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170108 los cazadores de vampiros

Comienza el año y me llamó la atención que mucha gente colgaba en las puertas de sus casas, ramas con cabezas de ajo.  Bueno, pensé, substituir los adornos navideños, tan vistosos y coloridos, por cabezas de ajo, me parece no solo raro, si no me remonta a principios del siglo 19 a Transilvania y la historia de Drácula o más atrás, cuando Moisés mandó a marcar cada puerta de sus casas para que la muerte (la décima peste) no matara a los primogénitos de los hebreos, y por el contrario sucumbieron los primogénitos de los egipcios, como consecuencia de no hacer caso de liberar al pueblo de Dios.

Aquella tragedia convenció a los egipcios que liberaran al pueblo de Moisés porque era la voluntad de Dios y el Faraón no era más que un humano, no obstante que lo miraban como Dios. Pero ya no es el día de los inocentes,y la marca. No encontré en el Antiguo Testamento que haya sido un manojo de ajos, intrigado me acerque a la tienda de don Pablo, dueño de un próspero negocio, que vende a la vez, abarrotes, frutas, tinta china, conos para coser, y cuanta cosa se le pueda ocurrir a los vecinos, abasteciendo también de tortillas a los de la cuadra. La casa, donde existe este portento de abastecimiento, está en una esquina, es de tres pisos y allí habitan todos los de la familia Saquij, y algunos otros que emigraron del altiplano y descubrieron que, aun poniéndole un sobreprecio a los productos, los vecinos les caen muertos todos los días.

El único problema del negocio es que los pandilleros lo han transformado en su coto de caza particular, y sitio de abastecimiento de teléfonos celulares, billeteras, cadenas, relojes y cuanto objeto de valor lleven los desprotegidos ciudadanos. Mire, don Pedro, pregunté al dueño del maximercadito, Y por qué las cabezas de ajo, inquirí sorprendido, ya no tengo don Edmundo, me respondió, adelantándose al verdadero sentido de mi pregunta por la inusual y repentina reacción de compra frenética y colectiva de la peculiar especie. Ah don Edmundo, me dijo persignándose aprisa y viendo para todos lados, No vaya a ser que hayan vampiros por estas cuadras y los vengan a cazar. Entre tomándolo más en broma que en serio, alcancé a hacerle el comentario, es lo único que nos faltaba don Pedro, pero el dentista que vive frente al parquecito, sin ser invitado a la plática, agregó … Y que más quiere, don Edmundo: Corruptos que se reproducen como pulgas en perro lanudo. Diputados en proceso de que los desafueren, totalmente acobardados y con las manos arriba y el pantalón a medio bajar, deseando que les presenten de nuevo las Reformas Constitucionales al sector justicia, antes que les quiten su curul, y evitar que las aprueben los domesticados suplentes.

Ministros que presentaron su queja de amenaza de despido a todas las instancias poderosas, menos al Presidente de la República para que los confirmaran… y les funcionó. Amenaza de paro de transporte pesado, que advierte a los ciudadanos que se abastezcan de comestibles, porque va a estar grueso el movimiento. Irresponsable y provocadora elevación de precios a los combustibles y gas propano, no obstante que situación similar está provocando graves reacciones populares en el vecino México que ha motivado el saqueo y vandalismo en los comercios de la capital y amenaza con extenderse a todo el país. Manifestación de los maestros el día en que debieran iniciar labores docentes. Elevación de las tarifas eléctricas, reduciendo el límite del consumo social, listas de útiles escolares carísimas en los antropófagos colegios particulares que controlan el 80 por ciento de la Educación en el país y que junto con los uniformes, que cambian cada año, solo ellos se los pueden vender a los esquilmados y pacientes padres de familia, frente a la ausencia total del Ministerio de Educación y de refilón la Diaco y el Ministerio de Economía, que una vez abandonada la Educación Pública por consigna parecen socios de los establecimientos privados y no tutores educativos de la juventud guatemalteca.Apresurados magistrados, tramitando antejuicios a granel, antes de que les obliguen a conocer los enderezados contra ellos mismos.

Dispuestos a entregar al último mohicano, para que lleve su propia tienda de campaña y oficializar como presidio el Campo Marte. Algunos empresarios juntando sus pistíos para invertirlos mejor en Nicaragua, cuyos dirigentes marxistas estimulan más la inversión de sus capitales, que los ahijados de la propia Embajada de los Estados Unidos en nuestro país. Yo, ya me había casi olvidado de los vampiros, pero al doctor le hervía la boca, haciendo recuento de los males, que a su juicio, según dijo, pueden concluir este año en una incontrolable explosión social, según premonizó y cuando yo ya estaba a punto de pedirle pelo, cortó su incendiario discurso y poniéndole fin, exclamó sonrojadode la ira… En fin, don Edmundo, el país transformado en un laboratoriode gases tóxicos más peligrosos, creo yo que los propios vampiros. Me habían avisado esa mañana que fallecida la esposa de un ilustre amigo mío, tenía de manera urgente que acompañarlo en la funeraria para ofrecerle mi sentido pésame, situación que apresuró mi retiro sin mayor pretexto de aquel interesante grupo dejando ya como su líder reconocido al incendiario doctor.

Cumplidos los menesteres del pésame y compartiendo la pérdida de la familia Arredondo, busqué un sitio, para acompañar más tiempo a mi querido amigo, momentáneamente en tan difícil trance. Y allí estaba Pepe, mi querido y viejo compañero de aventuras y andanzas ciudadanas y tambiénel hermano de Arriola, un escritor brillante, afanado en escribir la historia del doctor Arévalo y también mi querido pariente Rodolfo hijo de Amandita, prima de mi madre, y sin pensarlo me sumé al grupo. Conversando de viejas jornadas, otro de los allí presentes, se acercó a nosotros y directamente dirigiéndose a mí me dijo: Mire, don Edmundo, dando por sentado que un grupo así, seguramente platicaba de política y con desparpajo, sin medir mi reacción afirmó, ya que lo encontraron los de Siglo.21 y regresó a estas lides, y teniendo fama de conspirador, me confrontó sin recato. Antes de que continuara y estimulara la facultad auditiva de alguno de los presentes con vocación de testigo protegido, frené con una sola oración, la imprudente invitación.

Eso de botar gobiernos ya no está de moda usted, le contesté, tratando de recordar su nombre. No, vos, terció un amigo que había escuchado la inesperada insinuación. Antes, dijo, aquellos que te conté eran un recurso frente al desmadre, pero ahora ni Ejército tenemos y los altos oficiales se hacen ingenieros, abogados y hasta promotores comunitarios, para decir su nuevaprofesión al salir del Army, agregó con cierta tristeza y la policía. Si se pensara en ella. Que no faltaráun loco, comenzarían por linchar  a sus propios jefes y al Ministro de Gobernación. Ya te imaginás de Jefe de Estado a un Comisario de la 13. Finalizó con sorna. A la puchis, alegué, mejor nos quedamos como estamos— ¿Y como estamos, pues? refutó quien había iniciado la conversación… recontra Jodi… pretendí completar la clásica protesta,cuando continuó, sin permitir mi interrupción. Eso lo sabemos y lo sentimos todos, don Edmundo,pero fíjese que a mí se me ocurre todo lo contrario de lo que están pensando. ¿Cómo así?, respondí aún más intrigado. Sí, don Edmundo, dijo muy entusiasmado…Yo lo que sugiero es un golpe al revés. ¿Cómo así?, dijimos todos casi al mismo tiempo con tremenda cara de sorpresa. Yo creo, continuó, que el único que está secuestrado aquí, don Edmundo, es el mismo Presidente, es más, imagínese usted, sus oficiales que como guardia pretoriana, por cientos y con gran capacidad de fuego, tienen como sagrada y casi exclusiva misión cuidarlo frente a cualquier situación, sin mayor resistencia ni confirmación, permitieron que catearan su residencia oficial. Fíjese, don Edmundo, me recordó el episodio.

Y qué tal si hubieran llevado insignias, chalecos y credenciales falsas… no solo lo hubieran botado, quizá hasta se lo hubieran tronado, don Edmundo, exageró convencido su aseveración. Yo de Jefe de la SAAS, no lo hubiera permitido. Hasta no desarrollar protocolos de verificación y en su caso, creo que ni siquiera así, lo hubiera permitido, insistió en su acalorada versión. Imagínese, usted, que nuestro Jefe de Estado estaba en Junta de Gabinete, y según lenguas ligeras, cuando el incidente, comentan que quien lecomunicó el hecho, fue su Ministro de Relaciones Exteriores, ya en proceso o consumado el cateo. Y elde Gobernación, sería que tampoco sabía lo que iba a suceder… Seríael colmo, don Edmundo. Solo para que le demos vuelo a la hilacha, imagínese a don Trump, en la Casa Blanca en iguales circunstancias y al Embajador de Guatemala, contento con esa acción. Y en medio del velorio nadie pudo resistir una discreta carcajada. Por eso mi propuesta en este lugar, seguramente el menos indicado,meditó razonablemente, sea para sugerir que se debiera conspirar, pero para devolverle el cargo al Presidente. Concluyó su inesperada iniciativa. No pude resistirme a narrarles una anécdota para ayudar a digerir la sorpresiva propuesta. Se le acredita a don Pepe Figueres, padre y Presidente de Costa Rica, inicié con cierto tono doctoral para apaciguar los ánimos, que eufóricos con el triunfo de la Revolución de 1948, por cierto fue el movimiento que abolió el Ejército tico, y lo transformó en una guardia civil, aclaro, me apresuré a cortar el relato, que solamente de nombre, agregué con malicia, porque está más militarizada y equipada que nuestro maltrecho Ejército.

Continué el relato.Producto de su exaltada condición de triunfadores, por cierto, don Pepe,en su finca La Lucha, me enseñó  una de las armas, con las que el doctor Arévalo, contribuyó al éxito de la revolución, y continué, sintiéndoseagredidos, como repúblicas bananeras muy lastimadas por el imperio, que sí las cosas se ponían enpeores condiciones, no sería mala idea, declararle la guerra a los Estados Unidos de América, recién salidos de la Segunda Guerra Mundial. Agudo y brillante como era, y parano desanimar la reluciente valentía de sus ministros, cuenta la leyenda que le respondió al inquieto guerrerista. No me parece mala idea, sería magnífico, pero antes quisiera solamente que me contestaran a una interrogante: los miró uno a uno fijamente y sin más trámite les preguntó ¿Y qué hacemos con los Estados Unidos de América, si ganamos la guerra? El mutis fue total, abortando el espíritu bélico de los precoces revolucionarios. – Ya qué viene la anécdota don Edmundo, repuso molesto el proponente de la idea. – O acaso a usted no legustaría la idea de que el Presidente asumiera efectivamente el mando. Porque fíjese usted que él se atribuye la lucha contra la corrupción, pero la gente, frente a la osado protagonismo del ente encargado de la Persecución Penal y su poderosísima institución de apoyo, se la adjudican a ellos, les rinden homenajes a ellos, les dan recursos a ellos, los condecoran a ellos y al Presidentele acreditan porcentajes de simpatía y respaldo popular francamente deleznables y en caída perpetua.

Será que el Presidente cree que él es el principal soporte de esa políticade Estado, cuando al catearle su propia residencia, lo señalan como eventual perseguido- O acaso, don Edmundo, se imagina usted, a cualquierpresidente, sometiendo a consideración de organismos ajenos al ejecutivo, la facultad personalísimade realizar nombramientos, cuando ellos mismos, la gente del ejecutivo, pregonan que los someten a consideración de organismos y legaciones extranjeras sin ningún respaldo legal ni mandato popular para usurpar esas funciones. O, no le agradaría a usted don Edmundo, ver a su presidente, defendiendo la soberanía nacional, sobre la base que las relaciones internacionales se fundamentan en el respeto entre naciones, partiendo de la tesis de las Naciones Unidas, que una Nación es dueña de un voto, sin medir su poderío militar, político ni territorial.

Por lo menos, don Edmundo, aunque sea para taparle el ojo al macho, debieran ser más discretos, quienes se pliegan incondicional e interesadamente a la más prepotente intervención al Estado de Guatemala, de manera directa franca y despótica que recuerda la triste historia de nuestro siempre pisoteado país. O acaso, don Edmundo, es usted indiferente, a que el valor de la Soberanía Nacional, le digamos a nuestros niños en nuestras escuelas que no es más que una estrofa de nuestro himno nacional, y que una estrofa más o menos, se puede obviar de acuerdo a los vientos que soplen del norte. No, don Edmundo, la persecución a la corrupción, debe ser tasada para los corruptos, pero no para toda la nación. La suplantación y amenaza a los Organismosdel Estado, porque son Organismos, de acuerdo a la Teoría de Estado, sostenida por Kelsen el gran tratadista alemán. No son poderes, los poderes son antitéticos por naturaleza, implican confrontación y ejercicio particular de parcelas de poder. Los Organismos exigen una interrelación orgánica que no persiga la confrontación sino la armonización de políticas de Estado que busquen el bien común.

Nadie puede chantajear a un Organismo del Estado legítimamente constituido, si no lo permiten quienes han sido investidos de esa dignidad por el ejercicio de la Soberanía Popular. Nadie, don Edmundo. Pero aquí, la vara de la ley no es disuasiva, ni siquiera correctiva, es amenazante para el ejercicio de un poder que respaldado por razones históricas, poderosas, y mediáticas, confunde la gimnasia con la magnesia, haciendo de la imputación una sentencia, generalizando la persecución a la corrupción como un instrumento controlador, que pasa por poner agentes especiales en la administración, que segundones o tercerones, ejercen un poder mayor al del titular del cargo. ¡Qué vergüenza, don Edmundo! Después de escuchar aquella perorata, que me hizo sentir un poco avergonzado. Medité lo que tenía que decir, y me recordé de Figueres, y serio y solemne afirmé. Me parece su propuesta interesante, y yo diría que de acuerdo a su punto de vista, hasta una conspiración urgente. Solo quiero hacerle una pregunta… ¿¿¡¡Y si el Presidente no quiere, si se siente cómodo con su papel¡¡?? Y terminé recordándome otra vez de los manojos de ajos… y pensé… acabarán por cazarlo… los cazavampiros

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