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Noticias desbordadas vs. convivir

Alguien comentaba que actualmente difundir hechos objetivos no está de moda; lo que importa es las emociones o sentimientos personales que provoca en los que oyen. Nos encontramos en una época en que los medios de comunicación así lo han  propagado. Basta ver la proliferación de noticias falsas por Internet, comentarios insultantes que rozan la difamación volcados todos los días en las plataformas de comunicación on line , y el descrédito de las instituciones a través de comentarios -muchas veces anónimos- en esos mismos medios.

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The Guardian  en su artículo How technology disrupted the truth, indicaba que frecuentemente esta intencionada tergiversación de hechos en algunos medios digitales, es por apoyar una postura política; además de los esfuerzos para atraer visitantes hacia sus plataformas y mantener un negocio que vende lo que el público desea encontrar. El filósofo norteamericano Harry Frankfurt en su libro Sobre la charlatanería (2015), indica que la charlatanería es contagiosa. Algo de esto se ha extendido a nosotros como consumidores de información, cuando prestamos atención a las noticias que podemos propagar por las redes sociales, sean o no verdad. Ante esto, no estamos eximidos de responsabilidad por participar en actos difamatorios, aunque nos parezca que lo que hacemos no es de gran importancia. Cuando esto ocurre, es porque hemos dejado de considerar que el lenguaje no es solo vehículo de hechos, cifras, estrategias, y refutaciones, sino también debe ser portador de valores. 170304 ilustración

Lo que distingue a los seres humanos civilizados es el raciocinio.

Este tema los antropólogos lo consideran de gran importancia, porque contribuye a lo que podría ser actuar apasionadamente , con un desbordamiento de pasiones. De hecho suelen medir el avance de las civilizaciones según la capacidad individual de controlar los instintos primarios -primitivos-, y por las normas de convivencia que mitiguen los choques entre grupos con intereses opuestos.

Sin embargo, actualmente parece haber una tendencia contraria. Un  índice de ello lo encontramos -aparte de en muchas telenovelas- en los reality shows basados en enfrentamientos -apasionados- entre los protagonistas. Y en general abundan programas de interés humano cuya audiencia depende del número e intensidad de los estallidos emocionales. Podría pensarse que la repetición de estos planteamientos e imágenes -exaltación del sentimiento- solo divierte y no influye mayor cosa. Pero la verdad es que cuando se exalta a alguien que ha adquirido fama y fortuna desatando en público su agresividad y sus instintos primarios -sexuales o no- se presenta esto como algo que hay que imitar.

Alguien que venía de un viaje en Europa comentaba de un letrero en una autopista: “Elige tu razón. No corras”. Y lo aplicaba al tema en que estamos: que uno no puede dejarse llevar por la compulsión de prisas o emociones, sino  por lo que la razón dicta, Precisamente, lo que distingue a los seres humanos civilizados es el raciocinio y la capacidad de convivir con los diferentes. Si no, caeríamos en la ley de la selva, donde los animales se guían por sus instintos. Pero es fácil evitarlo: basta que pensemos.

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