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editorial

La historia reciente de Guatemala nos ha dado variopintas actitudes y actividades en referencia a los informes de los diferentes gobernantes que han ocupado la Casa Presidencial. En algunos casos unos presidentes han enviado por escrito su informe sin hacer acto de presencia, lo cual ha sido común durante los últimos gobiernos.

El día de ayer, el presidente Jimmy Morales, acudió al Pleno del Congreso para presentar su informe de labores durante su primer año de gobierno y un diputado como ya es su costumbre, herido en su amor propio por haber sido defenestrado para presidir ese organismo del Estado, despotricó en contra del mandatario. No estamos en Siglo.21 en defensa de Jimmy Morales, pero vale la pena hacer mención que la investidura que él posee como Presidente Constitucional de la República de Guatemala, merece el más mínimo respeto por la autoridad que representa, y por lo tanto, un (a partir de ese momento diputado raso), no es quien para faltar el respeto a la máxima autoridad que representa la unidad nacional, le guste o no.

Si Mario Taracena se siente limpio de pecado y ahora se viste de hermanita de la caridad, cuando ha sido uno de los más antiguos politicastros (24 años como diputado) que han vilipendiado a nuestra nación anteponiendo el interés personal ante el bien común, so pretexto de la defensa de la democracia (¿para quién?), que no trate de darse dotes de pureza defendiendo intereses oscuros y distrayendo la atención de la población guatemalteca, para quitarle el ojo a un asunto de mucha mayor importancia que sus berrinches, como lo es la lucha que él y sus huestes mantienen en torno al tema de las reformas constitucionales.

En el país del Realismo Mágico, vemos politicastros haciendo todo tipo de malabares para alcanzar sus objetivos personales y los de quienes les financian sus andanzas, no bastándoles lo que drenan como salario al erario, que es alimentado por los impuestos que los guatemaltecos pagamos. Una vez más queda claro que los mal llamados Padres de la Patria, lo que menos hacen es representarla, y, mucho menos a los guatemaltecos que los eligieron, olvidándose que el Congreso, como organismo del Estado, debe velar en principio por el bien común. Los intereses que están detrás de las reformas constitucionales, en primer lugar, deberían dejar claro ¿a quiénes benefician? ¿qué persiguen? ¿Qué cambios sustanciales tienen de fondo? ¿Por qué la premura por aprobarlas? ¿o será que solamente pretenden tapar el sol con un dedo?

Basta ya de lanzar distractores para la atención de la población guatemalteca, cuando en el fondo pretenden los politicastros alicaídos, solamente abrir el espacio y la legalidad a intereses extranjeros para facilitar el estado de cosas que no permiten un desarrollo real que alcance a todos y cada uno de los guatemaltecos, con la generación de empleo, inversión y calidad educativa dirigida para situarnos en el mundo moderno. Siglo.21 hace un llamado a la población guatemalteca para estar atentos y no permitir que intereses foráneos se inmiscuyan en asuntos nacionales que solamente a los guatemaltecos nos interesan, somos nosotros mismos los que debemos luchar por alcanzar una Nación Libre, Justa y Solidaria.

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