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¿Sacudirse a Estados Unidos?

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Después del final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tomó la tarea de liderar el proceso completo de reconstruir Europa. Eso significó no solamente inversión económica sino ir consolidando la noción de Estados Unidos como un referente político, ideológico y cultural.

Reducir la influencia que Estados Unidos mantendría en este proceso requirió que los europeos comenzaran a tomar responsabilidad directa. Y eso, significó que los europeos deberían consolidar un sistema económico eficiente, un Estado transparente y políticas públicas eficientes. Eventualmente ese proyecto conocido como la Unión Europea llegaría a ser lo que es.

“Es la idea que le pasa a muchos líderes políticos por la cabeza. Se dice fácil pero no es nada fácil”170305 opinón

Siendo capaz de proveer estabilidad regional, de proveer servicios públicos de calidad y un nivel vida decente.
América Latina es otra historia. Las potencias regionales pudieron marcar una distancia frente a EE. UU. en la medida que sus sistemas económicos tenían fuentes de capitalización asegurada y esos flujos, empoderaban el Estado. Brasil, Venezuela y México fueron los claros ejemplos de países latinoamericanos que basaron sus economías en sectores estratégicos dominados por el Estado. Esos recursos canalizados inteligentemente en política pública produjeron las clases medias y la estabilidad que caracterizó a dichos países.

Cuando los modelos cambiaron, optando por la capitalización vía Tratados de libre comercio los Estados se dispararon en el pie. Es el caso mexicano, que al haber apostado todo su eje de desarrollo a NAFTA conectó tanto su economía con EE.UU. que hoy el 80% de las exportaciones mexicanas aterrizan en suelo estadounidense. Esa relación de dependencia permitió que EE.UU. o se convirtiera no sólo en el socio comercial determinante sino además en un país con un increíble nivel de influencia. Por algún tiempo la relación bilateral fue más o menos decente, pero ahora precisamente el dilema mexicano pasa por descarnarse, dolorosamente, de su dependencia con Estados Unidos.

La dependencia económica, la dependencia militar para sostener la estrategia antinarcótica (México compró armas a EE. UU. en promedio 3500 MDD en el último año), la dependencia en inteligencia ( para lograr detener y arrestar a los grandes capos) y la dependencia política (hacer esporádicas, más o menos ordenadas las deportaciones) todo esto, nos muestra que el dilema para México es muy complejo. La carta del nacionalismo es ridícula.

Los países centroamericanos se encuentran en una posición más desventajosa que México. Porque la dependencia se materializa no en agendas específicas sino, en rublos vitales para sostener la funcionalidad del Estado. Concretamente al caso de Guatemala, la cooperación internacional es un componente vital para la consolidación del Estado. Con tal nivel de dependencia, es irrisorio pensar que resulte posible sacudirse a los EE. UU. Se requeriría fundamentalmente que el Estado de Guatemala fuese capaz no solamente de crecer económicamente, mostrar que puede cobrar impuestos y redistribuirlos de forma inteligente.

Sería necesario que Guatemala pudiera consolidar -por sí sola- el proceso de reforma del Estado, y dotar a las instituciones de recursos suficientes que necesitan. Todo esto requeriría un pacto político y ciudadano orientado hacia la transparencia, la responsabilidad política, aceptar más impuestos y un compromiso de la élite económica para abandonar la práctica de solicitar exoneraciones fiscales.

Al momento, ni siquiera resulta posible reconstruir todos los puentes que el invierno pasado destruyó. Así las cosas, los sueños patrioteros son precisamente eso, un sueño. Por suerte.

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