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david-martinez

GuilleEl hermano y el hijo del Presidente Morales podrían haber tenido la vida soñada si hubiesen sido un poquito más inteligentes. No tenía Samuel Morales —la verdad—, haber otorgado declaraciones estúpidas a la prensa sobre la “gestión magnífica” de su hermano. Samuel Morales hubiera podido quedarse haciendo episodios del programa Moralejas muy tranquilamente mientras disfrutaba de los beneficios indirectos que significa ser hermano del Presidente de la nación. Lo mismo a decir del hijo del Presidente Morales. Como la mayoría de los vástagos de presidentes latinoamericanos, podría tener una vida bastante cómoda y tranquila —eso sí, a expensas del erario—.

Pero lo que sucede es bastante simpático. Porque en realidad, esta no es una simple trama de corrupción en la familia presidencial. Es la trama de una familia muy representativa de las familias guatemaltecas (hablan de Jesús, envían bendiciones y salen a la calle con la camisa de la selección nacional) pero… hay corrupción. Las facturas falsas en cuestión son del año 2013, anteriores a la administración Morales. Pero son el reflejo de una práctica común de corrupción: simular compras. El acto cometido afecta a la administración actual. Y allí la cuestión. Aunque se reconozca el trabajo efectivo que hace la Comisión Internacional tocando todos los nichos de corrupción del país, a veces es cierto que muchos de estos casos son posibles de montar dado que los involucrados son suficientemente estúpidos para meterse en lo que no deben.

“Las facturas falsas en cuestión son del año 2013, anteriores a la administración Morales.”

Allí precisamente el punto que buena parte de la ciudadanía no ha entendido. No vale la pena ser corrupto, pero cuando la Comisión Internacional ha sido capaz de mostrar la corrupción al más alto nivel político, lo racional sería que a nadie le pase por la cabeza montar esquemas de corrupción que involucren los ámbitos del Estado.Entonces, la creatividad de estos muchachos (entre ellos joven de escasos veinte y tres años) termina debilitando aún más la administración del presidente Morales. Si el Presidente Morales quería jugar algún pulso de poder con los actores de tutela internacional, ahora no tiene ninguna posición de poder. Aunque este no es un caso comparable a los anteriores relacionados con la cooptación del Estado, tiene la posibilidad de salpicar al Presidente incluso aunque su involucramiento (si lo hubo) haya podido suceder actuando como ciudadano particular.

El punto es que nadie en su sano juicio gusta de gobernar con posibles imputaciones de corrupción por las cuales deba de responder al dejar el cargo. Ya no se trata solo de renunciar y disfrutar de la pensión para expresidentes. Se trata de terminar en el “bote” de una u otra forma. No le queda otra al Presidente Morales que ratificar —sin tapujo alguno— la extensión del mandato de la Comisión y apoyar el eje de las reformas constitucionales al sector justicia. Tendrá que hacer esto a pesar de la molestia de su partido y quizá de buena parte del sector empresarial que argumenta que no es lo mismo hacer negocios bajo reglas claras. El Presidente Morales se encuentra entre la espada y la pared.

Porque si este caso no lo salpica para amargar su futuro, tiene abierto un frente que podría involucrar cargos de financiamiento ilícito durante su campaña presidencial. Algo de lo cual, él como candidato y no la contadora del partido es responsable. La información que emane de esta investigación —que toma lugar precisamente ahora— seguramente será cruzada con los datos que aporte el testimonio del narcotraficante (exmilitar) Marlon Monroy alias “el Fantasma”. El testimonio incluye precisamente acusaciones de lavado de dinero en campaña. Como dice la canción de famoso Juan Gabriel, ¿“Pero qué necesidad”?…

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