Home > Columnas > El costo de un café
juan-campos

No le pregunté el nombre y no pude ver si tenía alguna identificación en su uniforme, pero si le hice otras preguntas mientras me cobraba un café que pedí.  Abren el restaurante a las 6:30 de la mañana, ella tiene que presentarse a las cinco horas, no le pregunté a qué hora se tiene que levantar, pero asumo que debe ser tipo 4.  Se retira de ese lugar a las 15:30 horas para que, al llegar a su domicilio, inicie la jornada de revisión de tareas, preparar cena y dejar todas las cosas coordinadas para repetir el ciclo al día siguiente.

 Creo que fue afortunado no haber preguntado el nombre, no porque no fuera importante (reconozco mi error al no haberlo hecho), pues ella representa a miles de miles de personas que seguramente se identifican y son parte de una rutina similar a la de ella.  Y justamente creo que ese es uno de los grandes problemas: se ha vuelto una rutina que hemos llegado a perder la dimensión que tiene el esfuerzo que a otros les conlleva que cualquiera de nosotros, en nuestra posición de clientes, tengamos acceso a un producto o servicio.

 Si yo sé, la vida no es fácil, es dura y tormentosa por momentos, adicional al hecho de creer que tampoco es del toda justa.  Pareciera hasta irreal que busque que en una cultura tan agitada como la que vivimos que todos tengamos el suficiente tiempo para hacer ese tipo de reflexiones, sobre todo cuando nosotros mismos tenemos y experimentamos nuestros propios desafíos para alcanzar nuestros objetivos; sin embargo, creo que vale la pena pausar.  Hacer una pausa en la vida es importante, nos ayuda a poner en perspectiva lo que hacemos y lo que somos.  Las pausas nos ayudan a verificar el rumbo que llevamos, nos muestran que en la misma pausa se puede encontrar fuerza y ánimo para retomar el duro camino que resta por recorrer.

 Hemos ya avanzado la primera quincena del primer mes del año, el tiempo seguirá avanzando inexorablemente y nos desafía a que valoremos todos y cada uno de los minutos que tengamos disponibles, pero ¿Por qué le quitamos valor al tiempo que nos sirve para pausar?  Si de reconocerlo se trata, ese tiempo es escaso y lo escaso es valioso.  Vale la pena que hagamos el esfuerzo por ser intencionales en dedicar tiempo a la reflexión y a la toma de decisiones en función de la búsqueda de avanzar hacia el objetivo que nos hemos trazado.

 Ese tiempo de pausa que logré hacer me dio una nueva perspectiva en cuanto a la inversión que se necesita, y no necesariamente remunerada, para que yo tenga acceso a un producto o servicio.  Si lo tengo que resumir en una palabra diría que se le llama “sacrificio”.  El sacrificio de otros se convierte en el beneficio que recibo y, de la misma manera,  el sacrificio que logro hacer se puede traducir en el beneficio que logro entregar.

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