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Crisis agrícola afecta a Estados Unidos

Crisis agrícola

El cinturón agrícola de Estados Unidos se encamina a marcar un nuevo hito: pronto habrá menos de dos millones de haciendas en el país por primera vez desde que los pioneros colonizaron el oeste tras la compra de Luisiana. Un declive de varios años en los precios del maíz, el trigo y otras materias primas agrícolas como consecuencia de un exceso mundial de granos ha obligado a muchos agricultores a endeudarse. Algunos están abandonando la actividad, generando temores de que se produzca la mayor ola de cierres de haciendas desde los años 80.

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La participación estadounidense en el mercado global de granos es menos de la mitad que el nivel que tenía en los años 70. El Departamento de Agricultura proyecta que una caída de 9% en los ingresos de los agricultores del país en 2017, el cuarto declive anual consecutivo en lo que constituye el mayor bajón del sector desde la Gran Depresión de los años 30. “Uno ahorra en esto y lo otro y de repente ya no queda de dónde ahorrar”, cuenta Craig Scott, un agricultor de quinta generación de esta localidad de Kansas.

Los costos de las semillas, el fertilizante y el equipamiento han subido tanto y los precios de los granos han bajado tanto que de todas maneras perdió más de $300 por hectárea. Ante el temor de una nueva pérdida, Scott optó por no plantar cerca de 70 hectáreas de trigo de invierno, o casi un tercio de la superficie habitual. No es un caso aislado. Los agricultores estadounidenses plantaron en esta temporada la menor área de trigo de invierno en más de un siglo. “Ya nadie solo cultiva granos”, lamenta Deb Stout, cuyos hijos Mason y Spencer se dedican a la hacienda de la familia, de unas 800 hectáreas, en Sterling, Kansas, a unos 190 kilómetros de Ransom. Spencer también trabaja como mecánico mientras que Mason es un cartero sustituto. “Contar con un empleo adicional parece ser la única forma de lograrlo”, dice Deb.

La agricultura siempre ha sido un negocio marcado por los ciclos de auge y caída. Hoy, los vaivenes son más pronunciados y menos predecibles gracias a la internacionalización de la economía agrícola, donde más países exportan alimentos y nutren a sus respectivas poblaciones. La participación de los agricultores estadounidenses en el comercio mundial de granos ha caído de 65% a mediados de los años 70 a 30% en la actualidad, disminuyendo su influencia sobre los precios. La presencia de más productores y compradores en todo el mundo también significa que el mercado es más susceptible a interrupciones como el clima, la hambruna o una crisis política.

Hace algunos años, la variación de los precios del maíz entre un año y otro no superaba $1 por bushel. Desde 2006 en adelante, sin embargo, han subido y bajado más de $4 por bushel. Hace una década, el auge del biocombustible en EE. UU. y de la clase media de China elevó los precios de cultivos como el maíz y la soya. Muchos agricultores de EE.UU. gastaron las ganancias de la época de vacas gordas comprando tierras y maquinaria de medio millón de dólares. El auge también incentivó un alza de la producción en otros países. Los agricultores de todo el mundo cultivaron unas 73 millones de nuevas hectáreas en los últimos 10 años. Los menores costos de producción, la cercanía a los mercados de crecimiento más acelerado y una mejora de la infraestructura les otorgó una ventaja a los agricultores de otros países.

Las exportaciones de trigo de EE. UU. durante la última temporada fueron las más bajas en casi medio siglo, aunque el gobierno proyecta un alza este año. Basse sostiene que dentro de cinco años exportar trigo no será económicamente viable para los agricultores estadounidenses. Los economistas no prevén que el actual bajón alcance la severidad de la crisis de los años 80, cuando los precios de los granos se derrumbaron después de un alza de una década que llevó a los agricultores a expandirse, acumulando deuda. Los valores de las tierras agrícolas se desplomaron y las tasas de interés se dispararon. Muchos agricultores y bancos terminaron en la quiebra. Se espera que ahora, sin embargo, los precios de las tierras se mantengan más estables. Los ingresos de los agricultores alcanzaron niveles récord en 2013, dejando a una buena cantidad con mucho efectivo en sus bolsillos. Las tasas de interés siguen en mínimos históricos. Aunque se prevé que la relación deuda-activos de los agricultores suba en 2017 por quinto año consecutivo, sigue cerca de mínimos históricos.

Los costos de insumos como el fertilizante han descendido y los economistas proyectan una mayor presión sobre los precios de las semillas y las tarifas de alquiler de tierra. La situación podría mejorar si el mal clima reduce las cosechas, lo que estimularía la demanda del suministro excedente de EE. UU. Además, pocas comunidades rurales dependen hoy de la agricultura para su sustento económico, lo que las protege del mal momento que atraviesa el sector. Para algunos, se trata de una oportunidad. Los agricultores con poca deuda y suficiente escala para aprovechar las cosechas récord del año pasado podrían estar en condición de alquilar o comprar los terrenos de sus vecinos más atribulados.

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