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Guatemala, barco a la deriva

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Guatemala se enfrenta al peor escenario, como un barco sin capitán, en una creciente tormenta, rodeada de arrecifes,augurándose un naufragio de proporciones desconocidas. La ciudadanía reciente la ausencia de Gobierno. El señor presidente brilla por su ausencia y, cuando emite declaraciones, yerra a lo largo y ancho. Es imprudente e impolítico, constantemente se contradice y, lo más grave, es que rara vez dice algo trascendente. Ya es público que él no ejerce el poder político; lo hacen dos roscas que le rodean. Una es la juntita militar, encabezada por los militares y diputados Justino Ovalle y Herbert Melgar Padilla.

La otra la compone la tropa loca, sus amigotes de antaño, que irrumpen en la administración pública con corruptelas y acciones descabelladas. La juntita militar encabezó lasacciones de difamación y ataques mediáticos contra Iván Velásquez y Thelma Aldana, con el apoyo de políticos venales y el financiamiento de empresarios hipócritas, que tiraron la piedra y ahora esconden la mano. La maniobra les fracasó e Iván Velásquez salió más fortalecido que nunca, con apoyos explícitos del Secretario General de la ONU, del Parlamento Europeo, del Congreso de EE. UU. y, sobre todo, de la ciudadanía guatemalteca, que rechazó tajantemente la campaña mediática que Sofía Menchú retrató en el reportaje que le censuraron los Archila en Contrapoder, demostrándose, una vez más, que la mayoría de publicaciones, radios y televisoras no son medios de comunicación, sino empresas mediáticas al servicio de sus dueños y anunciantes, que ocultan y tergiversan la verdad.

El Congreso, el organismo político por excelencia, naufraga en una cloaca de incoherencias, desoyendo el clamor ciudadano para que apruebe las reformas constitucionales y no toque el Código de Trabajo. La falta de dirección también se expresa en el ámbito económico, donde el ministro de finanzas acaba de declarar que este año seguirá la política de contención del gasto, lo cual quiere decir menos escuelas, menos medicina, menos alimentos, menos carreteras, menos seguridad, o sea, menos desarrollo y mayor ausencia de gobierno. Ni hablar del CACIF, que hace décadas dejó de preocuparse por el país y solamente propone acciones económicas para enriquecerse, demandando exoneraciones fiscales, privilegios presupuestarios, trabajo a tiempo parcial, y reclamando impunidad tributaria y laboral.

Para colmo, el CACIF y la AMCHAM podrían estar incurriendo en ilegalidades, al oponerse a las resoluciones judiciales de las Cortes, que han frenado la instalación de mega proyectos ilegales, que violentan leyes y Tratados, por no haber efectuado consultas libres, informadas y previas a los pueblos indígenas. En sus declaraciones, prácticamente están llamando a la desobediencia judicial, con el ministro de Energía haciéndoles coro.

En contrapartida, los excluidos y marginados expulsados hacia EE. UU., han enviado 9 mil millones de quetzales en remesas, durante enero y febrero. Triste paradoja, que las víctimas de la economía patrimonialista sean quienes saquen a flote las rentas nacionales, y sean la válvula de alivio a la sobre explotación. Para colmo, EE. UU. ya ha enviado a altos funcionarios del Ejecutivo y del Legislativo, quienes han comprobado que nada serio se hace pararesolver las causas de la migración, mientras la ONU destaca el crecimiento del hambre y la pobreza. La juntita militar les responde clamando  por la soberanía, que ellos le entregaron al crimen organizado. Vamos pues, sin rumbo ni concierto, hacia la tormenta perfecta.

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