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Crónica de una barbarie anunciada

editorial

El pasado 8 de marzo es un día que quedará marcado en la historia nacional por la tragedia ocurrida en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer; 28 jóvenes mujeres perdieron la vida como consecuencia de un incendio ocurrido en circunstancias sospechosas, en  las instalaciones del Hogar Seguro Virgen de la Asunción,  y se anuncia al menos 35 que permanecen en estado delicado en distintos centros asistenciales.

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El Hogar Seguro Virgen de la Asunción, entidad a cargo de la Secretaría de Bienestar Social, cuenta con capacidad para alojar a cerca de 400 jóvenes, No obstante, había un hacinamiento de 748 jóvenes, producto de órdenes judiciales que les han separado de sus hogares naturales a efecto de preservarles de abusos dentro de sus respectivos círculos familiares. Sin embargo,  existen graves denuncias en la Procuraduría de los Derechos Humanos en las que destacan los  abusos sexuales en contra de los internos, así como de maltrato psicológico, físico, verbal, de tratos degradantes para los mismos de parte de los monitores a cargo del hogar.

Otras denuncias señalan la falta de infraestructura,  así como la falta de alimentación adecuada y falta de  atención médica, asimismo, negligencia en el cuidado y atención de los internos, así como de la prohibición o restricción del ingreso de visitas familiares a los residentes del mismo.

En el año 2014 estas denuncias sumaron un total de 9, mientras que en 2015 las mismas aumentaron a 14, creciendo la cifra  a 24 en 2016 y en lo que va del año 2017, han sido presentadas 4 ante la Procuraduría de los DD.HH., por distintos tipos de abuso en contra de la población juvenil del hogar.

Ante una tragedia de tales proporciones resulta prioritario establecer una investigación enfocada a  deducir las responsabilidades penales y civiles correspondientes a los encargados del hogar, pero es más importante aún que la sociedad guatemalteca reflexione en cuanto a las causas que provocaron la tragedia y que tienen raíces entre muchas otras en  la total indiferencia de que es objeto la niñez y juventud, por parte de la sociedad y la grave necesidad que representa el  ejercicio de una efectiva fiscalización ciudadana del quehacer del poder público, y principalmente  demandar de las autoridades el inmediato esclarecimiento de las circunstancias que culminaron con la muerte de las jóvenes residentes del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

Para que la misma no quede sepultada en el olvido, es preciso que todos nos unamos en un grito de indignación y hacer una  reflexión colectiva sobre la necesidad de demandar de las autoridades de Gobierno,  el establecimiento de protocolos de seguridad y fiscalización sobre las acciones de los encargados de velar por el cuidado de la niñez y la juventud.

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