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La necesidad de una política económica de promoción de inversiones clara

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Por: Ignacio Andrade Aycinena

El país creció durante el año 2016 a un raquítico ritmo de 3% anual. Una vez descontado el crecimiento poblacional del país de 2.5% anual de país, podemos esperar crecer en términos reales a un ritmo de 0.5% anual, al ritmo actual estaríamos llegando al mismo nivel de producto interno bruto de México de hoy, en 160 años. Se atribuye a Albert Einstein la frase siguiente: “locura es pretender tener resultados diferentes haciendo las mismas cosas. Durante el año 2016 el país brilló por una ausencia de política económica y de promoción de inversión. En lo económico, redujo los incentivos a las exportaciones, amplió la carga tributaria incrementando el cobro de tributos a los mismos contribuyentes, y mantuvo una política monetaria restringida. Amenazó con una reforma tributaria que no materializó, e incrementó la regulación a la inversión privada en materia administrativa cuadruplicando los requisitos a cumplir para abrir un negocio.

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El Estado no invirtió en infraestructura por una parálisis provocada por una crisis política no resuelta. El efecto fue, en lo positivo, estabilidad macroeconómica e inflacionaria, pero sin nuevas oportunidades; pero en lo negativo, un crecimiento en inversión extranjera directa raquítico al igual que el crecimiento del país y la generación de nuevos empleos. Nuestro sector estrella en materia de exportaciones siguió siendo las remesas cada vez más crecientes al país, enviadas por falta de oportunidades de empleo e inversión, sobre todo en el área rural. Para dos mil diecisiete, se anuncia más regulación, con una ley de competencia que más que eliminar barreras al comercio, las incrementa, y una nueva reforma tributaria, que ahuyentan la inversión y el crecimiento económico del país.

El efecto neto de lo anterior será un nuevo año con bajo crecimiento y nuevas oportunidades perdidas. Si a esto aunamos una política migratoria más restrictiva y restricciones a las remesas, como lo ha anunciado el presidente electo Trump, la situación del país entrará en franco deterioro. Claramente, el Estado no es creador de crecimiento por lo que una política de crecimiento inmoderado del Estado es poco lógica y nos puede conducir a un descalabro como Venezuela, basada en una economía de comando y control, y cuyo resultado es que uno de los países más ricos de la región se haya empobrecido al grado de la carencia de los más básicos insumos alimentarios y de necesidades de salud e higiene personal.

Desde ese punto de vista, es necesario un cambio de rumbo. El Presidente de la República y demás autoridades del país deben promover políticas y legislación económicas de apoyo al crédito, al crecimiento económico a la reactivación agrícola, a las exportaciones y a la construcción como generadores de empleo en las avenidas que se requieren para darles un mejor futuro a los guatemaltecos. Este cambio solo puede impulsarse por medio de liderazgo y de iniciativas que promuevan la inversión, la seguridad jurídica y ciudadana, el orden y el crecimiento.

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