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Ecuador decidirá entre continuidad o cambio

Ecuador decidirá entre continuidad o cambios

Tras una primera ronda de comicios celebrados en febrero que no arrojaron un ganador para suceder a Rafael Correa, votantes preocupados por la crisis que enfrenta el país (muchos de ellos apáticos e indecisos ante la falta de un candidato que responda a sus expectativas) deberán decidir entre la continuidad y la renovación: Lenín Moreno, elegido del oficialismo, y Guillermo Lasso, un exbanquero de derecha que representa a la oposición.

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Sonia Arias, una ecuatoriana de 53 años que vive de un pequeño negocio de copias y en la primera ronda votó por Abdalá Bucaram (hijo del expresidente del mismo nombre) comentó a los medios que aún no decide a qué candidato apoyará en abril. “No me convence ninguno de los dos; ninguno de los dos considero que esté preparado para asumir la presidencia. Cuando esté frente a la urna decidiré mi voto porque ninguno me gusta”.

La situación será compleja para votantes como Sonia porque ambos candidatos cargan con estigmas. Moreno arrastra la sombra de un escándalo de corrupción en la empresa estatal Petroecuador y el oficialismo ha señalado a Lasso por su condición de multimillonario y por presuntos nexos con el desastre financiero de Ecuador a finales del siglo pasado.

EL ANÁLISIS

Sin embargo, para algunos analistas, un histórico retraso en el conteo de votos tras la primera ronda podría favorecer a Lasso, ya que su contexto y la desconfianza hacia el oficialismo se ha percibido como un posible detonante de la unificación del país contra el poder y el autoritarismo.

“En este momento estamos en una circunstancia en que Lasso deja de ser el millonario y banquero y se convierte en el antagonista de la Revolución Ciudadana (el partido de gobierno), validado por una votación importante, y que puede recoger y aglutinar los antagonismos de diversos sectores sociales”, explicó Pablo Dávalos, catedrático de la Universidad Católica.

Las estadísticas apuntan hacia la misma dirección: según reveló una encuesta realizada por la empresa Cedatos-Gallup tras la votación del 19 de febrero, Lasso podría ser el ganador eventual de la segunda ronda, con 52,1% de los votos válidos, mientras que Moreno obtendría 47,9%.

El estudio también precisó que 81% de los encuestados ya sabe por quién votará, aunque no especificaron su preferencia. Para obtener estos resultados se entrevistó a 2,862 personas de 23 ciudades y hay un margen de error del 3,4%.

Tres días antes de las elecciones, las calles de ciudades como Quito y Guayaquil se llenaron de votantes cargados con banderas, cintillos y afiches para apoyar a los candidatos que se disputarían la presidencia antes de entrar a una etapa de silencio electoral.

El día de los comicios, las papeletas marcadas en las casillas demostraban que 45 días de intensa propaganda no fueron un paliativo eficiente para sanar la indecisión: Moreno obtuvo el primer lugar con 39.35%, le siguió Lasso con más de 28% y el resto de los sufragios fue a parar a las estadísticas de seis postulantes sin posibilidades de ganar.

Ahora es poco probable que los seguidores de Moreno y Lasso cambien de opinión, por lo que el lado hacia el que se inclinará la balanza durante el balotaje seguramente dependerá aquellos que el 19 de febrero parecían ser rivales inofensivos.

Para Joyce Murillo, una estudiante universitaria de 23 años que en los primeros comicios votó por Cynthia Viteri, el tema es simple: dará su voto a Lasso “porque Lenín está en la lista 35 igual que el presidente Correa y prefiero alguien nuevo”. En Ecuador, la lista 35 identifica a los simpatizantes del movimiento político encabezado por el presidente.

EL LEGADO DE CORREA

Correa se hizo del poder en 2006 y tras una década como mandatario dejará un legado de grandes obras de infraestructura y la reconstrucción de la red vial del país. Sin embargo, también arrastra una pila de quejas y reclamos por faltas de respeto a los derechos civiles.

A pesar de la estabilidad económica que mantuvo durante su gestión, Correa se irá de una nación que sufre un sostenido proceso de iliquidez fiscal que el año pasado causó atrasos de pagos a proveedores del Estado, lo que derivó en reducción de empleos, cierre de empresas y una ralentización de la actividad económica.

Entre otros factores, la crisis obedece a la caída del precio del petróleo, principal producto de exportación, que después de alcanzar más de $100 por barril a mediados de 2014 cayó a $20 a inicios de 2016.

A ello se sumó el fortalecimiento del valor del dólar, moneda nacional desde principios del año 2000, cuando se decidió adoptarlo para enfrentar una debacle que en aquel entonces provocó la quiebra de la mitad de los 42 bancos que había.

Según Dávalos, catedrático de la Universidad Católica, “a cualquiera que llegue al poder le tocará bailar con la más fea y la más necesitada: un Estado con problemas económicos”. Según indica este analista, lo que debería hacer el nuevo es (entre otras cosas) recortar el gasto corriente que disminuye la capacidad de consumo de la población, reducir el gasto de inversión y disminuir el aparato burocrático.

Sin embargo, como en otros países de Latinoamérica, la crisis económica de Ecuador camina de la mano de conflictos sociales.

Entre algunos ecuatorianos no solo crece la angustia sobre su futuro financiero y laboral, sino también su desconfianza en el poder. La lentitud del conteo oficial de la primera ronda de las elecciones generó suspicacia y protestas que llevaron a miles de manifestantes a las calles durante tres días consecutivos. Según se leía en sus pancartas y se escuchaba en sus consignas desde las afueras de la sede electoral, defendían la democracia y exigían la transparencia de los resultados electorales.

En un hecho inédito en la historia del país, el anuncio oficial del organismo electoral sobre la inminencia de una segunda vuelta se realizó tres días después de los comicios en medio de un panorama crispado.

LA SEGUNDA RONDA

Al respecto, la analista Grace Jaramillo, de la Universidad de Waterloo de Canadá, dijo que lo anterior será de gran importancia para la segunda ronda. “El desastre que resultó el (lento) conteo de votos durante la primera vuelta, que generó tanta incertidumbre y la sombra real de un posible fraude electoral” unió al país en torno a la defensa de la democracia.

Según Jaramillo, este contexto ha unificado a Ecuador en contra del oficialismo. “Moreno tiene un camino más difícil. Su decisión de no apartarse del correísmo significará que para captar la parte de votos que le faltan deberá responder por las acusaciones de corrupción que existen contra el gobierno y proveer un plan convincente que marque un manejo económico diferente”.

Ante estos escenarios, parece imposible que cualquiera de los dos postulantes llegue a la presidencia sin buscar alianzas políticas. Lasso ya recibió el primer guiño de Cynthia Viteri, tercer lugar en las primeras votaciones, y de al menos otros dos postulantes.

No obstante, Moreno tiene menos alternativas, ya que solo podría haberse apoyado por un candidato (el ex alcalde de Quito, Paco Moncayo, también de izquierda) pero este ha dicho que jamás lo apoyaría.

Según refiere el analista y catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, Jorge León, Moreno contará con “todo el aparato estatal de propaganda a su favor, como informes de ministros, de organismos del Estado”. Sin embargo, si el apoyo del presidente no le valió la victoria en la primera ronda, es poco probable que el peso del oficialismo (por sí solo) le garantice desquitarse en la segunda.

“La verdad que está bien complicado decidir entre uno y otro”, comentó Rita Alvear, un ama de casa que circulaba por una amplia avenida del norte quiteño. “Pensándolo bien, creo que cualquiera que llegue no podrá hacer gran cosa para superar los problemas que tenemos en nuestro pobre país”.

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