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El Reino de España se resistirá

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Por: Sebastiá Barrufet Rialp

Sin embargo, se habla bastante menos de lo que ocurriría con el resto de España, una vez que Cataluña se independizase. Y, sin embargo, con independencia de que creamos o no que todos los españoles tendrían derecho a votar en un hipotético referéndum de independencia de Cataluña, sí que es evidente que la independencia también nos concierne a los demás, y tendría consecuencias de peso sobre el resto de España.

Si no hay debate sobre esta cuestión se debe, en buena medida, a que aquí sí que existe un consenso en cuanto a que las consecuencias serían muy negativas. Desde luego, en lo económico, y no solo porque Cataluña sigue siendo el motor de la economía española, o por su dimensión poblacional (ocho millones de habitantes), sino porque muchos de los argumentos contrarios a la independencia (descenso de los intercambios comerciales, dificultades para pagar la deuda, etc.) también se le podrían aplicar a España.

“Cataluña sigue siendo el motor de la economía española.”

Y lo mismo cabría decir, por cierto, del argumento predilecto de la cuñadología española, ese de “¿y con quién jugaría la Liga el Barça, con el Mollerussa?”. Imaginemos el apasionante escenario de una Liga española en la que el Real Madrid ganase nueve de cada diez años. Desde el punto de vista político, la independencia de Cataluña tendría una primera consecuencia evidente: a partir de entonces, el cómputo electoral habría de hacerse sin contar con las cuatro circunscripciones catalanas.

Este factor por sí mismo, teniendo en cuenta el impacto poblacional de Cataluña en España (en torno al 20% de sus habitantes), cambiaría significativamente las cosas. Porque Cataluña ha sido siempre, históricamente, uno de los principales “agujeros negros” de la derecha española, en parte a causa de que esta ha de competir con CiU por el voto conservador. También ha sido, junto con Andalucía, uno de los dos grandes graneros electorales del PSOE (aunque esta situación, como a nadie se le escapa, ha cambiado en los últimos años, dado el enorme deterioro de las expectativas electorales del PSC).

Para hacernos una idea: si analizásemos los últimos resultados electorales en España y restásemos los escaños correspondientes a Cataluña, el PP habría obtenido la victoria en las elecciones de 2008 y prácticamente (un escaño menos) habría empatado con el PSOE en las de 2004. Por supuesto, estas cuentas podrían variar en el futuro, a la luz de la debilidad electoral del PSOE y del PSC; pero no parece muy probable, en cambio, que varíen las pobres expectativas electorales del PP en Cataluña.

En resumen: lo único que es seguro es que nada lo es, salvo que, se independice finalmente Cataluña o permanezca en España, es poco previsible que el marco de convivencia establecido en la Constitución de 1978 se mantenga. O bien porque haya que acometer una reforma constitucional para tratar de minimizar la insatisfacción de muchos catalanes (una cuestión ante la que ni siquiera el PP se cierra en banda), o bien porque la reforma se haga inevitable tras la eventual secesión catalana. En un sentido u otro: recentralizador o federalista

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