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Antiinmigración viene de atrás

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Por: Rudolf Otto Rinze de León

Habiendo repasado la situación y razones relacionadas con la extinción de tipos de empleos en la industria manufacturera, los cuales décadas atrás proveían el sustento de numerosa población obrera en las potencias industriales, empezando por Estados Unidos de América, ahora nos enfocamos en los problemas de la actual emigración desde México y Centroamérica hacia aquel país y los factores concomitantes básicos: presión demográfica, desempleo y subempleo, además de condiciones indeseables de vida por delincuencia e inseguridad. Así, en cuanto al fenómeno de la emigración de los países pobres hacia los ricos, ya en 1982, el Coordinador de Asuntos para Refugiados del Departamento de Estado de los EE. UU., H. Eugene Douglas, comentaba que “es difícil anticipar cómo el derecho soberano de las naciones para controlar sus propias fronteras, será visto en el año 2000 como un derecho que siempre puede ser impuesto unilateralmente.

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“Una política exterior, inclusiva de medidas preventivas y profilácticas.”

El control de las fronteras, como el control de las economías, devendrá cada vez más, en un asunto de consulta (si no de confrontación) y negociación, entre las naciones.” Y esto se refería específicamente a México, como “la prueba del ácido” para la política exterior estadounidense, y agregaba que “Presiones en nuestras fronteras, desde el Caribe y Centroamérica particularmente México- hacen de cierto que en el futuro previsible, como nunca antes en el pasado, Estados Unidos tendrá que mantener una política exterior, inclusiva de medidas preventivas y profilácticas. Como uno de sus objetivos, la protección de nuestras fronteras en contra de la inmigración ilegal excesiva. Dentro de nuestra sociedad, las tensiones resultantes de la inmigración ilegal podrían alcanzar proporciones peligrosas.”

Estas citas las refería un autor que se enfocaba sobre asuntos de Centroamérica y México, al respecto de lo cual agregaba “Lo que está claro a partir de este breve resumen, es que la inmigración mexicana hacia Estados Unidos está una función, tanto de la presión de las condiciones en México como del atractivo de las condiciones en los EE. UU. La real amenaza a la estabilidad en los EE.UU., reside no tanto en la inmigración continuada que suministraría una reserva de nuevos laborantes…

Más bien, si recordamos el uso innovador y cínico de Fidel Castro, de los refugiados como un arma contra los Estados Unidos, en el éxodo de Mariel en 1980, ¿qué pasaría ante una versión inmensamente magnificada de ese hecho, a partir de México (incrementado lo mismo por el agregado de refugiados o inmigrantes centroamericanos en México)? Lo que tales escenarios pintan es un más directo y oscuro cuadro de una potencial Fortaleza América, como ha sido aducida en la literatura estratégica.  Exagerada o no, los escenarios dan salida a los esfuerzos de EE. UU. en contener los desarrollos desestabilizadores y sus fuerzas en nuestra puerta estratégica” (Mexican Inmigration: a Fortress America?, Sol Sanders, Strategic Review, Winter 1986). De lo anterior, no es difícil ver que las ideas antiinmigrantes de Trump no son tan suyas. Vienen de muy atrás…

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