El Siglo

Despedida

Durante 16 años he publicado una columna semanal en Siglo.21. También escribí en Magacín 21, que era el suplemento dominical de este diario. Puedo decir con certeza que he recibido más de Siglo.21 de lo que yo pude haber aportado. Nunca tuve limitaciones para expresar mi opinión y siempre me sentí parte de la familia Siglo.21. Pero todo tiene un fin. Los ciclos se abren y se cierran. Motivos personales y otras prioridades me llevan a terminar mi colaboración. Otras tareas y desafíos profesionales me esperan en el 2017. Me voy satisfecho y terminó con agradecimiento.

Debo también dar gracias a mis lectores, a los fieles y a los detractores. Todas las opiniones fueron importantes para mí. Los lectores de un medio son lo más importante del medio. Debo agradecer profundamente a los editores y correctores. A todo el digno personal de Siglo.21. ¡Gracias, colegas! Vivo desde hace décadas en Europa, en Estocolmo, pero no por eso he renunciado a mi guatemalidad. Mi interés por el país es permanente. De esta manera traté en mi columna temas que creí puntuales, sobre todo en torno a la construcción de la democracia en Guatemala y los peligros y obstáculos que existen para su desarrollo y concreción plena. No dudé en poner el dedo en la llaga de lo que he considerado injusticias sociales, impunidad y corrupción. Estuviera donde estuviera, viniera de quién viniera. El sano y verdadero periodismo de opinión no tiene amigos.

“Tengo respeto de las opiniones que no comparto si estas son genuinas y consecuentes.”

La ética, como la poesía y el arte, no se vende porque no se vende. He tocado cientos de temas relacionados al país, con frecuencia controversiales y siempre críticos mis textos. Pero nunca, y repito nunca, he ofendido a nadie. He atacado argumentos no personas. Abomino las falacias ad hominem, la hipocresía, los falseamientos. El derecho al disenso es democrático. La posibilidad de confrontar ideas lo es también. Tengo respeto de las opiniones que no comparto si estas son genuinas y consecuentes a sí mismas aunque no tengan nada que ver con mi visión del mundo y mis perspectivas.

De ahí que vale repetir de nuevo la vieja y muy válida proclama de Voltaire: “Aborrezco vuestras ideas pero seré el primero en defender vuestro derecho a expresarlas”. Tienen una grandísima responsabilidad los medios. La libre expresión es esencial para la construcción de la democracia. En realidad podría afirmarse que son dos caras de la misma moneda. La democracia permite la libre expresión y la libre expresión a la democracia.

La verdad es la primera víctima de la guerra, decía el periodista norteamericano Hiram Johnson en un lejano 1917. Mas no se puede nunca mentir eternamente. En Guatemala 589 osamentas encontradas en la base militar de Cobán claman justicia. Finalmente, no hay democracia sobre la base de la corrupción estructural. Se ha avanzado mucho gracias a la eficacia y valentía de los fiscales y los jueces. Pero asoman nubarrones negros. La bestia está viva. Adiós, amigas y amigos. Seguiremos en los caminos guatemaltecos. Mi correo privado: aladinomas@hotmail.com

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