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Sin perdón no hay reconciliación

las pocas semanas del aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, se me ha ocurrido escribir algo que, en mi opinión, es fundamental para que la Paz verdaderamente se logre. Y, según yo, esta será posible si y solo si cada uno de nosotros obtiene la paz interior que proviene de nuestro propio corazón y no de “papeles” firmados con pompa. Creo que la Paz es fruto del perdón y es por ello que el título de esta columna es “sin perdón no hay reconciliación”. Cuando ayer, ya casi había terminado de escribir este artículo, llegó a mis manos algo que escribió el Papa Francisco bajo el título: Familia, lugar de perdón. Al leerlo simplemente dejé por un lado lo que había escrito y decidí transcribir lo que el Papa escribió:

No existe familia perfecta, no tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas unos de otros. Decepcionamos los unos a otros. Por eso, no hay matrimonio saludable o familia saludable sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y supervivencia espiritual. Sin el perdón la familia se vuelve un espacio de conflictos y un cúmulo de amarguras. Sin perdón la familia se enferma… El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La amargura es un veneno que intoxica y mata. Guardar amargura en el corazón, es un gesto autodestructivo. Quien no perdona padece física, emocional y espiritualmente. Es por eso que la familia necesita ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de cura y no de enfermedad; palco de perdón y no de culpa…

“El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón .”

El perdón trae alegría donde la amargura produjo tristeza y cura, donde la amargura causó enfermedad. El ataque que las Familias estamos sufriendo es tan grande que debemos comenzar a trabajar para superar todos los obstáculos y, tal como leemos en el mensaje del Papa Francisco, el del perdón, comenzando por el perdón en nuestras propias familias, es crucial, elemental y casi el origen para sanar nuestros corazones. Por medio de la experiencia de trabajo con Familias Empresarias y Empresas Familiares, me doy cuenta de la veracidad del contenido del mensaje del Papa Francisco… más aún, encuentro que la mayoría de problemas se deben a malas interpretaciones porque lo que uno expresa puede quedar muy claro para el transmisor pero no es entendido de igual manera por el receptor… la palabra “perdón”, y por supuesto, las acciones relacionadas con dicha palabra son, sin embargo, siempre bien entendidas y, más aún, agradecidas.

Los conflictos no desaparecen por sí mismos, los conflictos deben tratarse a través de la tenencia de diálogos frecuentes, sinceros, honestos y serenos… si los conflictos no se tratan los mismos siguen creciendo hasta límites inimaginables… La soberbia, que por cierto constituye el pecado original, debe erradicarse de nuestro ser… el “seréis como dioses” (la soberbia) debe ser vencida por la humildad que, por cierto, no es sinónimo de pusilanimidad. Como decía Albert Einstein, el problema del mundo no es la ignorancia sino que nosotros consideramos que lo sabemos todo… por favor, aprendamos a pedir disculpas (perdón) por todas aquellas acciones que no conduzcan a elevar la dignidad de las personas con quienes tratamos: comencemos por practicar esto en familia.

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