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La visita de John Kelly

NUEVO

La nueva visita a Guatemala de John Kelly, ahora como secretario de Seguridad Interior del gobierno de Donald Trump, tiene mucha tela para cortar y deshilar. Tanto por lo que toca a los ajustes de la política exterior estadounidense bajo el nuevo gobierno republicano, como respecto de cómo Guatemala –presunto país soberano– encaja esos cambios.

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La primera y obligada observación se refiere a que sea un secretario a cargo de la seguridad interna estadounidense quien haga la primera visita oficial al país. Lo esperable, en condiciones normales, sería que el visitante fuera el secretario de Estado, a cargo de las relaciones exteriores. Pero no; es el titular del United States Department of Homeland Security (DHS).

Lo cual puede dar lugar a dos lecturas, no excluyentes: a) Que la situación en Guatemala (y en los otros dos países del triángulo norte) es “muy problemática” para la seguridad de EE.UU., o una b) de difícil digestión: Que allá, en el Norte, casi casi, se considera a Guatemala como una entidad dentro de EE. UU. Dicha de otro modo, esta lectura podría llevar al ejemplo extremo pero ilustrativo de una visita del ministro de Gobernación guatemalteco al todavía lejano Petén.

Susceptibilidades nacionalistas aparte, cualquier lectura de la visita de Kelly ha de basarse en que Guatemala, desde hace muchos años, se convirtió en un apéndice de EE.UU., en algo peor que un “Estado libre-asociado” (como Puerto Rico), sin derechos y obligaciones claras en la relación.

Para ilustrar la naturaleza y la dimensión de esa dependencia, baste citar estos datos: en 2016, las remesas familiares enviadas al país por los guatemaltecos residentes en el extranjero (básicamente en EE. UU.) equivalieron al 68.4 por ciento de los ingresos totales por exportaciones. Y si se considera sólo las exportaciones manufactureras, cuyo monto total fue de US$ 6 mil 601 millones, resultan superadas en 8.5 por ciento por las remesas, que el año pasado alcanzaron la cifra récord de US$ 7 mil 159.9 millones. Por eso son tan sensibles los asuntos migratorios en la agenda bilateral.

El problema es que Guatemala encara en condiciones de debilidad política e institucional extrema el tratamiento de esos y otros temas con el poderoso visitante. De todos modos, la cancha para la visita de Kelly quedó marcada desde finales de la semana anterior, cuando se introdujo a la cámara de Representantes del Legislativo estadounidense una propuesta bipartidista en “apoyo a los esfuerzos contra la corrupción en el Triángulo Norte de Centroamérica”.

El documento, suscrito por cinco congresistas republicanos y tres demócratas, llama a los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala a respetar la independencia judicial y la independencia de las fiscalías generales, y urge a los gobiernos de los dos últimos a cooperar con las comisiones internacionales contra la impunidad y corrupción. Quedan avisados, pues, quienes quieren mover las sillas a Thelma Aldana e Iván Velásquez.

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