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ricardo-mendez-ruiz

Ilustración de GuilleNo valoramos lo que tenemos, hasta que lo perdemos. Estamos por recibir una nueva lección a ese respecto ante el inminente retiro del Ejército de su participación en las tareas de patrullaje conjunto, que realiza con la Policía Nacional Civil, además del desmantelamiento de los destacamentos militares en los puntos de mayor delincuencia en las zonas urbanas del país.

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Quedaremos en manos de la PNC, y también a su merced. Y es que si algo nos causa tanto desasosiego como un delincuente, es un policía, al contrario de lo que sucede con la presencia de un soldado. No en balde las encuestas serias, como una realizada por Prensa Libre, demuestran que más del 80 por ciento de la población confía en su Ejército. Esto a pesar de la labor de desinformación que realizan desde hace décadas, quienes dicen defender los derechos humanos. Personajes que, como Helen Mack, han tenido en sus manos la Reforma Policial, que en realidad solo ha servido para ordeñarle al Estado muchos millones de quetzales y hundir a la PNC en el anacronismo y la corrupción.

“A diferencia del Ejército, la PNC carece de disciplina, tradición y espíritu de cuerpo.”

Mientras no se militarice la Policía, esta seguirá siendo ineficiente y corrupta. Los ejemplos en Latinoamérica acerca de la eficiencia de la policía militar son patentes; quizá los más notables son los Carabineros de Chile y la Policía colombiana. Recuerdo bien cuando en los albores de la PNC se trató que viniera un equipo de carabineros chilenos a entrenar a los nuevos y a los reciclados policías. La izquierda puso el grito en el cielo porque venía la policía de Pinochet y el resultado está a la vista, con una institución que da vergüenza, haciendo las obligatorias y escasas excepciones.

A diferencia del Ejército, la PNC carece de disciplina, tradición y espíritu de cuerpo; valores que hacen prevalecer a la institución armada, y le permiten soportar el paso de líderes mediocres por la cartera de la Defensa, como es el caso del actual ministro, el general Williams Mansilla, que ha llegado al colmo de traicionar a los veteranos de guerra, entregándolos a una justicia ideologizada, pasando sobre información catalogada como secreto militar y para colmo, el ministro no ha colaborado, como es su obligación, en la defensa legal de los veteranos que hoy son prisioneros políticos, además de haber abandonado en la cárcel al coronel Juan Chiroy y a sus soldados. ¡Ah! Pero para pagarle a José Rubén El Puyo Zamora enormes cantidades mensuales en concepto de extorsión, el dinero le sobra al general Mansilla. Dinero de los impuestos de los guatemaltecos, que al Puyo Zamora le sirve para darse un estilo de vida que jamás podría permitirse con su periódico, permanentemente en quiebra.

Con la complacencia que caracteriza al general Williams Mansilla, dobló las corvas ante la presión de la izquierda -de la que él y algunos generales son vergonzosos aliados incondicionales-para dejar la vía libre a la delincuencia y a los policías corruptos al ceder ante la exigencia del retiro del Ejército de los patrullajes conjuntos. No les importa a esos militares compartir la mesa con Mario Polanco, el responsable del encarcelamiento ilegal de 18 veteranos de guerra hace un año, y exhiben sin pudor alguno su relación con el director del GAM, sindicado de un enorme desfalco al Programa Nacional de Resarcimiento. Pronto se va sentir la ausencia del Ejército en las calles de nuestras ciudades. Recordemos entonces a los oenegeros, que llevan a cuestas la responsabilidad de quienes han muerto y de los que van a morir, debido a la ineficiencia de la Policía.

 

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