El Siglo

Consejos de salud pública para un gobernante

Doctor: Elmer Huerta

En una rara ocurrencia, el doctor Michael Klag, decano de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad de Johns Hopkins, escribe la semana pasada una opinión editorial en el diario The Baltimore Sun. El artículo está dirigido al presidente de EE. UU. Donald Trump y en ella le enfatiza 10 principios de salud pública que deben ser aplicados en su gobierno y lo hace expresando la preocupación de la comunidad académica sobre la preparación científica de Trump. Pensando que esos 10 preceptos de salud pública son aplicables a todo gobernante, desde alcaldes, congresistas y presidentes de una nación, los revisaremos en su totalidad.

La salud de las sociedades es responsabilidad tanto de los líderes políticos como de los individuos. Este es un precepto fundamental de salud pública. ¿De qué vale que una persona quiera hacerse un chequeo contra el cáncer, si su seguro médico no paga por esos servicios? ¿De qué sirve que una madre quiera cuidar la salud de sus hijos si en la escuela se permite la venta de comida chatarra? Si bien es cierto que los individuos deben tomar decisiones saludables para el cuidado y mantenimiento de su salud, los gobernantes deben proporcionar leyes, favorecer la investigación y desarrollar la infraestructura del sistema de atención de salud.

Las desigualdades son ponzoñosas y provocan resentimiento, malestar y malos resultados en salud. Siendo la pobreza un poderoso factor de riesgo para el desarrollo de las enfermedades, luchar contra la pobreza es fundamental para unir al país desde el punto de vista moral y político. La lucha contra la desnutrición y anemia infantiles -que afectan desproporcionadamente a los más pobres- son un ejemplo palpable. La salud del medioambiente y las desigualdades económicas están entrelazadas. Un medio ambiente saludable -sin basura en las calles, con sistemas de alcantarillado y baños públicos limpios con agua corriente, jabón y papel- son esenciales para evitar enfermedades. La minería ilegal y la incapacidad de controlar la capacidad contaminante del parque automotor, son ejemplos de actividades humanas contaminantes del medioambiente. Lamentablemente, las comunidades más pobres son las más afectadas por la contaminación ambiental.

El acceso a servicios de salud de calidad es un derecho humano, brindar cobertura de acceso a la salud para todos sus ciudadanos debe ser un objetivo fundamental en toda administración pública. Esos servicios no solo deben estar centrados en el aspecto reparativo de la salud, sino deben hacer fuerte énfasis en el aspecto preventivo de las enfermedades. Debido a que tener acceso al sistema es necesario, pero no suficiente para un adecuado mantenimiento de la salud, los programas educativos de salud pública son fundamentales para lograr la colaboración de los ciudadanos.

Determinar los costos de atención médica de un país y administrarlos adecuadamente. Es importante que el presupuesto de los sistemas públicos de salud sea lo suficiente como para cubrir sus prioridades, pero debido a que los costos de atención de la salud no son infinitos, estos deben ser administrados adecuadamente, combatiendo a toda costa la corrupción. Determinar la eficiencia de un sistema de salud y corregirlo si fuera necesario, cuantos más pagadores tiene un sistema de salud, menos eficiente es ese sistema. Sistemas públicos de salud, que duplican servicios y fomentan desigualdades, son por definición ineficientes.

La violencia es un problema de salud pública. Políticas públicas que aumenten desigualdades o que no tomen en cuenta los derechos de las poblaciones locales, aumentan la posibilidad de que la violencia sea usada como instrumento de protesta. Un enfoque represivo de la inseguridad ciudadana, en oposición a un enfoque preventivo, no hace sino aumentar la violencia en la sociedad. Las vacunas salvan vidas, ahorran dinero y no causan autismo. Solo en EE.UU., entre 1994 y el 2013 las vacunas evitaron más de 700 mil muertes tempranas. Lamentablemente, el movimiento anti vacuna -basado no en ciencia sino en creencia- está convenciendo a inocentes padres de familia que las vacunas pueden causar autismo o causar otros problemas

Simplemente, eso es falso y está haciendo mucho daño. La salud global impacta sobre la salud de nuestro país, la epidemia del HIV/SIDA y los sustos del Ébola, Zika y SARS, nos han demostrado que el mundo es una aldea, y que a través de un avión, una persona puede llevar en menos de 24 horas un letal virus o bacteria de un país a otro. Cada región, grande o pequeña, debe estar interconectada en asuntos de salud pública. El cambio climático es una realidad y debe abordarse, el consenso científico es claro y la evidencia es palpable, el cambio climático está entre nosotros y la actividad humana ha contribuido a su desarrollo. El derretimiento de los glaciares -veamos a nuestro Pastoruri- y el aumento en el nivel de los océanos son realidades innegables. El efecto del cambio climático sobre la salud es enorme y es causado por la mayor distribución de insectos causantes de enfermedades, pérdida de cosechas y aumento del hambre mundial.

El doctor Klag termina su editorial recordándole al Sr. Trump que esos preceptos de salud pública están basados en sólidas evidencias ganadas a través de decenas de años de investigación biomédica y que en vez de dejarlas de lado, la sociedad debe construir sobre ellas. Por último, recuerda que -y este es un concepto aplicable en cualquier país del mundo- que las enfermedades no respetan afiliación política, grupo étnico, raza ni religión y que el buen gobernante debe trabajar para el mejoramiento de la salud de todos los pobladores. El doctor Elmer Huerta es director del Preventorio del Instituto de Cáncer del MedStar Washington Hospital Center en Washington, DC.

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