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Los artífices del miedo y el terror

NUEVO

Guatemala vive una escalada del miedo y el terrorismo. A través de diversas formas, combinadas para causar el mismo efecto: la parálisis sociopolítica, facilitadora de la restauración y la contrarreforma. Muy elegantes, dando la cara, representativos del poder económico aparecieron, hace algunas semanas tratando de difundir el miedo a la reforma constitucional, que reconozca el pluralismo jurídico. Con un gasto millonario se dedicaron a difundir por radio y TV el infundado temor a que esa reforma “divida” al país, pues “todos somos iguales ante la ley”. Los resortes del racismo, el prejuicio y la crasa ignorancia se hacen saltar sin el menor pudor: hay que causar miedo, de eso se trata.

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Durante esta semana, varios de esos mismos señores volvieron a posar para las cámaras, esta vez para defender a ultranza algunos proyectos hidroeléctricos. Hablan a la Corte de Constitucionalidad, pero su mensaje busca otra vez provocar el miedo: “subirán los precios de la electricidad”, advirtieron. (Manosean uno de los reclamos en recientes manifestaciones de las comunidades: el feroz recorte al subsidio de la tarifa social). En paralelo, corre por las redes sociales otra campaña, expresión del pensamiento cavernario que puebla muchas mentes, haciendo caer a los desprevenidos.

 “Abran los ojos, tenemos el comunismo acá adentro hasta la cocina. No sean ciegos y no se hagan los locos, miren, analicen lo que está pasando. Cuando cambie la Constitución va a ser muy tarde”, se lee en uno de esos mensajes electrónicos. De creerle a los anonimistas digitales, en Guatemala vivimos en una situación donde las “expropiaciones… ahora son legales con la ley de extinsión (sic) de dominio y la ley de secreto bancario. Policía política como la KGB Cubana espiando a sus ciudadanos, con la unidad de métodos especiales del MP y la ONU. No hay correo electrónico al que no le puedan entrar, no hay teléfono que no esté intervenido”. Esto suena armonizado con el decir de las cámaras empresariales. Los anonimistas digitales son el alter ego de aquellas, con un discurso que en ellas sonaría a incorrección política. Pero con el mismo propósito: provocar miedo.

Y como esas dos formas (la abierta y la anonimista-digital) son insuficientes, se echa mano de los métodos criminales: el asesinato de trabajadores del transporte, el recrudecimiento de la violencia homicida. “Son los mareros, son los extorsionadores”, dice la lectura superficial. Otra, se preguntará sobre quiénes manejan desde las alturas del poder los hilos de las maras, para usarlas en interés del status quo. El sistema está jaqueado por mecanismos del mismo sistema. Eso los espanta, están aterrados, y por eso las campañas del miedo. Lo explica Daniel Wilkinson en Silencio en la montaña: “la política se trata de movilizar partidarios; el terrorismo de intimidar oponentes. La política se trata de esperanza; el terrorismo de miedo”. Pero el reame de la dignidad nacional, ya nadie lo detiene. Menos los artífices del miedo y el terror.

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