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Segundo… y ¡último año de gobierno!

Por: Eduardo Weymann

Los períodos de gobierno en Guatemala son extremadamente cortos. Cuatro años, sin posibilidad de reelección presidencial, exige de los equipos de gobierno todo su esfuerzo para que en tan poco tiempo se ocupen satisfactoriamente de las demandas de la población. Si a ello se suma la inexistente cultura de transición profesional y de Estado de un gobierno a otro, como resultado se tiene un primer año de gobierno de encaje, de conocimiento y de asimilación de desafíos, descontando así el primer año de gestión como un año de “gracia” y “del beneficio de la duda”. Por si no fuera poco, el cuarto y último año de gobierno, se lo devora la vorágine electoral y el desborde de las pasiones. Es decir, es el segundo año de gobierno, es el año de gobierno, donde se deja la huella y el legado de una propuesta política en el poder. Dicho de otra forma, lo que se deje de hacer en el segundo año, difícilmente se hará.

El Primer Informe de Gobierno de la presente administración, el sábado pasado, de ninguna manera dejó claro cuál es el rumbo en lo que, a mi juicio, son las sensibilidades más altas de la población. Ojalá, este segundo año de gobierno algo suceda con las más altas autoridades para que reencausen el timón de este barco que ya lleva suficiente tiempo navegando en aguas de incertidumbre y zozobra. No se escuchó nada sobre qué está pasando con el estancamiento económico que prevaleció durante 2016. Ninguna evaluación que le explique a la población qué fue y que está sucediendo con los agentes económicos. No se escuchó nada relevante respecto a la parálisis total de la inversión extranjera y el repliegue de la inversión privada local. No se escuchó nada sobre cifras de empleo.

Asumo que, como a todos, al presidente y a su Gabinete Económico, les ha de angustiar ver las interminables colas de jóvenes adultos en busca de empleo y de su primer empleo, por lo que era de esperarse alguna luz de esperanza en el discurso presidencial. Se habló de un gasto público con eficiencia y calidad. ¡Esto sí que no se entiende! Todos sabemos que la ejecución presupuestaria del gasto público durante 2016 fue lenta y a destiempo. Una ejecución presupuestaria que se aceleró en el último trimestre, para cubrir pasivos acumulados durante todo el año, es igualmente de perversa. Pareciera que al más alto nivel aún no se tiene claro el efecto multiplicador del gasto público en el desempeño económico de un país.

Lo único que la población tiene claro del cierre fiscal 2016, fueron los aumentos salariales que se dieron en el sector público y los bonos que se recetaron varias instituciones públicas, a costa de las finanzas de los contribuyentes y de los ciudadanos de a pie que ven cómo la justicia no los atiende y cómo carreteras siguen colapsando. Tal como acertadamente lo subrayó la nota de prensa de Siglo.21 de Pablo García, el pasado sábado 14 de enero, el incremento de la recaudación de la SAT se dio por el incremento en los precios -inflación- y la inercia del crecimiento de la economía, es decir, en términos reales, no hubo incremento de recaudación. A eso hay que agregarle que se incluyeron  en las cifras de recaudación Q2,744.6 millones de crédito fiscal que eventualmente tienen que devolver, algo que no debe incluirse en este cálculo. Y claro, también se incluyeron los ingresos extraordinarios por cobro de impuestos en disputa, resultado de enviar a empresarios a la cárcel, sin respetar el debido proceso.

Esos ingresos extraordinarios no se volverán a dar en esas magnitudes. Por otro lado, esta práctica el sector empresarial lo está interpretando como terrorismo fiscal y seguirá alimentando de desconfianza al sistema, con sus respectivas implicaciones en la inversión y el empleo. En lo único que estaría de acuerdo es en lo que una exdiputada me comentaba luego del Informe Presidencial: el formato de los Informes de Gobierno, debieran estar regulados por ley. Se nos dice solo lo que conviene y se omite, se disfraza y se distorsiona lo que compromete a las autoridades.¿De qué sirve un ejercicio democrático como este, donde no se le dice a la población el verdadero estado de la Nación?

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