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El prófugo español y el silencio hispano

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GuilleHace ya 10 meses que el MP, con el apoyo de la CICIG, denunció a los implicados en la concesión ilegal y corrupta de la Terminal de Contenedores Quetzal (TCQ). Como se recordará, ese fue el primero y casí único proyecto de gran envergadura del gobierno patriota. Puesto en marcha en agosto de 2012, desde su anuncio fue cuestionado el procedimiento utilizado para concederlo a la empresa española. Si la portuaria era rentable y funcional, por qué hacer una concesión onerosa que vendría a debilitarla, y si tanto era el empeño por afectar la empresa pública, por qué no realizar una licitación internacional donde el país obtuviera beneficios permanentes y seguros, eran algunas de las preguntas que el gobierno de Pérez Molina no quiso nunca responder.  El complot contra el país era evidente, y lo auspiciaban y dirigían los miembros del grupo patriota.

La prepotencia gubernamental de entonces, como la mostrada ahora en temas similares, hacía temer ya desde entonces que todo era un negocio particular de los gobernantes, que en lugar de concentrarse en resolver los problemas del país se dedicaban al enriquecimiento ilícito. Cuatro años después aquello que denunciamos en este espacio lamentablemente quedaba demostrado con las detenciones y denuncias del Ministerio Público y la CICIG.

“En el caso TCQ hay un implicado poderoso que, para su dicha y felicidad, goza no solo de la protección en Guatemala sino en su país”

Las voces que aplaudieron la rapidez del negocio en nombre del libre mercado han optado por el silencio vergonzoso, y quienes deberían apoyar en la persecución de los implicados  hacen como que no es con ellos. Los medios de comunicación simplemente han silenciado sus referencias a los corruptores, centrando su agenda noticiosa en los corruptos ya consignados a los tribunales. Las audiencias para dilucidar el grado de responsabilidad de los implicados llena los salones de la Torre de Tribunales de periodistas y curiosos, pero los prófugos gozan de cómplice silencio.

En el caso TCQ hay un implicado poderoso que, para su dicha y felicidad, goza no solo de la protección en Guatemala sino en su país de origen, España. Este caso tiene otro “ángel”, el señor Ángel Pérez-Maura García. Un simple recorrido minucioso por los medios periodísticos españoles nos muestra que durante años ha sido un activo miembro de la élite empresarial y política de ese país pero, curiosamente, aparte de eldiario.se ningún otro se ha dignado informar a los españoles sobre la persecución que pesa sobre uno de sus magnates. Y aún este medio electrónico apenas lo hizo un par de veces. Pérez-Maura García goza de infinita impunidad en su país, a pesar que posiblemente no solo en Guatemala corrompió gobiernos para intentar monopolizar el manejo de carga portuaria.

Es evidente que en España, de ser publicitado el caso Pérez-Maura crearía mucho más desasosiego, pues ahí  los casos de corrupción saltan día con día y los implicados tienen mil argucias para ganar impunidad. El gobierno del Partido Popular, de siglas y prácticas autoritarias como el Patriota guatemalteco, tiene a muchos de sus altos cuadros salpicados de corrupción, al grado que quien fuera vicepresidente de Aznar y luego director general del Fondo Monetario Internacional está siendo acusado de fraudes fiscales millonarios. Pero allá no pasa nada. Los gobernantes siguen mirando para otro lado y  entre trampa por aquí, argucia jurídica por allá, los corruptos gozan de sus bienes ilícitos y los prófugos como Pérez-Maura de total impunidad.

Si en Guatemala los persecutores de corruptores y corruptos están aislados en su labor, cuando de perseguir a delincuentes internacionales se trata lo están aún más. Suena a hipocrecía y prepotencia eurocentrista que un país diga apoyar el combate a la corrupción donando algunos fondos para la CICIG y MP, pero deje a los criminales corruptores recorrer sus calles con desparpajo y desvergüenza. Suena también a hipocresía y complicidad que las autoridades guatemaltecas responsables de las relaciones exteriores se crucen de brazos y no hagan absolutamente nada para que la captura del delincuente se produzca. Las élites españolas pueden proteger y mantener en la impunidad a sus corruptos, pero deben asumir con seriedad sus compromisos internacionales, lo que implica entregar a la justicia guatemalteca a Ángel Pérez-Maura.

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