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Código de Trabajo cumple 70 años en Guatemala

170213 Pymes EFE

Un 8 de febrero, la Junta Revolucionaria terminó de redactar el Decreto 330, cuyo fin primordial regularía de forma directa las relaciones entre patronos y trabajadores. El Decreto Legislativo 330, Código de Trabajo, fue emitido por el Congreso de la República durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo, el 8 de febrero de 1947, publicado el día 20 del mismo mes y cobró vigencia el 1º de mayo de ese mismo año, en conmemoración del Día Internacional del Trabajo. Nadie que trabajaba cuando fue puesto en vigencia, trabaja al día de hoy, y pese a ello, el Código de Trabajo encadena y esclaviza a empresas y trabajadores, por prestaciones laborales que se cobran solo en caso de despidos. El mal trabajador es premiado con un despido con prestaciones, y el bueno, castigado con un puesto que no mejora y tampoco le paga por productividad o eficiencia. Un industrial, que fue una vez presidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, estimó en 2015 que, los costos colaterales asociados a cada plaza de trabajo, rondaban alrededor de 166- 188% de lo que recibía cada empleado cada año.

EXPORTAMOS GENTE

Guatemala exporta guatemaltecos que emigran y consiguen empleos poco dignos, informales, a un tercio o la mitad de lo que un trabajador local cobraría, sin seguridad social, ni prestaciones laborales, y aún así, emigran. Es más, a muchos hasta les alcanza para enviar remesas a sus familiares y seres queridos. Estamos haciéndolo todo mal, ¿verdad? Mientras tanto, aquí en Guatemala, burócratas y funcionarios públicos, que nunca han creado una plaza de trabajo formal en sus vidas (ni para ellos mismos), anuncian que quieren generar un millón de nuevos puestos de trabajo formales y dignos, que bien remunerados, con todas sus prestaciones, y pago de impuestos y trámites que instituciones públicas, autónomas, semiautónomas y municipales, crean e imponen, porque sí. Algunos de esos funcionarios públicos ya llevan un año y un mes en sus cargos, otros toda una vida en el sector público, y le indicaron a los medios, que el millón de empleos los crearían en ocho años. Este año que se les fue, y se les fue enero 2017 también, no hicieron nada y eso que el plan data de 2014, y el plan de antes de eso 2010, y antes de ese 2007, y antes, antes, 2003, y anterior a todos eran las Metas del Milenio que tampoco lograron.

Trabajo

BACK TO THE FUTURE

Regresando al primer mundo, ya existe la discusión seria, sobre la muerte del trabajo, por exceso de población global, procesos de automatización y un estancamiento económico mundial sin parangón. Una publicación de la agencia de noticias de Tiempos de Rusia–, en español, RT, del periodista David Romero, indicó que ya una gran mayoría de la población mundial va a tener que prepararse para un mundo sin puestos de trabajo o empleos en empresas. ¿Regresará el mundo tencia? ¿Es la hibernación posible para una gran mayoría de los seres humanos vivos hoy? ¿Estás listo para vivir sin trabajar? Más vale que lo estés En un futuro nada lejano, habrá muchas más personas que puestos de trabajo disponibles. ¿Qué hará la sociedad con esa situación? ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar? A principios de esta década, una encuesta realizada por Gallup se convertía en una preocupante fotografía mundial que retrataba la infelicidad de los seres humanos con respecto al trabajo: solo el 13% se sentía bien en su empleo. Es evidente que, a gran escala, algo falla profundamente. ¿Es que el 87% de todos los trabajos del mundo son indeseables… o es que a los seres humanos, realmente, no nos hace felices trabajar? El controvertido novelista francés Michel Houellebecq decía en una de sus últimas novelas (El mapa y el Territorio) que “el hombre occidental se define hoy por el lugar que ocupa en la cadena de producción”.

Es una aseveración que lleva implícita una dura crítica a la mentalidad social que ha creado el capitalismo, obsesionado con la capacidad productiva hasta tal punto que ha generado su propia escala de valores humanos,según la cual las nociones de éxito profesional, valía personal y felicidad guardan una relación muy estrecha… ¿pero, hay de verdad relación entre estas cosas? ¿Podemos imaginar una vida sin trabajo? “Para nosotros, los estadounidenses, el trabajo lo es todo (…). También creemos que el mercado laboral, donde encontramos el trabajo, ha sido relativamente eficiente en lo que a asignar oportunidades y salarios se refiere. Y también nos hemos creído, hasta cuando es una mierda, que trabajar da sentido, propósito y estructura a nuestras vidas (…). Estas creencias ya no están justificadas. De hecho, ahora son ridículas, porque ya no hay bastantes trabajos disponibles y porque los que quedan ya no sirven para pagar las facturas”, escribe el profesor de Historia James Livingstone, en un interesante artículo que lleva por título, precisamente, “Al (diablo) con el trabajo”.

El autor preconiza un futuro incierto en el que la sociedad deberá reorganizarse y satisfacer las necesidades de las personas con medios diferentes a los actuales salarios por empleo (nuevas formas de recaudación fiscal, nuevos sistemas de subsidios…), de manera que en ese nuevo orden las personas que no consigan trabajo, que serán muchísimas, puedan vivir. Livingstone invita a sus lectores, en un momento en el que el mercado laboral occidental afronta esa profunda crisis (altas cifras de desempleo, salarios insuficientes, informatización de la tecnología, desaparición de puestos de trabajo tradicionales…) a darse cuenta de que lo que está ocurriendo a nivel mundial no es solo una crisis económica, sino un verdadero impasse espiritual: no va a haber trabajo para todos, así que el trabajo ya no va a ser el centro de nuestras vidas. Puntualiza Livingstone que, “Los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años. ”Agrega Livingstone que, “Por ejemplo, los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes, incluidos los que conllevan “tareas cognitivas no rutinarias” (pensar, básicamente) están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años.Trabajo

Estos argumentos no hacen más que profundizar en las con clusiones a las que llegaron dos economistas del MIT en su libro Race Against the Machine (La carrera contra las máquinas), 2011. Mientras tanto, los tipos de Silicon Valley que dan charlas TED han comenzado a hablar de “excedentes humanos” como resultado del mismo proceso: la producción cibernética. Rise of the Robots (El alzamiento de los robots), 2016, un nuevo libro que cita estas mismas fuentes, es un libro de ciencias sociales, no de ciencia ficción.” Livingstone cree que la crisis aún no acaba, insistiendo que “Así que nuestra gran crisis económica (no te engañes, no ha acabado todavía) es una crisis de valores tanto como una catástrofe económica. También se la puede llamar impasse espiritual, ya que hace que nos preguntemos qué otra estructura social que no sea el trabajo nos permitirá imprimir carácter, si es que el carácter en sí es algo a lo que debemos aspirar.

Aunque ese es el motivo de que sea también una oportunidad intelectual: porque nos obliga a imaginar un mundo en el que trabajar no sea lo que forja nuestro carácter, determina nuestros sueldos o domina nuestras vidas.” ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar? Livingstone también ve en ello una “oportunidad intelectual: porque nos obliga a imaginar un mundo en el que trabajar no sea lo que forja nuestro carácter, determina nuestros sueldos o domina nuestras vidas”, y además hace que nos preguntemos: ¿qué hay después del trabajo? ¿Qué harías si el trabajo no fuera esa disciplina externa que organiza tu vida cuando estás despierto, en forma de imperativo social que hace que te levantes por las mañanas y te encamines a la fábrica, la oficina, la tienda, el almacén, el restaurante, o adonde sea que trabajes y, sin importar cuánto lo odies, hace que sigas regresando? ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar para obtener un salario?” Estas preguntas pueden sonar utópicas o fantasiosas, pero el fracaso del mercado laboral a la hora de satisfacer las necesidades de una población enorme y creciente podría ponernos a las puertas de un profundo cambio social y económico en el que ésas mismas preguntas requiriesen una respuesta inmediata. La mentalidad occidental, en la que aún permanecen las bases morales implantadas por la ética protestante del trabajo, tendrá que abrirse a importantes cambios que permitan, por ejemplo, entender que alguien pueda recibir lo necesario para vivir sin contribuir a cambio con su trabajo y, en un nivel más psicológico, generar una escala de valores en las que el estatus de una persona o la percepción de su valía no tenga nada que ver con el empleo al que se dedica. ¿Está occidente preparado para un cambio de esas dimensiones?

LA VERDADERA LIBERTAD

El filósofo y especialista en arte Boris Groys decía, en relación al capitalismo, al consumo compulsivo y al trabajo, que “hay una idea falsa en Occidente y es que la vida está llena de deseos. Pero si de verdad a alguien lo liberas de sus obligaciones, se va a dormir”. Y concluía afirmando que “la verdadera libertad es no trabajar”. Es posible que la propia extenuación de un sistema obsesionado por la productividad acabe excluyendo a muchísimas personas que de repente, de manera imperativa, se vean forzadas a experimentar esa “verdadera libertad”. Sin duda el ser humano se enfrenta a un interesante reto en un futuro cercano.En cualquier caso, y volviendo al dato inicial: en un mundo en el que el 87% de las personas declaran no sentirse felices en su empleo ni comprometidos con su trabajo, si se lograra una transformación socioeconómica que realmente permitiera la subsistencia mediante otros medios que no implicaran tener que ir a trabajar… ¿Cuál sería el impacto de algo así en términos de felicidad?.

Foto: Archivo EFE

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