El Siglo

Genio y figura

Sufriendo, con nervios, agotamiento y muchos errores (hasta 50 no forzados) pero un saber estar y una clase infinita, Roger Federer se ha clasificado para la final del Abierto de Australia. Para conseguirlo ha tenido que derribar a su compatriota Stan Wawrinka en un partido épico, no por su duración (apenas 3 horas), sino por su intensidad y su calidad.

El Genio de Basilea necesitó cinco sets (7-5, 6-3, 1-6, 4-6 y 6-3) para superar al número 4 del mundo, natural de Lausana, que le presionó hasta el límite y a punto estuvo de remontar el 2-0 con el que se había escapado inicialmente su rival, amigo y maestro. Así ha puesto el 50% para la final soñada contra Rafa Nadal, que para hacerla realidad tendrá que superar al búlgaro Grigori Dimitrov, apodado Baby Federer.

El suizo y el español, que acumulan 31 Grand Slam entre ambos, son protagonistas de una de las rivalidades más importantes de la historia del tenis. Se midieron en 34 ocasiones y ocho de esos duelos fueron en la final de un Grand Slam. Desde el 17º puesto del ránking (ya es 14º virtulamente), el mejor jugador de la historia para muchos disputará su 28ª final de un Gran Slam (alarga su récord), en busca de extender también el mejor registro de títulos en grandes torneos de la Era Open (18).

Casi nada. Hace 7 años que no pasaba de las semifinales en Melbourne (ante Tsonga en 2010) y había perdido 5 desde entonces. A sus 35 años, Federer suma algunos registros de prestigio: es el más mayor en alcanzar una final de Grand Slam desde Ken Rosewall (39 años y 310 en el US open de 1974); e iguala a Novak Djokovic en el liderato de presencias en el último partido del Abierto de Australia (6).

Frase

Federer: “Hace unos meses, Nadal y yo estábamos para jugar partidos de caridad”.

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