El Siglo

El gran partido de los teléfonos celulares

Había estado cavilando todos estos días sobre el futuro político del país. En la mayoría de las reuniones a donde me han invitado se conversa sobre el tema y se forman grupos para debatir. He escuchado armar y desarmar nuestro futuro, muchas veces sin poder llegar a una conclusión. Me piden consejo o me dan consejos, pero nadie presenta una solución. En cierta oportunidad, llegó hasta mis oídos una voz que lejana y aguda trasladaba un discurso coherente y prometedor.

Bueno -Pensé al fin un criterio con criterio. La verdad y lo digo yo, no mis contertulios, se cansa uno de escuchar charlatanes que siguiendo la corriente de ese río caudaloso y sumamente peligroso, que sin haber entrado el invierno todavía, siempre está crecido y en pleno verano, arrasa con todo lo que tiene enfrente o a los lados, y que ha hecho de los opinólogos cotidianos, sus cronistas exclusivos y serviles que describen y aplauden las novedades de sus impredecibles consecuencias, como amaestrados admiradores y sonoros monitores, un coro purista y celestial, que igual celebran que se mande al infierno a San Ignacio de Loyola o se santifique con sus aguas al mismísimo barrabás.

La Malinche, en México se casó con el Conquistador, entregándose carnalmente al extranjero. Y en Guatemala parece que sus parientes lejanos, nada que no se relacione con las inundaciones y las hogueras tiene espacio ni sentido. Es la hora de inundar y de quemar. Los escombros y las cenizas que las recojan otros. Y ese es el caso de mi reunión de los miércoles, donde con gran afán, se analiza la situación del país a veces con optimismo y la mayoría con gran enojo, congoja y pesimismo. En una ocasión el licenciado Palomo había interrumpido mi intervención que abrigaba una esperanza y me había advertido “No pierda el tiempo don Edmundo, aquí la cosa está irrescatable”.

En qué líderes puede confiar -razonaba con enojo- -sabe cuál es el problema- acotó, para completar su idea -dejaron a la patria pariendo, y se fueron a matar al violador- ¿Y la patria?, Pregunté con angustia -No termina de parir- de Don Edmundo concluyó su acertijo. -Mi sombrero- intervino Axel, el inquieto y frustrado animador del turismo de Izabal, que todo el tiempo procura sin patrocinio, eventos deportivos centroamericanos y del caribe en esa zona preciosa guatemalteca para fomentar el deporte y el turismo nacional, eventos que se pasa por el arco del triunfo el Ministerio de Cultura y Deportes, la Federación Autónoma de la misma cosa y que junto con el INGUAT …Bien Gracias y usted, le responden a todas las solicitudes de respaldo y apoyo – sin líderes la cosa nunca va a caminar, y no tardará en ocurrírsele a algún patriota nacionalizar a don Velásquez para que ¨A él si le toque ¨.

Pero él no es líder político, apuntó Guayito, mi médico favorito, después de mi hermano Raúl, expolítico, defraudado y una víctima clarísima de cómo se puede condenar y destruir la vida pública de un inocente. -Pero como que está practicando intensivamente- replicó, el desilusionado pero impenitente promotor de sueños imposibles. -No dijo Panchito- viejo protagonista del movimiento 13 de noviembre, origen de la guerrilla guatemalteca con verdadero enojo -mejor retornemos a la Monarquía absoluta de Luis XIV que no exige cambio de nacionalidad, y que ese señor resuma el poder de su mandato en aquella famosa frase Le Etat se moi que dicho en buen chapín significa ¨El Estado soy Yo¨ -remató su pensamiento. Llevado por lo que parecía un chiste, el ingeniero Penados siguió la ronda de ocurrencias y propuso -Y mejor por qué no proclamamos Reina a doña Thelma para confirmar que su mandato, que salvo que la justicia la condene en sentencia firme, no tienen forma de poder quitarle el chance y la tenemos reinando para siempre, poniendo como lo hizo la reforma a la ley del MP a la Presidencia de la República como hija no reconocida de la Llorona. -creyendo el pariente del recordado arzobispo don Próspero que había pegado en el clavo.

Esas reuniones de los miércoles tienen la peculiaridad, que desde hace muchos años, convoca a un grupo de amigos que ajenos al poder y a veces también a la política, critican y juzgan el acontecer nacional, y últimamente los veo decaídos y sin mayores esperanzas de que la cosa pueda funcionar. El otro día, por ejemplo, uno de ellos, que por cierto lo molestamos mucho por su parecido con el señor presidente -solo físico- se apresura a aclarar, cuando se le hace la broma, hacía la aguda observación que el país, acabados sus diputados, magistrados, alcaldes y seguramente para concluir el festín apuntó -de postre le entrarán también al Ejecutivo significa –afirmó- que nos vamos a quedar sin gobierno. -Qué va, dijo Mike, nuestro querido abogado, que confiado en que podría ser electo a la Corte de Constitucionalidad, aceptó la sugerencia de llevar su hoja de vida a la avenida La Reforma, -cola hay para coger los huesos- desde luego subrayó con sorna -siempre que se haga de acuerdo con la Ley. Hay aspirantes con polígrafos de lealtad en mano… oigan bien – subrayó- solo de lealtad, que es lo único que les interesa.

-Lealtad a qué- dijo, frunciendo el ceño el señor Panchito recordándose de sus tiempos de militar alzado el 13 de noviembre del 60. Pues a qué otra cosa va a ser Panchito -nos ilustró el frustrado aspirante a la CC, -a la obediencia y fidelidad a todo lo que se disponga en el plan que comenzó a funcionar el 14 de enero a las 14. -Presidente- obediente y no deliberante, Ejército, también obediente y no deliberante para disminuir al Ejército, ministros dos categorías: permanentes y accidentales, permanentes: los que no hagan olas y solo cobren sin decidir, accidentales, solo los que presenten su renuncia o acta de defunción, es decir, ministros de todo el tiempo -diputados- continuó, los suplentes, porque casi todos los titulares tendrán muy pronto orden de captura. Magistrados, los que elijan los suplentes que quieran calentar por un tiempo la curul. Alcaldes, la mayoría de concejales primeros de las municipalidades, por ahora los alcaldes, haciendo cola para confesar su lealtad y de paso honestidad en una iglesia clandestina que está en una zona exclusiva de la capital. Sin sacerdotes, pastores ni santos.

-Pero y si en esa iglesia ya no caben los funcionarios arrepentidos o en proceso de arrepentirse y se fuera la mayoría que va a pasar con el presidente -preguntó Josué el visitador médico, y quizá el más ingenuo en política, salvo su parecido con don Morales. -Eso estaba cubierto y casi decidido hasta la llegada de Trump -contestó el interpelado- había una disputa entre don Procu y don Mario –que según comentó en una reunión donde asistían diplomáticos- rechazó la oferta y no asistió a ninguna de las reuniones que lo convocaron. Pero ahora con don Trump, la sucesión – siempre dentro del marco de la ley- remarcó solemne, se les agrió parte de la fiesta, se les puso trump…uda y ahora se han conformado con apretar y rompe  tuercas… hasta que les digan DIGO en lugar de DIGAN. Pequeña diferencia entre MANDAR o ser MANDADO. Por esa razón me llamó la atención aquel discurso, que lejano todavía, y como reproducido por un pequeño parlante llegaba hasta mis oídos embelesados por lo que escuchaban y entre otras cosas me hacía recordar que hace una semana, le advirtieron a don Edmundo, que pronto comenzarían con los de la Corte Suprema, por muchos antejuicios que aprobaran.

Bueno pensé -tenía razón el amigo que eso les advertía. Aquella voz, cada vez más cercana hablaba de Identidad Nacional, de Soberanía política y territorial, de Justicia judicial y también de justicia social. Señalaba que los países como las campanas suenan tocando el badajo los dos lados, y cuando se escucha un tañido de un solo lado, pierden la armonía si no se escucha el otro tono. Dan… Don…o Don Dan… se oye el repicar de campanarios, proclamaba.El camino más fácil a la dictadura es el abuso en la democracia. La ausencia de autoridad, obliga la dictadura. La anarquía – argumentaba -le da miedo al pueblo y los verdugos también- sentenciaban. Gran sorpresa llevé, que aquella voz, que parecía levantar los ánimos de las multitudes, emanaba de un pequeño teléfono celular, cuyo propietario, escuchaba y miraba fijamente la pantalla con gran atención. Me acerqué a él sigiloso y casi de manera imperceptible me senté a su lado para compartir aquel mágico momento. Al darse cuenta de mi presencia, con gran satisfacción me preguntó, quién es usted y que le parece mi líder. -Bueno- le respondí- soy Edmundo Deantés y con ese discurso ese tipazo sería mi líder también, contesté complaciente. -quién es semejante orador, repregunté inquieto, -no sé me dijo- me parece un dirigente de Guatemala de los que ya no hay -barajo- dije para mis adentros recordando mis añejas andanzas.

Entonces no es su líder -insistí- yo me acerqué -quise aclararle- para terminar de escucharlo, pensando que estaban en un mitin político, con un líder serio y prometedor, capaz de reencausar el camino y cambiar esta realidad desesperante para las viejas y nuevas generaciones- confirmé modulando la voz para darle autoridad y convicción. -No me contestó, viéndome como un autómata-. De esos líderes ya no hay, se hicieron o los hicieron invisibles -masculló casi entre dientes-. Y poniéndose de pie y en tono de combate me refutó -sabe quién es mi líder- me encaró arrogante. -No, por favor dígamelo para buscarlo y seguirlo- quise entusiasmarlo con mi respuesta. Y levantando la mano en signo de absoluta victoria me dijo, Mi Líder es Mi Teléfono Celular -lo sacudió como símbolo de victoria. -Que quién- le dije con cara de asombro e incredulidad. Mi teléfono Celular- me reiteró convencido y sentándose a mi lado de manera más elocuente y seria comenzó a proclamarme su ideario telefónico: -Le ruego –principió- no me vaya a interrumpir, porque lo que tengo que decirle es la base de sustentación de mi participación política pero fundamentalmente individual.

¿Se da cuenta que no necesito compañeros, ni himnos, ni banderas, mucho menos disciplina de ninguna organización que me esclavice y me imponga lo que tengo que pensar y decir? –Prosiguió- se da cuenta las veces que he podido decirle sus verdades a los alcaldes, diputados, magistrados, ministros, y al propio presidente y vicepresidente cuando se me ha dado la gana, sin temor que me metan al bote ni tener que esperar la consigna de nadie.

– Sabe qué es lo único malo-, reflexionó como para lamentar esa consecuencia -es que ahora cuatro pelones, esos sí por consigna, forman una pseudo organización y se ponen a gritar, diciendo representarnos a todos nosotros. Y eso, -dijo con fuerza-, es grave señor don Edmundo – sabe por qué- insistió en aclararme -porque en esta sociedad, la organización del pueblo no existe, la han falsificado partidos políticos, y grupos con intereses políticos disfrazados de sociales, que obligan a que se haga su voluntad al gobierno, al Congreso, y a las cortes… son expertos en gritar, exigir y amenazar es su costumbre. Las mismas caras, las viejas mañas, afirmando que representan a lo nuevo frente a lo viejo sin darse cuenta que son lo viejo de lo nuevo.

Y lo nuevo sabe qué es don Edmundo. -Jóvenes asqueados de la política sin ánimo ni interés de participar, preocupados por tener trabajo al terminar de estudiar, en tener seguro social para poder garantizar su salud, y un hospital digno para que sus padres puedan ser atendidos cuando lo necesiten, tener escuelas públicas que no señalen anticipadamente a quién las necesita, como niños de segunda y tercera clase, que el gobierno se ponga al día con el IGSS al mes siguiente de hacer el compromiso y bonifique la impagable deuda, esa sí, con bonos del Tesoro,y deje de cometer el delito de retención y apropiación indebida al quedarse con las cuotas que les quitan a los trabajadores. Igual a la iniciativa privada, municipalidades y todas aquellas entidades públicas y privadas que hicieron práctica común no trasladar las cuotas del seguro social.

Transformar la salud y el seguro social en una garantía universal urgente, que evite la explotación de las enfermedades como fuente de vil enriquecimiento a costa de la salud y vida de nuestro sufrido pueblo. Sabe a qué aspiramos los guatemaltecos -don Edmundo -continuó- A que ya no se hable de guerra y proclamemos la paz. Que se hagan efectivos los acuerdos de paz, sobre la base del perdón al que llegaron quienes suscribieron los acuerdos en lugar de seguir sembrando un odio que no conocíamos los jóvenes. Muchas las tareas que tendrían por delante los verdaderos líderes que necesita el país, más que agentes de la discordia, la venganza disfrazada de justicia, y el perdón transformado en guillotina.

Por eso don Edmundo, nos hemos aislado, sin dejar de ser una sociedad. Porque solo nos convocan para chingar a alguien. Esa es la razón de mi afiliación al partido más poderoso que ha conocido la historia de Guatemala, don Edmundo, insistió solemne. A ese aparato por el cual estoy dispuesto a ofrendar la vida si me lo quieren quitar, cosa que no haría por ningún pendejo. Por ese mi líder por el cual estoy dispuesto a pagar mi afiliación, cosa que me costaría dar como cuota a un partido político. Por este mi líder que me permite decirles a todos mi verdad y me deja satisfecho y con una gran sensación de servicio a la patria y desahogo emocional y personal. Por eso, don Edmundo, y muchas otras cosas más, es mi teléfono mi líder y Secretario General de mi Partido – -y sin más, se calló, esperando una reflexión mía.

No sé lo que quise hacer, creí que romper aquel encanto de adhesión incondicional a una plataforma de principios, sería un crimen ciudadano. Y todavía a la distancia, lo pude distinguir erguido y orgulloso de su Líder Político. -Pocas esperanzas tenemos- medité muy triste, un teléfono en lugar de un líder y un pueblo sin líder que lo dirige y satisface un teléfono. Turururururururu, sonó mi teléfono celular. Don Edmundo -me reclamó don Amílcar Alvarado, director de este medio, con una voz que evidenciaba grave bronquitis -Desde la cama de mi casa, le aviso, que en el Siglo estamos esperando su artículo-. Ya va en camino, respondí, seguro que es más sencilla su recuperación que la de la patria.

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