Home > Columnas > Buscando el equilibrio

Nuestras vidas son una vorágine de sucesos, un constante vaivén en el que se entrelazan, se fusionan y se confunden sueños, realidades, esperanzas y adversidades, las que hacen que la vida se convierta en un terreno fértil para cosechar enseñanzas que nos ayudan a fortalecer espíritu y mente.

Aunque lo ideal es emerger fortalecido de toda circunstancia, lo cierto es que somos seres con estados de ánimo, con días y con experiencias que varían de lo bueno a lo malo, de lo fenomenal a lo adverso y nosotros mismos somos quienes etiquetamos nuestras vivencias con rótulos de felicidad o tristeza, de amargura o de dicha, lo que nos mantiene en un perenne estado de altibajos emocionales que nos desgastan hasta el agotamiento.

Una amiga me dijo que para superar esto y evitar el colapso hay que ocuparse en buscar el equilibrio que no es más que el punto exacto en el que se enlazan armoniosamente cuerpo, mente y alma para establecer el balance perfecto entre obligaciones y placeres, compromisos y diversión, pasión y razón; lograr el equilibrio es una habilidad que nos ayuda a conseguir una vida más feliz, saludable y plena pero que requiere mucha paciencia, práctica constante y dedicación. El punto de equilibrio no es el mismo para todos y tampoco significa tener todos lo mismo y en igual medida, cada uno debe encontrar el espacio en el que su fuerza interior sea tal que no se deje afectar por tempestades pasajeras, viviendo cada día en un estado de armonía con quién es, lo que hace, lo que siente y lo que tiene sin permitir que le afecten las situaciones negativas que suceden a su alrededor.

Yo aún voy en pos del ansiado equilibrio y lo intento alcanzar con el apoyo de mi familia que ha estado conmigo en momentos de tristeza y felicidad, me han visto crecer, transformarme, triunfar, tropezar y me aceptan tal y como soy; he recibido la ayuda de mis amigos quienes me han enseñado a disfrutar de la vida, a reír y a no ser tan duro conmigo mismo, también he aprendido a resolver aquellos conflictos y situaciones que me mantenían atado al pasado y he aprendido a aceptar, a perdonar y a dejar ir para así superarme y gozar la vida con sus dificultades y sus infinitas bendiciones.

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