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No tengo palabras para expresar mi preocupación, mi cólera, mi repudio e indignación, por esta escalada de violencia en la que tan solo en los días 10, 12 y 14 de febrero fueron asesinados una señora y su bebé de 2 meses, quedando a salvo una pequeña niña de tan solo 3 años  que se escondió en las gradas de una casa del vecindario, en la colonia Villalobos, zona 12,  en San Juan Sacatepéquez, aparecieron asesinados y encostalados  2 niños de 10 y 11 años de edad, quienes habían sido secuestrados, y 5 taxistas asesinados  el día de San Valentín.

Se ha perdido la paz, la tranquilidad, se ha perdido el derecho a la vida, basta ver los rostros de hombres, mujeres y jóvenes que se trasladan en los buses a sus lugares de trabajo y de estudio, rostros que denotan miedo, terror de que algo pueda suceder en esos transportes, violaciones, asaltos asesinatos, y saber que cuando regresan a sus hogares, la gran mayoría del tiempo, no pueden salir a las calles, están presos en sus propias casas y estas se convierten en refugios en los que permanecen de día y de noche, inclusive en sus días de descanso, sin poder salir porque el costo puede ser la muerte, es frustrante.

Estos son los hechos por lo que la población justifica tomar la justicia por mano propia, por eso es que creo que este fenómeno del cual ya he escrito, se va a ir multiplicando y replicando en el país, y la población se va a ir haciendo cargo de esos criminales y estoy casi seguro que no va a parar, tampoco lo justifico, pero ¿Qué salida puede tener la gente decente, la gente trabajadora, esa gente que se gasta todos los días la suela de los zapatos para poder comer ellos y su familia y encima de todo, ver cómo hacen para poder sobrevivir? Es muy difícil vivir en un país en donde la vida no vale nada, en donde cualquier criminal le arranca la vida a alguien de la familia, amigos o vecinos y el dilema para las personas que residen en estas áreas es “los criminales o uno”.

Es importante reabrir el debate de la pena de muerte y aplicarla, en una sociedad descompuesta, como en la que hoy vivimos, no existen muchas alternativas; si queremos detener un flagelo criminal que tiene de rodillas a la población y que no solamente asesina, sino que también   empobrece  con las extorsiones, la pena de muerte debería aplicarse y si algunos  no están de acuerdo con esta, pues habría que modificar la ley e imponer cadena perpetua  para que estos criminales no puedan salir bajo ninguna circunstancia y se mueran  en las cárceles, estos son los dos mecanismos legales por medio de los cuales las sociedades sacan de circulación a los criminales y limpian las calles.

Yo escucho algunos miembros de  organizaciones defender a estos criminales, decir que estos vienen de hogares disfuncionales, de padres alcohólicos o drogadictos, de nunca haber tenido oportunidades y es cierto, lo sé,  pero eso tampoco  les da el derecho de extorsionar, de matar a mujeres, hombres, jóvenes, niños, bebés, etcétera… Y por haber crecido en esas condiciones se pretende justificar esos hechos! yo creo que eso no es justificable,  las bandas criminales y las  maras son una industria criminal rentable, y  a estos criminales hay que tratarlos  como lo que son, asesinos sanguinarios.

¿En dónde queda  el derecho de las víctimas? Con el asesinato de la señora que les comenté al principio, queda una pequeña niña huérfana  ¿Quién se va a hacer cargo de su manutención, de su vivienda, de su educación, pero sobre todo, quién se va a hacer cargo de darle amor, ese amor que solo las madres pueden dar a sus hijos?  A esa niña no solo le rompieron el corazón, le quitaron al ser que más ha amado y la han dejado sola en la vida; ¿Quién va a compensar la pérdida de 2 hijos a sus padres? ¿Quién se va a ser cargo de los hogares de los taxistas asesinados? GUATEMALA NECESITA D E S U S M E J O R E S HOMBRES Y MUJERES PARA RESCATARLA.

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