Home > Columnas > Las víctimas
NUEVO

Mañana nos llega un nuevo 8 de marzo. Esto debiera significar una renovada manera de seguir con el esfuerzo de comprender el patriarcado y con ello, las innumerables relaciones que desarrollamos en la familia, en la sociedad, en el sistema político. Otro 8 de marzo y eso debiera significar que no dejemos de ponerle atención a la realidad de violencia contra las mujeres, por su condición de ser mujeres. Porque la violencia, la exclusión, la burla y la ofensa de género en todas sus formas y niveles sigue siendo parte de la realidad, aunque se le disfrace u oculte.

Otro 8 de marzo es otra llamada política, social y educativa para que sigamos de frente en el esfuerzo gigantesco y global de transformar las relaciones de poder que se asientan en, pero también profundizan la exclusión de género. Esto significa que en la medida que podamos darle importancia, como sociedad y como sistema educativo, al descubrimiento intelectual y afectivo sobre lo que representa el patriarcado y cómo condiciona nuestras relaciones con los demás, en esa medida podremos enfocarnos o dirigirnos hacia cambios que no solo tienen que ver con las relaciones entre hombres y mujeres.

Hablo del impacto que una comprensión así tendría también en las relaciones políticas, en esas vinculaciones entre dirigentes y bases que más que significar la transmisión de un mensaje político, son en sí mismas el mensaje político. No hay nada más político que la forma de relaciones que se establecen entre dirigentes y bases, o entre educadores y educandos, entre padresmadres e hijos e hijas, etcétera. Es en ellas en las que se crean, forman y desarrollan las visiones, valores y actitudes que configuran la lucha por cambiar -o mantener- el mundo. Reducir el 8 de marzo a hablar del machismo, a escuchar que “todos somos iguales”, pero sin demostrarlo en las prácticas institucionales, sociales, religiosas o políticas, es tan insuficiente y casi tan grotesco como observar a representantes políticos del extremismo conservador que se golpean el pecho este día para hablar de “lo bello, lo fuerte, lo inteligente que son las mujeres”.

Aprovechemos esta fecha para visibilizar la increíble y firme lucha que han venido haciendo las mujeres en distintos momentos y lugares de la historia humana. En nuestro país es necesario recuperar el estudio y la investigación de lo que ocurrió en el conflicto armado interno desde una mirada de género para develar el sufrimiento específico de las mujeres, en ambos lados del enfrentamiento. El botín de guerra que han sido las mujeres en todos grandes enfrentamientos armados también ocurrió aquí y dejó sus huellas.

El presente de miles de mujeres guatemaltecas está marcado por ello y sin visibilización, sin estudios, sin levantar la voz, sin diálogos abiertos y profundos sobre toda esa realidad sufrida por las mujeres, no podremos hacer del 8 de marzo una festividad. De lo contrario, sin profundidad, sin miradas sinceras y desde ojos de mujeres a nuestra dura realidad, este será otro 8 de marzo, aprovechado comercialmente para vender flores o chocolates.

Y harán del día una fecha más para la superficialidad, la frivolidad y la apariencia que tiene lugar en festividades que tienen alto potencial económico. Se trata, en realidad, de que sepamos descubrir en este nuevo 8 de marzo su fuerza para la dignidad; que lo sintamos como un día tan político, tan profundo y tan necesario para el aprendizaje de una nueva humanidad, que vale la pena extenderlo a todo el calendario.

Leave a Reply

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com