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Carta a los jóvenes en el nuevo ciclo escolar

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La vida es una experiencia extraordinaria. Es algo que llevamos a flor de piel como nuestra respiración, casi nunca nos damos cuenta que vamos siempre con ella. A veces pasa con calma, pero la verdad, nos gusta acelerarla. Queremos hacer de nuestra vida algo diferente e imaginamos y recreamos mundos, sean estos a través del baile, los deportes, los autos, los computadores, los videojuegos, la televisión o sencillamente estar con nuestras amistades o con nuestra pareja.

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En la juventud también experimentamos nuevas vivencias como redescubrir la amistad y compartir con los demás nuestros pensamientos y aspiraciones. Somos capaces de adquirir una conciencia diferente de los males que aquejan a nuestras familias o los vecinos y también adquirimos la noción de la sociedad, sus problemas y aspiraciones. Aprendemos a ser parte de la comunidad y recorrer los caminos diversos de hacer el bien a otras personas y, con ello, a uno mismo.

“Ir al instituto significa aprender. Aprendamos cuando exploramos la asombrosa naturaleza.”

Uno se enamora de la naturaleza, del mar, de la luna o, aún mejor, de un compañero o compañera. Pero esto requiere de un poco de ciencias, matemáticas y poesía para comprender, explicar, transformar o encantar al mundo y a quienes nos rodean. Todo esto sucede mientras vamos a estudiar.

Ir al instituto significa aprender. Aprendemos cuando exploramos la asombrosa naturaleza y nos atrevemos a preguntar ¿Cómo podemos entender el día y la noche? O cuestionarnos sobre ¿Por qué la especie humana pone en riesgo la vida en el planeta y con sus acciones puede hasta sobrecalentar la tierra? O sencillamente cuando nos dejamos llevar por la profundidad del cielo y nos asalta la duda sobre la probabilidad de la existencia de la vida en otras esferas del universo; sin decir sobre las complicaciones que implica comprender las nociones del tiempo y el espacio. Aprendemos cuando exploramos el mundo que nos rodea, aplicamos los métodos de la ciencia o dominamos una técnica para producir cosas o bienes al servicio de los demás o en beneficio propio.

De igual forma aprendemos a comunicarnos, a hacernos entender, a utilizar el lenguaje para expresar y construir mundos, pero sobre todo a entrelazarlos en una obra de teatro, un cuento o una narración llena de emociones, aventuras o sensaciones extremas. También para hacernos entender de manera diferente, profunda o intensa, a través de la literatura o la filosofía. La vida y, como parte de ella, la lectura nos hace encontrarnos con mundos no imaginados; particularmente con la extraordinaria oportunidad de escribir palabras hechas herramientas para entretejer mundos, amistades y transformar nuestra realidad. Por otro lado, leer novelas y poesía nos hace sentir diversas emociones, compartirlas o atesorarlas; con ellas, establecemos una comunicación especial con nuestro ser interior, con la existencia misma.

También afianzamos la duda de las cosas que nos dicen y las creencias que tenemos hasta llegar a cuestionar el porqué de ellas; podremos dudar de los relatos de nuestros maestros para establecer con métodos, diferentes tipos de evidencias y sensibilidades llevando a cabo nuestros ideales y proyectos. Ahora que volvemos al instituto tenemos la oportunidad para hacer deporte, abrir la puerta para comprender nuestra historia, la diversidad cultural y la necesidad de gente solidaria y honesta. Les invito a ustedes jóvenes, a que se adentren al mundo del estudio, las ciencias, los lenguajes, las palabras y a que se reinventen en ellos.

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