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La ética del emprendedor

La ética del emprendedor
Por: Pablo García

Mercado  Hablar de dinero y finanzas muchas veces desvincula el papel esencial que cada individuo realiza

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La ética del emprendedorEl manejo del capital, a través del mercado y la competencia, debe actuar con eficacia y eficiencia para obtener beneficio y crear riqueza. Pero el capital le pertenece a personas y el mercado está integrado por personas, y son las personas las que actúan con eficacia y eficiencia, y el beneficio y la riqueza o las pérdidas y el riesgo lo asumen personas.

Hablar de dinero y finanzas muchas veces desvincula el papel esencial que cada individuo realiza. Cada persona juega un papel esencial,  cada individuo tiene una dignidad que debe ser respetada. Incluso por encima del beneficio, la eficiencia, el mercado y el capital. De esto se trata la ética y la moralidad pública. La deontología profesional, entonces, la definen como el conjunto de normas y valores que regulan las relaciones entre los hombres y mujeres, para actuar bien,  para obtener el bien común como meta, en el ejercicio de su profesión u oficio.

LA ÉTICA CLAVE

Como hombres y mujeres de negocios,  la ética es el único camino bueno y legal para producir bienestar social y justicia, que es la legitimidad del capital y el beneficio. Por ello es una responsabilidad social de todos, que viene siendo el único límite a la libertad de acción y gestión empresarial. Hoy en día, le exigen a toda persona también ser responsible con nuestro medio ambiente.

La ética no sirve para distinguir entre los actos o personas buenas y malas sino, más bien, lo que busca es que todos y todo sea mejor, a la sociedad más saludable, feliz y próspera, y al mercado un lugar más humano y justo. Hoy, más que nunca, el emprendedor no debe olvidar ni dejar de practicar las virtudes y su código de valores para vivir en sociedad y trabajar en el mundo de negocios. Estos principios son: la prudencia,  la justicia, la fortaleza y la templanza. Hay muchos más valores dentro de las visiones y códigos éticos de las empresas de hoy,  y los usan y ponen en práctica, adquiriendo cada empleado y emprendedor un compromiso moral.

En la actualidad, la ética es muy rentable porque genera una imagen positiva, credibilidad pública, liderazgo, ánimo de permanencia y autoridad e integridad en el mercado. Es necesario que más personas y empresas adoptaran y publicaran códigos de ética para definir su conducta empresarial y que los códigos de ética se extendieron a los medios de comunicación, las escuelas y universidades. Guatemala hoy en día urge y exige mejoras en todo. Por ello,  compartimos una serie de normas de conducta en forma de decálogo.

El primer mandamiento es hacer el bien y evitar el mal. Trabajar para el bienestar social, cumplir con todas las leyes, en especial con todas las leyes fiscales, comerciales y financieras. El segundo mandamiento es respetar la palabra dada. Respetar el apretón de manos, actuar siempre de buena fe, no aceptar ni encubrir faltas de ética propias o ajenas, pagar los compromisos a tiempo.

El tercer mandamiento es buscar la excelencia. No aceptar que tensiones o cansancios puedan perjudicar a la empresa o a terceros, devolver a la sociedad gratuitamente algo de que la sociedad nos da, participar en la sociedad que nos rodea, procurar la calidad y la excelencia en el trabajo y los productos y servicios que se prestan, estar siempre actualizado en los conocimientos y buenas prácticas. El cuarto mandamiento es respetar la jerarquía. Guardar fidelidad a la empresa y a sus normas, a los clientes y a los proveedores, a los competidores, formar a subordinados, empleados y jóvenes con solo el mejor conocimiento.

RESPETO A LA PERSONA

El quinto mandamiento es respetar la dignidad humana. De todos los participantes en el proceso productivo, no aceptar ni imponer la ley del más fuerte, garantizar la sanidad y seguridad de los productos y servicios, no crear conflictos de intereses, no aprovecharse de las necesidades humanas elementales.  El sexto mandamiento es no discriminar a nadie. Dar a cada uno lo suyo, no discriminar el seno, la raza o las creencias, no abusar del menos favorecido, pagar lo justo a trabajadores y a tiempo.

El séptimo mandamiento es respetar los bienes ajenos. No desposeer a nadie ilegítimamente de lo suyo, respetar el medio ambiente que es de todos,  no prevalecer, no cohechar, no alterar indebidamente el precio de las cosas, no pagar comisiones indebidas. El octavo mandamiento es respetar siempre la verdad. No mentir, no ocultar hechos relevantes, guardar discreción, reserva y secreto obligados, no utilizar información interna, confidencial o privilegiada, mantener la independencia e imparcialidad profesional.

El noveno mandamiento es generar valor agregado con el trabajo. Rendir en el trabajo lo necesario,  no holgar cuando se debe trabajar, no aceptar dinero no ganado justamente, no especular si no se genera beneficio real. El décimo mandamiento es repartir el beneficio con justicia. Para retribuir al capital y a los trabajadores, para incrementar la inversión productiva, para contribuir a las necesidades generales, para proporcionar más felicidad a las personas y resguardar la convivencia pacífica en sociedad.

Si cada persona y emprendedor cumpliera a cabalidad con cada una de las exigencias éticas de este decálogo, desaparecería la corrupción, la delincuencia. Los emprendedores y las personas ganarían en prestigio, respeto,  credibilidad y eficacia. Es importante resaltar que los límites éticos existen para garantizar los derechos humanos y la convivencia pacífica. Cuando nadie los cumple se vive en caos y en un mundo lleno de violencia e inseguridad. Es nuestro deber cumplir y hacer cumplir a través de presión moral y cumplimiento legal lo establecido aquí. No hay otra manera de lograrlo.

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