Home > Columnas > ¿Quién roba su paz?
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Por: Claudia Massis

De seguro que ya pasaron por su mente algunos nombres de personas desagradables que, con sólo pensar en ellas, el estómago se le revuelve. Tranquilo, porque ese tesoro, que es la serenidad, no debería escaparse fácilmente de nuestra jornada diaria. Pero antes de armarse con las herramientas para ser fuerte emocionalmente y evitar alteraciones, tenga en cuenta que en todo ámbito siempre existirán seres complicados, desconfiados, peleoneros y grotescos.

Así que ya sabidos que estos personajes son parte del paisaje, será más factible saber cómo no engancharse con ellos, porque al fin y al cabo cada uno lleva a cuestas sus propias tormentas. De inicio debemos procurar aceptarnos y amarnos de verdad. Aunque a simple vista este comportamiento nada tenga que ver con los otros, es la base para saber que no somos superiores a nadie, pero tampoco estamos por debajo de ninguno.

Ya con una autoestima equilibrada estamos preparados para poner límites y decir “basta; no me agrada esto; agradeceré un trato diferente”. Los comentarios de otrosno tendrán la mayor importancia, quizá los escucharemos y hasta seremos testigos de sus crisis y neurosis, pero pasarán de largo sin afectarnos.

Otro regalo que obtenemos con esto es pensar que la conducta de terceros responde a las vivencias de su niñez y ambiente, por lo que nadie da lo que no tiene. Así las cosas, no se tornan personales, responden a lo que se viene arrastrando. Mahatma Gandhi, el pensador y líder indio, bien lo ejemplificó al decir: “La persona que no está en paz consigo misma, será un ser en guerra con el mundo entero”.

Esto nos demuestra que la anhelada paz debe anidarse primero en nosotros y hacerla propia. Ya con nuestra casa abastecida, la necesidad de buscarla afuera se desvanecerá, porque internamente ya hemos logrado ese nivel espiritual capaz de derribar un muro. Pero existen otros ladrones de la tranquilidad, como la ansiedad, tristeza, preocupación, que hacen de las suyas dominándonos la mente, hasta hacernos creer que no valemos.

Estos también desaparecerán al estar nutridos con buena energía. Así que a partir de ahora usted decide si la conducta de alguien más le arruinará su día, o bien repetirá la frase: “Que nada perturbe mi paz, a menos que yo lo permita”.

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