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Jóvenes deben encausar el país que quieren

editorial

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre las perspectivas para 2017, da a conocer que casi 30 millones de jóvenes de la región Latinoamericana y Caribe no tienen empleo, no estudian, ni reciben capacitación. Ellos representan el 21% de los jóvenes de la región, en comparación con el 15% en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Otro 19% de los jóvenes trabajan en empleos informales.

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Las mujeres se ven particularmente perjudicadas, pues representan el 76% de quienes no tienen empleo, no estudian ni reciben capacitación, en parte porque se dedican a tareas en el hogar no remuneradas. Al menos 6 de cada 10 jóvenes que viven en hogares pobres no tienen empleo, no estudian ni reciben capacitación o trabajan en el sector informal de la economía, y 4 de cada 10 jóvenes que viven en hogares vulnerables de clase media no tienen empleo, no estudian ni reciben capacitación o están en el empleo informal.

Esto contrasta con el caso de los hogares de clase media, en los que solo 2 de cada 10 jóvenes se encuentran en esta situación. “Los adultos jóvenes representan una cuarta parte de la población en América Latina. La capacidad de aprovechar este importante dividendo demográfico, de 163 millones de personas de entre 15 y 29 años, será crucial.

La situación de los jóvenes en Guatemala es preocupante según los analistas, debido a que más de un millón no estudian o no tienen una relación laboral. En la actualidad, la mayoría de nuestros jóvenes buscan superarse de distintas formas, aunque las redes sociales a veces han sido un distractor, tan influyente, que en muchas ocasiones evita que estén informados de la realidad de su país y, sobre todo, que participen y busquen un camino para direccionar el país que desean para el futuro.

La participación de los jóvenes universitarios ya no es la de antes, cuando surgían líderes que protestaban y luchaban por los problemas de las grandes mayorías. La Universidad de San Carlos, que lideraba estos movimientos, se quedó atrás, con grupos enquistados en una asociación de estudiantes universitarios que dejaron fuera los principios para lo que fue formada.

Hoy en día, el estudiante está más preocupado en ganar los cursos, graduarse y dejar la Universidad donde se formó. En muchas ocasiones, sin tener una visión del futuro que le espera, del cual puede ser partícipe fomentando los cambios políticos o participando activamente para llevarlos a cabo. Los jóvenes, en muchos casos, viven el momento, sin pensar que, al no participar, serán partícipes de un futuro dominado por la misma clase política que los tiene sumidos en un sistema educativo atrasado, en un mundo consumista que solo ayuda a olvidar temporalmente los problemas que viven y padecen.

La juventud de Guatemala ya no debe ser pasiva, no están viviendo la persecución oscurantista de los años setenta y ochentas, cuando valientes estudiantes universitarios salían a las calles a luchar por el alza en el pasaje público, o el alza en la canasta básica. Jóvenes activos y que busquen el cambio, son la guía que necesita el país.

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