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De la irresponsabilidad al engaño

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GuilleCon amplias sonrisas, aunque no con toda la parafernalia de los anuncios bombásticos que realiza el gobierno del cómico profesional Jimmy Morales, el Ministerio de Educación ha hecho pública la decisión que a partir del ciclo escolar 2018, la escuela primaria podrá iniciarse con 6 años de edad cumplidos, por lo que los padres no podrán esperar hasta los siete para inscribir a sus niños.

La información, ofrecida por el ministro del ramo al salir de la reunión de gabinete del lunes 20 de febrero, apenas si ganó cobertura. El Diario de Centro América, más que estatal medio de propaganda gubernamental, comunica la disposición como una decisión trascendental de un gobierno que para la mayoría de los ciudadanos padece de una parálisis funcional impresionante, en particular en los asuntos más críticos para el desarrollo del país.

Abrir las puertas de las escuelas a los niños menores de 7 años es indispensable, y para ello supuestamente ya han estado funcionando en las escuelas públicas aulas de preescuela que permitan realizar los procesos de aprestamiento para la lectura y escritura, de manera que aquellos niños que alcancen la madurez motriz e intelectual para hacerlo puedan acelerar su escolaridad, sin que por ello los que no la consigan vengan a sentirse incapaces, mucho menos estimados como repitentes.

“Lo que el niño necesita para tener éxito, son procesos de inducción lúdica a los aprendizajes”

Las actuales autoridades ministeriales, posiblemente por haber estado inmersos durante muchos años en los negocios de la formación masiva de pedagogos, sin mayor vínculo con la investigación sociopedagógica, han olvidado que ya se ha demostrado hasta la saciedad que lo que el niño necesita para tener éxito en los primeros años de su escolaridad son procesos de introducción lúdica a los aprendizajes, mismos que se realizan en la preescuela y con profesores especializados.

Atiborrar las aulas de primero primaria con niños de 6 y 7 años, con distintos niveles de desarrollo intelectual no solo perjudicará a todos los niños, si no también complicará la vida de los maestros de primero y segundo años, pues son tareas muy diferentes las de aprestamiento a las de inicio de los aprendizajes específicos. Por ello hay en todo el mundo formación de maestros de preprimaria y de primaria y los sistemas escolares se subdividen claramente en esos términos.

Valga recordar a los que dirigen el Mineduc que actualmente eso sucede desde hace casi más de un siglo y no hay investigación confiable que lo cuestione, sino todo lo contrario, hay suficiente evidencia empírica que demuestra que los niños que pasan por la preescuela tienen mayores logros en sus aprendizajes que los que no lo hacen.

Si el gobierno patriota cerró las escuelas normales, y ahora es de grata recordación solo para aquellos que negocian casi que en exclusiva con la formación de maestros, el de FCN parece que desea pasar a la historia como el que, dejando de lado toda evidencia destruirá la preescuela pública y convertirá el primer año de primaria en simple amontonadero de niños, provocando aún más desastres en la educación de los guatemaltecos.

La disposición parece justificarse en que de esa manera se ampliará la cobertura, cuestión de suyo insostenible pues si bien en los próximos años podrán decir que aumentaron el número absoluto de niños atendidos, a nadie engañarán cuando tengan que hacer referencia a las tasas neta y bruta de cobertura. En esos casos, y que son los que efectivamente cuentan para medir la eficiencia de un gobierno, el rango de edad pasara de 7 a 12 años, como es ahora, de 6 a 12. Muchos más niños deberán ser considerados para el cálculo.

Para ampliar la cobertura no solo es necesario que efectivamente se implemente la preprimaria, construyendo aulas y contratando maestros especializados, con lo que muy probablemente muchos niños podrían iniciar su escolarización formal a los 6 años.

Es indispensable que el programa de transferencias condicionadas, ahora enterrado en fosa común como XX, se restablezca con inversión masiva de recursos y sin el clientelismo que FCN ya practica en todas sus acciones gubernamentales. Los trajes carnavalescos están buenos para llamar la atención y parecer graciosos, pero los niños del país exigen otra cosa, demandan mucha seriedad y responsabilidad gubernamental, pues su futuro depende de ello.

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