El Siglo

El duelo

Siempre he pensado, que el honor, cada vez más venido a menos, es quizá la posesión más valiosa de los seres humanos, después de la vida. Tanto es así que no pocas vidas se sacrificaron en el altar de la defensa del honor personal, frente a la calumnia, injuria o la difamación. El honor de las naciones sería el equivalente a la Soberanía en consecuencia y es en defensa de ese principio que se han provocado tantas guerras y millones de muertes en protección de ese concepto universal. Desde luego, cuando un Estado cede parte de esa soberanía, como producto de un convenio, tratado o acuerdo internacional, significa que no le fue arrebatado ese derecho, por el contrario, haciendo ejercicio de su derecho soberano, cede para facilitar las relaciones internacionales, por su propia voluntad como Estado, parte de su ejercicio soberano en un tema determinado. Aunque es preciso resaltar, que el abuso de ese tratado, o convenio por una de las partes, obliga al menoscabado en sus intereses y derechos a denunciarlo, así se llama en Derecho Internacional Público, el deshacer un Convenio o Tratado. ¡Ojo! pues con los abusos.

Pero ¿por qué relacionar el honor con la vida y la soberanía con la muerte y las guerras? Y la respuesta a esta interrogante nos lleva a la dramática conclusión, de que ha sido su protección y defensa, la que ha provocado como consecuencia, en uno y otro caso, la confrontación, la guerra y la muerte. Pero.eso de filosofar a título personal no es mi estilo, porque se pierde uno en conclusiones a veces equivocadas o confortativas. Por cierto, a propósito de estos temas, un día de estos me comentaba un expresidente amigo mío —Eso de escribir no debe ser tarea fácil, don Edmundo, si se es responsable… es muy difícil plasmar un pensamiento crítico, sin herir susceptibilidades, egos o posiciones asumidas en la convicción o en la lucha por los principios— dijo con tono magistral, como una forma de consejo, de lo delicado que es confrontar con la opinión de los demás: críticas, posiciones o puntos de vista divergentes, sin crear como reacción, una respuesta que puede llevar desde la sana discusión de las ideas hasta el insulto, la calumnia y si se hace por estos medios pues sin duda alguna la difamación.

El expresidente continuó —No toda la gente sabe leer lo que lee— discurrió en tono irónico —y mucho menos don Edmundo— asimilar el humor negro, privilegio solamente de gente muy preparada e inteligente… porqué lo grave —me advirtió— es posible que usted esté tratando de aconsejar a una persona o grupo de personas y por falta de atención piensen exactamente lo contrario —concluyó con sabiduría— En su último artículo, el de los teléfonos don Edmundo — hizo énfasis— Yo entendí que usted ha tratado de buscar en el Presidente, en el Congreso y en la Corte, una reacción que le de validez a su condición de responsables de la conducción del país, adivinó la intención. —Pero, algunos lo pueden entender como crítica desvalorizadora… don Edmundo… aunque su intención sea la contraria… Qué difícil debe ser escribir con propiedad, don Edmundo— insistió, como consejo – Bueno Presidente me atreví a matizar la defensa de mis escritos – Si usted a esos niveles, no sabe leer ni entender lo que lee – afirmé – no merece estar allí. – concluí un tanto arrebatado. Sin embargo, la reflexión de mi amigo, que tuvo la responsabilidad de dirigir los destinos del país en tiempos difíciles, me hizo pensar, que escribir u opinar sin cometer delitos, no es tan sencillo, como creen muchos opinólogos en los distintos medios de comunicación o incluso ciudadanos en los medios alternativos a disposición de cualquiera… Facebook, Twitter y otros tan próximos a los dedos de la gente y me obligó a profundizar en el tema para comentarlo con ustedes. – Bueno, pensé, si se trata de una materia con nombres que parecen ser de delitos, lo más prudente- concluíserá buscar la opinión de un Abogado. Y eso hice.

Afortunadamente conozco a un profesional de esa materia y dispuse visitarlo. Su despacho sobrio y lleno de diplomas, me llevó al quinto  nivel de un edificio de la zona 10. Siempre atento y con gran cordialidad, me recibió de inmediato – A qué debo el honor de tan distinguida visita don Edmundo – me invitó a pasar a su oficina ceremonioso y serio. – Primero licenciado- quise prevenirle – le traigo una consulta, no un caso, – así que le advierto que no traigo plata para pagar sus honorarios- sonriendo e invitándome a sentarme me tranquilizó al decir – Llega un momento don Edmundo en que los honorarios no son tan importantes, si vale la pena la causa y se me ha hecho costumbre tener solo causas que valen la pena, compensan mucho más que los honorarios- filosofó pausado. -Bueno licenciado dígame usted: La Calumnia, la Difamación y la Injuria son Delitos? – apresuré aclarar de entrada el  motivo de consulta.- Efectivamente- contestó- son delitos- y sí usted me lo permite, se lo explico de manera muy breve y sencilla – alcanzó un libro y sin leerlo inició la explicación: – La Calumnia don Edmundo- me dijo- se comete cuando alguien le dice a usted, que ha tenido un comportamiento que constituye delito, por ejemplo – me ilustró- si le dicen ladrón, asesino, estafador, corrupto, violador, falsificador, en fin, cualquier acto que le acrediten como su conducta, si esta no es cierta y no se le pueden probar, constituye una Calumnia, don Edmundo- me explicó de manera sucinta la primera de mis dudas- La Injuria – abordó la segunda interrogante – se da, cuando le acreditan una conducta que lo ofenda en su honor, intimidad, o conducta social impropia, que sin constituir delito, considera usted, que lesiona de manera grave, su reputación y sus relaciones sociales, por ejemplo- dijo de manera didáctica – sí le dicen feo, sucio, malcriado, deshonesto, inmoral y perdone la expresión don Edmundo – me dijo en tono reservado- incluso hueco, – don Edmundo, – si usted lo considera una ofensa, pues sería una injuria- Y la Difamación licenciado- pregunté ansioso- Esa se da si la calumnia o la Injuria se la hacen frente a terceros, en público, o en un medio de comunicación social.

– Pero licenciado- interrogué intrigado- Y si son delitos? por qué no veo a nadie en la cárcel por cometerlos casi todos los días? Ah don Edmundo- procuró ilustrarme y aplacar mi confusión – Existe un dilema , O se acepta que la libertad de expresión y libertad de prensa no admiten por ninguna causa la existencia de esos delitos, o se derogan los artículos del Código Penal que los prescriben como delitos- hizo una primera aproximación a una conclusión – La existencia de los tribunales de imprenta, son más inútiles que yo jugando futbol don Edmundo- satirizo- y en nada compensan, si es que llegan a una sentencia después de muchísimo tiempo, la lesión causada al ofendido. De tal manera que si usted acude a un tribunal del ramo penal, por presión y por costumbre, lo transforman en un juicio de imprenta y no lo conocen como delitos directamente… y si así lo hacen… que es la costumbre jurisdiccional… ya puede esperar el juicio final como alternativa, o tragarse la Calumnia, injuria y Difamación, porque no le queda de otra… Aunque tengo que decirle… que yo gané un caso de esos por la vía penal…no obstante ser dignatario en un organismo internacional, lo cual permitía, que me dijeran cualquier barbaridad… siempre relacionada con mi trabajo, desde luego, concepto que ha cedido, frente a la condición del ofendido, que si es funcionario, se ha hecho costumbre que le saquen a la mamá, su parentela, y le acrediten todos los delitos como parte del folklore que anima a quienes escriben y opinan sin ninguna consecuencia.

Pues en mi caso-don Edmundo continuó el relato, haciendo un esfuerzo por recordar- Se dio la orden de captura en contra de mi ofensor…quién al tratar las autoridades de hacerla efectiva, se dio a la fuga por los techos cercanos al lugar donde se iba a realizar… y una vez fugado, presentó una acción de Amparo, en contra de la decisión del Juzgado que la había ordenado y le otorgaron el Amparo Provisional, que suspendió la orden. Desde luego, apelé la decisión del Amparo Provisional, y recuerdo que en Vista Pública en la Corte de Constitucionalidad reforcé mi planteamiento apelando a la historia misma, que hizo posible que la Calumnia, Injuria y Difamación, se transformaran en delitos… Vean honorables Juzgadores, recuerdo que les dije en mi intervención. Sí por mi fuera, la única manera de reparar la ofensa criminal de este sujeto, y apunté al hechor de la calumnia, también de la Injuria y como es común en éstos casos, también de la Difamación… sería matándolo, por la magnitud de la ofensa, de igual manera que se hacía antes para reparar este tipo de lesiones al honor… Retarlo a un duelo, abofetear su cara y esperarlo en sitio donde uno de los dos tendría que perder la vida… El por ofender mi honor, o yo por no poder defenderlo, apuntando mí arma hacia su corazón.

Afirmé indignado. Saben por qué no apelé a esa solución terminante del problema… proclamé a los señores Magistrados… Porque la existencia misma de esos delitos en el Código Penal… en el Título II de su estructura… Fíjense bien, inmediatamente después del título I que se refiere a los Delitos contra la Vida, es porque la única forma de terminar con los homicidios ilegales pero que permitía la sociedad, mediante la institución del Duelo, hizo posible la sustitución por cárcel en lugar de la vida, frente a ese tipo de delitos.

Sí señores Magistrados… la Penalización con cárcel de la Calumnia, Injuria y Difamación, fue la única alternativa que se presentó en la historia para evitar los homicidios que provocaba El Duelo… No me quiten el recurso legal, que evite mi indignación que sería capaz de llevarme hasta el punto de cometer un homicidio… No me quiten el instrumento de reparación de mi honor, mediante cárcel, y no mi odio que me pueda impulsar a tomar una medida radical- Emocionado el Licenciado, creí que iba a llegar hasta las lágrimas recordando su encendido discurso en el debate ante la Corte de Constitucionalidad. – El hechor- continuó con su recuerdo- apeló a que por mi condición de dignatario, a mí se me podía decir cualquier sandez… Pero no le hicieron caso… Y al resolver. Sentenciaron que el proceso debía regresar al Tribunal Penal para que continuara, desde luego, haciendo efectiva la orden de captura que se había ordenado, como consecuencia lógica.

Mi oponente, también era abogado, y llevado por la presión de su patrocinado, en ese momento mi contraparte en un proceso más serio- Ya se lo contaré algún día don Edmundo- prometió- y sabiéndolo entusiasta servidor de su patrocinado, decidí por cuenta propia, no continuar el proceso contra de él.  La ofensa fue reparada con la decisión de la corte, y la posibilidad concreta de llevar a la cárcel al ofensor… No te preocupes, le dije, fuiste demasiado servil e inconsciente con tu mandante… pero te perdono. Y así lo hice don Edmundo… Nunca pisó la cárcel el oficioso abogado… Pero seguramente desde ese día fue más responsable con sus actos y acusaciones teatrales y mediáticas…- concluyó emocionado el licenciado – allí está o debe estar en los archivos de la Corte de Constitucionalidad como antecedente importante ese caso – recalcó con firmeza…- Y que aconsejaría usted licenciado para procesos similares – me atreví a preguntar – insistir en los Juzgados Penales- contestó- y si estos se reiteran en trasladarlos a los Tribunales de Imprenta- sostuvo- apelar y de ser necesario, llevar hasta el amparo e invocar ese antecedente- afirmó.

Salí de ese Despacho, más preocupado, que cuando entré. – Pichis – medité, esto de escribir u opinar es bastante más serio de lo que pensé- en el estrecho elevador del primoroso edificio donde está la oficina de mi consultado. En el parqueo vecino, ya en busca de mi vehículo, me di cuenta que al fondo por una puerta lateral, se puede ingresar al restaurante la Hacienda de los Sánchez (anuncio gratuito), y dispuse tomarme un aperitivo. Ya no me daba tiempo de buscar a mi amigo Moliviatis, El griego más guatemalteco que conozco, donde de cortesía, me obsequia por nuestra vieja amistad, magníficos tragos y no digamos, magníficas boquitas. Así que entré al restaurante, donde su propietario, como siempre, me salió a recibir y ubicarme en una de las mesas. -Ay don Edmundo- me dijo, con cara de preocupación – La cosa está fregada… mantener el negocio, cada vez cuesta más. Terminado el aguinaldo, se terminó la fiesta don Edmundo- me confesó muy triste… Pero tenemos que seguir echando punta…porque no hay de otra.

Estoy a punto de hacer socios a los muchachos y muchachas que trabajan aquí- me dijo con cara de estar diciendo la verdad – así tengo con quién compartir las pérdidas – concluyó – Pero no soy sólo yo- continuó haciendo gala de aquel dicho que afirma ¨Mal de muchos, consuelo de babosos¨ – aquí oigo las quejas de todos mis clientes, que ya en voz alta, no esconden sus preocupaciones don Edmundo- aseveró… – Claro que no- dijo otro cliente en otra mesa- Mire don Edmundo- Porque me imagino que usted es Deantés ese que escribe los domingos en Siglo 21-me interrogó sin dejar de comentar- Esto parece una lucha de grupos de poder, enquistados en el mismo poder, pero de facciones diferentes- afirmó con cierta seguridad- Cómo se explica usted, que al otro día de que los del Congreso se repartieron las comisiones entre el grupo dominante.

Pungún, a traer al hermano y al hijo del Presidente- especuló – Cómo se explica usted, que al otro día de haber rechazado los tres primeros artículos de las famosas Reformas Constitucionales… Pungún…activan los antejuicios en contra de los diputados más visibles en esa oposición a las reformas, – Cómo se explica usted que no sea una advertencia a todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia- el antejuicio en contra de doña Stalling y que al día siguiente, casi como testigo protegido, ya tenían al magistrado denunciante en el extranjero, temiendo que doña Blanca aparte de Tráfico de Influencias, también se le ocurriera ser homicida- volvió a especular – Aquí más que Justicia, parece que existe una pugna interna entre grupos de poder con poder suficiente para amedrentarse mutuamente. Sólo que la ventaja de los privilegiados es la de meter a la cárcel y la de los otros quedarse sin chance y de refilón terminar en el bote… señor don Deantés – Y sabe que es lo más grave usted- me dijo usando ese pronombre, que no es de mi agrado por ordinario – que a tres años de las elecciones… donde no hay partidos… y los que están, o son comités o están por desaparecer, lo que si hay son postulantes para sustituir a don Jimmy… algunos disfrazando su aspiración en proyectos electorales, pero apostándole con fuerza a la sustitución de don Presidente por la vía del relevo legal pero de facto don Edmundo – corrigió el incómodo usted.

Este mundo está alborotado y de cabeza – Aquí los bancos dispusieron anular por cuenta propia la validez de los dólares de baja denominación .Habría que notificarle a los Estados Unidos que su moneda no sirve en Guatemala… Bueno -agregó a manera de consuelo- allá tampoco sirven los quetzales. Así que la actitud de los bancos es nacionalista y patriota- ironizó a punto de soltar una carcajada.

Al calor de la discusión, que sin serlo, había llamado la atención de otros clientes, los de la barra que se animaron a opinar…- Mire don Edmundo- prorrumpió el primero aquí las cosas se debieran aclarar de una vez por todas… cuál es el propósito de echarle los méritos a los ministros consentidos de uno de los grupos más poderosos que recuerda la historia…Sin reconocer que si están allí, fue por disposición del Presidente – afirmó con energía. – ¡Que de a sombrero!…El Presidente El Villano… Y sus servidores…desde luego, sólo los consentidos del grupo poderoso…los héroes de la película, que terminará por sacrificar a don Presidente… ¡Qué de a sombrero! – insistió en el dicho popular… – Fíjese usted. Meten al bote a los evasores… Los muchachones del sector privado se creen amenazados y le reclaman a don Jimmy, y el coro de los escogidos, alaban al señor don Solórzano… ¡Que de a Sombrero!… El Villano don Presidente…Los héroes los nombrados por él…Hay don Edmundo – hizo una pausa – La cosa está complicada… Más pareciera una conspiración continuada… que una gestión de gobierno- Concluyó… Me quise despedir, sabiendo que era imposible… le Hice una señas a mi querido amigo el propietario del restaurante y me retiré como buscando los sanitarios.

Pero ya no regresé. Reflexionando para mi solito, ya subiéndome al vehículo, pensé… Veremos si Don Méndez Ruiz terminará batiéndose en duelo con el señor a quién ha demandado por los delitos que analizamos al principio de esta entrega. Veremos si la Libertad de Expresión no se transforma en una cómoda plataforma para ejecutar delitos sin castigo. Veremos si Don Presidente, puede sortear la conspiración de sus propios colaboradores, que por pasiva o por activa, prácticamente lo están dejando solo. Veremos si Yo, continúo escribiendo sin la tentación de decirle miedosos, o traidores, a un montón que se lo merecen, afortunadamente solo como  injuria. Los que tienen el valor o la piel de cometer delitos mayores como la calumnia, seguirán impunes o quizá la justicia evite que tengan que responder en… Duelo.

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