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El Padre – siervo bueno y fiel

El día lunes 12 de diciembre nos enteramos de la noticia del paso del Padre a la vida eterna, ¡a un cielo muy alto! El Padre, Monseñor Javier Echevarría, estuvo en la Tierra, y ahora vuelve a estar en el Cielo, muy cercano a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y al Beato Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría, tenía 84 años y había ingresado al Opus Dei desde que tenía 16 años: toda una vida dedicada a anunciar el reino de Dios por medio del servicio al prójimo en muchos, muchos países.

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Tuve la oportunidad de conocer personalmente al Padre en el año 1983 y luego volver a verlo en los años 1988, 1999, 2000 y 2014… fueron breves encuentros en cuanto a tiempo pero muy significativos en cuanto a contenido: la importancia de santificarnos en medio de nuestras diarias actividades, un mensaje siempre claro, propio de los siervos buenos y fieles … además, tuve la oportunidad de leer todas las cartas que escribía y nos enviaba cada principio de mes por aproximadamente 22 años.

“Tuve la oportunidad de conocer personalmente al Padre en el año 1983.”

El 21 de enero del año 2000, siendo Rector de la Universidad del Istmo, tuve el honor de participar en el acto donde lo nombramos Presidente Honorario de dicha Universidad y el 21 de julio de 2014 y también tuve la oportunidad de asistir al acto donde bendijo las instalaciones del campus de Fraijanes; en esta ocasión nos escribió: “rezo para que en la Universidad se haga una labor intelectual de mucha altura, cristiana, que impulse a todos a ser muy fieles al Señor, y grandes servidores de la sociedad guatemalteca”.

El lema “saber para servir” de la Universidad del Istmo (UNIS) ciertamente era diariamente vivido por el Padre. A raíz del trágico fallecimiento de nuestro hijo Hans, mi esposa, su esposa y sus hijos, recibimos una carta personal del Padre fechada 21 de julio de 2016 (exactamente dos años después del día de la inauguración del campus de la UNIS en Fraijanes) … me impresionaron las palabras que nos escribió en el tercer párrafo: “La Providencia, en su infinita sabiduría, permite estos sucesos, que para nosotros son verdaderos mazazos, y los vemos —insisto— como parte de su designio redentor. Procuremos amar con todas nuestras fuerzas la Voluntad divina, repitiendo el hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas. Amén, Amén.”

Y el Padre, como siervo bueno y fiel, también se esforzaba por cultivar esa labor intelectual de mucha altura, cristiana que nos impulsa a ser muy fieles al Señor… esa labor que permite que el final de las obras sea alcanzado con excelencia… El Padre, además, nos “lideraba” con eficiencia y eficacia por medio de su dedicación pero, sobre todo, por medio de su amor y ejemplo diarios… el Padre, y ahora utilizo palabras del Papa Francisco, siempre construía puentes y no muros… cuando conversaba con una persona nunca mostraba prisa ni mucho menos miraba el reloj… el Padre estaba allí para cada uno de sus hijos e hijas y para cada persona que se le acercaba.

Quiero terminar escribiendo algo que nos dejó escrito, en una estampa del Cristo Negro de Esquipulas, durante su visita de enero del año 2000: “Señor, Dios mío, en tus manos abandono lo pasado, lo presente y lo futuro; lo pequeño y lo grande; lo poco y lo mucho; lo temporal y lo eterno”. El Padre, con gran humildad, al igual que los Reyes Magos (Hombres Sabios, en inglés), siempre se dejó guiar por la estrella…

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