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Información para una Nación Libre, Justa y Solidaria

editorial

En el Día de los Santos Inocentes, celebrado ayer 28 de diciembre, creemos que es un momento idóneo para hablar sobre la rumorología, y cómo se difunden las falsedades, por qué nos las creemos y qué se puede hacer contra ellas, si son anónimas y sin fundamento.

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Históricamente hablando, durante los siglos XIX y XXI, los medios de comunicación han sido evidencia del poder de la información y ahora con todo el torrente de divulgación, en una larga serie de rumores, charlatanerías, falsedades, conspiraciones y, de cuando en cuando, alguna noticia valiosa. La información se ha desbordado por las redes sociales y los medios tradicionales y de estos muchos viven inundados. Nunca antes había habido tanta comunicación a nuestra disposición, y jamás hemos estado tan desorientados respecto a cómo gestionarla, juzgarla y evaluarla. Los rumores son posiblemente tan antiguos como la historia de la humanidad y la comunicación. Con la aparición de Internet y las redes sociales, los rumores se han vuelto omnipresentes. Están en todas partes y se repiten automáticamente, casi sin pensarlo, los volvemos más reales.

Los rumores falsos son verdaderamente desastrosos, porque buscan dañar a los individuos, instituciones o empresas, de las que hablan y muchas veces son imposibles de desmentir. Han llegado a destruir carreras profesionales, políticas, cargos públicos y hasta a veces cambiado o botado gobiernos. El filósofo, Simon Blackburn, afirma que “Las sociedades nunca han avanzado saludablemente, ni pueden hacerlo, sin grandes cantidades de información factible fiable”. De cierta manera nos está advirtiendo de los riesgos de ser indiferentes ante el falso rumor, o sea, ante la diferencia entre la verdad y la mentira. No podríamos calcular las consecuencias de aceptar mentiras obvias en lugar de investigar y comprobar informaciones verdaderas porque para la toma de decisiones personales, empresariales e institucionales, es imprescindible poseer y analizar solo la mejor información, motivadas por la razón y la lógica, que nos corresponde como periodistas y como ciudadanos.

El derecho de los ciudadanos a decir lo que piensan constituye uno de los derechos más antiguos de nuestra República, y sin embargo, en la era de las redes sociales y el Internet, es necesario responsabilizar a todos de rumores y mentiras que están diseñadas para destruir lo mismo que nuestra Constitución Política de la República de Guatemala busca proteger, que es la vida, y derechos de sus ciudadanos en libertad y la convivencia pacífica. Una mentira repetida adecuadamente mil veces no la hace más verdadera, pero las técnicas de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del populismo Nazi, se ha clonado en las redes sociales y los medios de comunicación de hoy en todo el mundo.

No es posible negar la responsabilidad que nos corresponde, como parte esencial en una sociedad republicana y democrática. Lo importante de la Cuarta Revolución Industrial es que apenas comienza y aún estamos a tiempo para dotarla de valores y principios éticos que permitan que la verdad sea una virtud, en la comunicación por sobre cualquier interés personal o gremial, y que Guatemala tenga la dicha de tener a solo los mejores analistas y pensadores, periodistas y comunicadores, independientes y responsables de cada letra y cada idea, que presentamos a los lectores. “Información para una Nación Libre, Justa y Solidaria”, como lo indica nuestro lema, aquí en Siglo.21.

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