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Ante las locuras fascistas de Trump

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Por: Ricardo Barrientos

Las esperanzas porque Trump actúe con sensatez y que prevalezca la fortaleza institucional de los EE. UU., están desvaneciéndose. Conforme Trump continúe moviendo su país hacia un régimen fascista, las esperanzas porque la institucionalidad democrática de los EE. UU., basada en un equilibrio estable de pesos y contrapesos, están demostrando ser una falacia amarga. Los paralelismos entre los EE. UU. de Trump y la Alemania Nazi de Hitler cada vez son más intimidantes. Las órdenes ejecutivas recientemente firmadas por Trump rayan abiertamente en el fascismo puro y duro, agresivo, racista, xenófobo, nacionalista fanático y populista. Trump prometió deportaciones millonarias, a lo que muchos reaccionaron con incredulidad. Pero por algo está allí la historia, y si la Alemania de la década de 1930 pudo hacerlo, incluyendo el Holocausto, definitivamente con menos recursos de los que hoy tienen los EE. UU., deberíamos considerarlo un riesgo muy real.

Las esperanzas cada vez son más precarias. Por ejemplo, algunos esperan que el nombramiento de John Kelly a cargo del Departamento de la Homeland Security, es un motivo de esperanza. Esto porque cuando este exmilitar estadounidense estuvo a cargo del Comando Sur, conoció las realidades de la región, y que además ha expresado opiniones que ponen en duda medidas como la del muro en la frontera sur, y por ello, puede prevenir que Trump implemente locuras. Pero, como me dijo un amigo estadounidense, semejante esquema es más motivo de preocupación porque “antes exigíamos que los militares se supeditaran al poder civil, pero con Trump, la esperanza es que los civiles sigan las indicaciones de un militar como Kelly”… ¡Vaya esperanza!

En todo caso, en la región debiésemos estar tomando medidas de impacto inmediato y reformas estructurales para prepararnos lo mejor posible en caso ocurra lo peor. Sin embargo, esta necesidad urgente contrasta con las estupideces que está profiriendo Melanie Müller, a la sazón flamante nueva Secretaria de la Conamigua. En lo personal, desde ya denuncio y rechazo el nombramiento de Müller para la que es ya una posición de la más alta importancia y responsabilidad.

En lo estructural, las cifras muestran que el modelo económico prevaleciente de privilegiar las exportaciones y la inversión extranjera directa no funcionó, no está funcionando, y ciertamente no es lo más adecuado para enfrentar las políticas fascistas de Trump. De hecho este modelo demostró favorecer la marginación y exclusión socioeconómicas, al punto que son quienes fueron expulsados, las hermanas y hermanos migrantes, los que desde hace ya muchos años sostienen el sector externo de las economías de los países del Triángulo Norte Centroamericano.

Por esto, el Icefi hizo un llamado para cambiar este modelo económico, promoviendo diálogos democráticos que reflexionen sobre esta realidad, con el objetivo de impulsar pactos sociales y fiscales que aumenten la integración centroamericana, al tiempo en que se ponen en marcha sistemas económicos y fiscales más democráticos y comprometidos con el desarrollo, el crecimiento económico endógeno y el bienestar social. Creo que los riesgos son de la mayor gravedad. Esta situación reduce drásticamente el margen para errores. En lo estructural, tenemos décadas de atraso, y en lo inmediato la flamante nueva Secretaria de la Conamigua demuestra lo que los nombramientos y decisiones clave están más al servicio de la vieja política que de la sensatez y la responsabilidad. Con temor y preocupación, solo espero que la tragedia que se avecina no alcance la magnitud de la que el fascismo causó hace 85 años.

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