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Benjamín Godoy Búrbano, habla a 20 años de la Firma de la Paz

Benjamín Godoy Búrbano
Por: Rodrigo Arias

En exclusiva   La opinión  de uno  de los protagonistas  del  conflicto armado  y  sus observaciones  sobre los acuerdos de paz.

“Los recursos  que pudieran utilizarse en beneficio de la población más necesitada, se pierden en un esfuerzo perverso.”

Benjamín Godoy Búrbano
¿Cuál fue la motivación que tuvo  general Godoy para ingresar a la institución armada?

Yo entré a la Escuela Politécnica a la edad de 15 años,  y en esa época, la ilusión era recibir una buena educación; probablemente uno de los mejores lugares para educarse en el campo militar. La realidad es que yo quería ser oficial del Ejército y me animé a estudiar medicina militar, cuatro años después me gradué, lo hice como oficial de Infantería, pero entendiendo qué es lo que hace un oficial, entonces  me quedo en la parte del ejército de tierra. Soy el único militar en mi familia, mi padre fue científico y vengo de una descendencia que siempre ha estado en aspectos de servicio, creo que la actividad de mi progenitor en la sociedad, fue algo de lo que me motivó a ingresar en la academia militar.

¿Cómo ve Guatemala a 20 años de la firma de la paz, tras una guerra que duró 36 años?

Veo mal a Guatemala, para comenzar, en Guatemala no hubo una guerra civil. Hay que reconocer bien los términos. Una guerra civil es cuando todos en el mundo se matan contra todos, como está sucediendo en Siria, en Alepo. El proceso de negociación en Guatemala, fue sui géneris. La realidad es que cuando inicia la negociación, en 1991, ya no había un enfrentamiento, per se. En agosto de 1988 se le informa al presidente Vinicio Cerezo que el tema de la insurgencia ya no es problema de Estado y se le pide que inicie la negociación; sin embargo, permanece sin iniciar la misma. Tras entregar el poder a Jorge Serrano Elías, este inicia, en 1991, las acciones de negociación ante la ONU, y al llegar con el secretario general de la ONU, Boutros Ghali, nos preguntó por qué queríamos un observador, si en Guatemala no hay guerra ni hay conflicto.

De ellos proviene el término Enfrentamiento Armado Interno, nuevas palabras para referirse como  doctrina, acuñado para Guatemala. Eso dio lugar a la designación de un representante del secretario general de la ONU, que fue el conde Colville de Culross.  Pero en Guatemala nunca hubo 36 años de guerra. En 1960 se rebelan unos oficiales en el cuartel Matamoros, salen huyendo y pasan tres años para que inicien algunas acciones de tipo insurgente, es lo que nosotros llamamos la primera campaña o la campaña del Nororiente, que ocurre entre los años 1963 y  1966, esa guerrilla es derrotada allá en el nororiente.

¿Quién lideraba esa guerrilla?

Inicialmente, Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, pero en el período este, la misma guerrilla, un tal alias,  César Montes, su nombre con el que fue inscrito como Julio César Macías Mayora, en un esfuerzo de arribismo, que es una característica en Guatemala, organiza el asesinato de Turcios, ellos matan a Turcios a finales de 1966 y  con la muerte de este y la muerte de Yon Sosa, termina la guerrilla del nororiente.  Los militantes de la guerrilla, salen huyendo hacia las Verapaces con rumbo hacia México, son golpeados, afectados y desbandados en esa escapatoria. Los cuadros de dirigencia adoptan entonces,  un método propuesto en Brasil por Carlos Marijela, que indica que la acción guerrillera debe realizarse en el área urbana.

Benjamín Godoy BúrbanoLa Segunda campaña: de 1966 a 1970

La campaña de la guerrilla urbana, que se caracterizó por asaltos a bancos, secuestros, bombas en edificios, asesinato de líderes empresariales, grandes atentados de tipo terrorista. En abril del 1970 asesinan al embajador Von Spretti, y ahí son prácticamente copados y de nuevo salen al exilio, huyendo siempre hacia México. Entre 1970 y 1975 usted no va a encontrar un solo reporte de acciones bélicas. Ellos vuelven a entrar desde México, el 19 de enero de 1972, como Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), se asientan en el Ixcán durante tres años. Es en 1975 cuando por primera vez accionan con el asesinato de Luis Arenas, el Tigre de Ixcán.

En una acción desesperada, salen y asesinan al Tigre de Ixcán, lo cual inicia la segunda campaña contrainsurgente que tiene lugar en el noroccidente del país que va a durar aproximadamente entre 6 y 7 años entre 1976 y ellos ejecutan en 1983, lo que llamaron eufemísticamente,  una retirada estratégica, buscando los campamentos de refugiados que estaban en México y secuestran a la población  la que llamaron Comunidades de Población en Resistencia (CPR). Esto lo hacen en 1983.

Para 1986 asume el presidente Cerezo, y si Serrano hubiera seguido el formato de Esquipulas II,  no se hubiera prolongado el conflicto ni el gasto relativo al esfuerzo de paz.  En aquellos años, el entrenamiento militar estaba enfocado a la eventual invasión a Belice. Sin embargo, con el terremoto de 1976, todo el esfuerzo se vuelca a la reconstrucción nacional.

Pero el soldado que no anhela entrar en combate, alguna vez, no es soldado. Es como el médico y que en su vida no ha puesto ni siquiera una inyección, entonces, no tuvimos esa oportunidad de entrar en combate en Belice, pero sí estábamos muy preparados cuando surge la insurgencia, que fue más o menos entre 1976 y 1978. Si no hubiera sido por esa preparación para invadir Belice, Guatemala hubiera caído, y nada de lo que usted conoce existiría, porque hubiéramos estado bajo el sistema ingrato socialista, donde no hay desarrollo, prosperidad ni nada.

¿Estamos peor o mejor a 20 años de la firma de la Paz?

Peor, porque se decía que la insurgencia surgía para solventar los grandes problemas del país.  Hoy somos el país más atrasado educacionalmente del hemisferio occidental. Los servicios de salud están colapsados, pero sobre todo, en materia de gobernabilidad.

Entonces, antes se mataban los guatemaltecos, en  nombre del enfrentamiento armado, en nombre de las grandes falencias económicas, sociales y políticas. Desde 1996, el promedio de personas fallecidas, producto de la violencia armada en Guatemala, supera los 6 mil muertos anuales, produciendo un total de 120 mil en la época de la postguerra. En un tiempo en que dicen que se firmó la paz, este país va hacia el despeñadero.

¿En términos de justicia transicional, cree que hay avances?

El estado no puede acusarle con falta de pruebas.  El Estado está obligado a probar su culpabilidad no su inocencia.  Lo que pasa es que, muy hábilmente, están capturando viejos soldados, muchos de ellos en condiciones con enfermedades terribles y cuyos derechos humanos han sido violados tras la presentación de recursos legales por parte de la PDH. Sin embargo, solo en concepto de resarcimiento el Estado de Guatemala ha entregado alrededor de 2,392 millones de quetzales, eso solo la parte del presupuesto nacional, se especula que por parte de la Cooperación Internacional podría ser un monto de hasta el doble. Esto afecta a toda la nación. Recientemente, la CIDH condenó al Estado de Guatemala al pago de más o menos mil millones de quetzales. Ese dinero va a salir de los impuestos de los guatemaltecos.

¿Cuál sería su llamado a las personas que viven del conflicto armado?

Les llamaría cobardes, traidores, apátridas: Ingratos que están destruyendo el país.  Al final el problema más grande es que recursos que pudieran destinarse en beneficio de la población más necesitada, que es la que más debería ser beneficiada por los acuerdos de paz. Se pierden en un esfuerzo perverso. En un resarcimiento cruel que no llega a las comunidades.

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