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¿Reformar o revolucionar?

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Por: Fernando A. Marín

La propuesta de reformas al sistema de justicia, contenida en la iniciativa de ley 5179, ha abierto el debate sobre la compatibilidad del sistema oficial y el sistema de jurisdicción indígena. Sin embargo, el proyecto dista de centrarse únicamente en esos aspectos.

El sistema de justicia, tal y como se encuentra actualmente, ha encontrado estancamiento. No sorprende ya a nadie que la justicia es demasiado lenta. Solo basta ver los procesos de alto impacto y cobertura mediática sobre los distintos temas de corrupción para evidenciar que la tan anhelada justicia que buscamos parece estar allá, lejos, en el ocaso.

Si esos procesos guardan tal lentitud, ¿qué sucede con aquellos que se ventilan en la oscuridad de la presión ciudadana? Los tribunales de justicia continúan saturados y los centros preventivos hacinados, sin que exista una percepción de cambio en un corto plazo. La necesidad de dar un nuevo aire al sistema de justicia, que parece haberse pervertido con la politización de nombramiento de los magistrados, exclama un cambio con inmediatez.

Parce ser que se ha perdido el debate de la reforma en su integralidad, limitándola al artículo 203 constitucional. No obstante, la intención de la propuesta es dotar al Organismo Judicial de herramientas para garantizar la independencia judicial. La reforma al artículo 205 de la Constitución Política de la República está encaminada a asegurar la independencia funcional y económica de este organismo, a promover la carrera profesional de personal de sistema de justicia, a través de la transparencia e igualdad, basando la selección del mismo en méritos de capacidad, idoneidad, honradez y especialización.

La importancia que guarda este artículo, es que se asegura que los jueces sean seleccionados en procesos transparentes, bajo criterios de capacidad, pero sobre todo asegura la especialización. Con ello se acaban los magistrados que llegan a aprender sobre alguna rama del Derecho en el ejercicio del cargo. Un sistema de justicia serio tiene jueces que dominen las áreas de conocimiento respecto de los asuntos que se ponen en sus manos.

De igual forma se fortalece el sistema de la carrera judicial, como eje principal para el ascenso y la forma de ingreso a la judicatura. Este sistema busca regular el ingreso, permanencia, promoción, ascenso, capacitación y disciplina de los funcionarios que imparten justicia, y es una herramienta clave para fortalecer la transparencia y la independencia.

Estos cambios significarían más que una reforma una revolución. Se cambiaría el paradigma y se dignificaría al juez y magistrado, que parece estar tan vulnerable en un sistema que condiciona a que el juez también se tenga que dedicar a la política como un requisito sine qua non, lo cual pone en riesgo la objetividad al juzgar. En tanto, con lo propuesto, deberían estar sujetos únicamente a evaluaciones objetivas de desempeño y capacidad; separándolos, en gran medida, de las presiones políticas que acarrea el sistema de nombramiento actual de magistrados.

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