idealismo por una sociedad justa y equitativa. La respuesta fue la muerte a la vida de jóvenes inteligentes y sensitivos. Hoy lagrimeamos en silencio y con tristeza los horrores de ese latrocinio humano. Pero no solo es una agresión contra la vida humana, porque la rica biodiversidad de la nación es destruida por quienes solo piensan en sus riquezas individuales. Ríos inundados de inmundicias y veneno. Ríos que los secan porque deben llenar estanques de agua para generar energía o regar cañaverales. Montañas depredadas para saquear maderas preciosas. Lagos y mares en los que se derraman químicos que matan la vida. Lo peor del Estado guatemalteco, es el enorme vacío de atención a lo más sagrado de una sociedad como lo es la niñez y la juventud. Crece la desnutrición a pasos agigantados sin que se le pueda hacer un alto con estrategias alimentarias en las que se dignifique a la persona humana. Los niños se duermen por falta de comida sobre escritorios destartalados mientras el maestro repite y repite lo que pretende enseñar.

 Miles de jóvenes esconden su miseria y frustración en pandillas, subempleo o migrando hacia el norte como carne de cañón de un Estado descarnado trazado por una historia de abusos contra la dignidad. Como si esto no fuera suficiente, la corrupción ha estado  presente empantanando con sus actos de cinismo, el desarrollo integral de la sociedad. Los escasos recursos que se captan a través de los impuestos, no logran atender esa voz tierna y suave que reclama una vida plena de alegría, libertad y bienestar. Guatemala tiene que volver a recuperar las virtudes humanas para el logro de su bienestar social y espiritual.

Los valores de tolerancia, equidad, caridad, fe, diálogo, respeto, compasión, confianza deben estar presentes en la vida cotidiana si queremos hacer ciudadanía. Porque la grandeza del ser humano, es el proyecto de su vida y su contenido es la dignidad. La sociedad y el Estado deben asumirse conscientemente para encontrar un camino hacia la paz. Este drama humano tipificado como “masacre” contra la vida, deberá ser el punto y aparte hacia un nuevo amanecer que supere la indiferencia o no habrá futuro para el país.

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