Home > Columnas > Batería solar
anna-valdez

Hay días en donde el viento es frío y las nubes cubren el cielo… es el clima perfecto para disfrutar mis bufandas, gorras y abrigos. En días como esos me gusta ver el viento jugar con los árboles, y si se da el caso, dibujar el recorrido de las gotas de lluvia al caer. Días de frío, que lo que me inspiran es sentarme a leer o escribir, a pensar, recordar y sentir, a dejarme consentir por el aroma de un café o de viajar en los océanos de conversaciones mágicas conmigo misma o con la compañía de los amigos del alma. Hay días de sol, en donde los rayos dorados se cuelan entre las nubes blancas, bañando el alrededor con luz brillante.

Esos días parecen encender dentro de mí, una música en mi alma, alegre y bailable. Ambos días son hermosos y lo mejor de todo es cada uno se nos presentan con posibilidades infinitas. Pero al analizarme, me he dado cuenta que los días de sol me energizan, me llenan de ganas de hacer y lograr, de poner en acción los sueños, de mantenerme en movimiento, por lo que, he llegado a concluir que mi batería es solar. Pues es en los días soleados cuando siento que produzco más. Aun con el sopor que puede provocar el calor, mi cuerpo y mi espíritu parecieran estar más activos y atentos, dispuestos y contentos cuando hay sol.  Al percatarme de lo importante que es el calor en mi vida, me siento más que agradecida de poder vivir en este hermoso país, donde no solo es eterna la primavera, sino donde el sol no cesa de salir. En los últimos meses, cuando los nublados esconden la luz y el frío ahuyenta la calidez,  extraño la energía que genera el sol en mi vida. Por momentos me he encontrado deseando que el frío se termine ya.

Y ese pensamiento me ha puesto a reflexionar: “Y cuando lo tengo… ¿cómo disfruto realmente del sol? ¿Cómo permito que cargue mi batería? ¿Cómo aspiro su energía?” Y es que puede pasar que no estemos conscientes en realidad de qué cosa es lo que recarga nuestra batería y por ende no lo hagamos con frecuencia. Puede que a eso se deba a que haya días en que vayamos pasando por las horas, sin pena ni gloria, con más pesar que alegría. Puede ser que vayamos con la batería a punto de descargarse y que para mantenernos a flote subsistiendo, nuestro cuerpo apague la energía de la ilusión, el entusiasmo o incluso del buen humor. La siguiente reflexión que llegó fue…

“Entonces, ¿necesito solo días de luz y calor?” Definitivamente no, la naturaleza en su sabiduría, sabe que no puede darnos sólo un extremo de cada situación, pues es la gama de experiencias lo que nos enriquece. Sí, necesito de luz y sol, y debo estar consciente de ello para poder buscar esos momentos, dónde pueda disfrutar del sol bañándome lento, inundándome de luz por dentro. Pero no podría vivir todo el tiempo con la batería al 100%, necesito también de momentos de calma, de días nublados en donde pueda descansar el alma. Días tranquilos que me sirvan para respirar, dejar entrar nuevas ilusiones y liberar aquello que ya no da más. Sí… hay días de sol, hay días de lluvia, y mi batería solar necesita de los dos. ¿Cómo recargas tu batería interior?.

.
.

Leave a Reply