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Los ciclos de la celebración (1)

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La vida experimenta ciclos de celebraciones que se reproducen a lo largo de sus distintas fases. Aunque de manera inconsciente desde que venimos al mundo somos parte de un conjunto de rituales que festejan la existencia. Así dependiendo de la religión, a la cual lo involucran a uno, puede ser parte de un ritual del bautismo. Testigos asisten al acto del bautismo que generalmente se realiza a los 40 días del nacimiento; el sacerdote en nombre de Dios perdona el pecado mortal que heredamos por la vía filogenética debido a la desobediencia cometida por los primeros seres humanos creados, adquiriendo una especie de ciudadanía religiosa por la vía de llamar por su nombre al infante. Luego, la comunidad familiar más cercana celebra el acontecimiento que da nacimiento al conjunto de rituales de celebración.

Más tarde los niños suelen ser invitados a cumpleaños de otros niños que son familiares, compañeros de escuela, amigos del barrio o hijos de los padres. En los pueblos pequeños donde todos se conocen, asisten casi todos los patojos, sin necesidad de invitación. Estas celebraciones, a pesar que sostienen su carácter formal, se transforman, según condiciones socioeconómicas de las familias. Así las piñatas, otrora organizadas en casas particulares, se llevan a cabo actualmente en secciones especiales de restaurantes, en salones o espacios especiales de las colonias para este tipo de ocasiones. Estas experiencias pueden extenderse a otro tipo de ocasiones como las primeras comuniones, culminación de los estudios parvularios, o primarios. Son tan importantes estas festividades y tan usuales que toda una industria de piñaterías, alquifiestas, carretas de shucos, pastelerías, dulcerías, etc. se observan que crecen como negocios exitosos.

Otra fase de la vida, más formal y vinculada al filtro del sexo lo constituyen las fiestas de 15 años. Entre los 13 y los 18 años, los jóvenes usualmente asisten a fiestas formales que hoy día se hacen en salones, sean de hoteles, edificios, colonias o lugares improvisados. Ahí la importancia se le pone a la vestimenta, al arreglo del lugar, las discos, las luces y hasta los rituales donde los padres quieren participar, ya sea bailando el vals o cambiando de zapatos tenis a los de tacón a las adolescentes, que pasan en el imaginario social a su condición de capacidad de reproducción de la especie. En estas fiestas los jóvenes muestran los cambios que han operado; así sus hormonas, arreglos corporales y búsqueda de experimentar con diferentes bebidas, entrando a un mundo nuevo lleno de experiencias gratificantes, aunque no exentas de desencantos. Usualmente, a los padres les toca el papel de choferes, van a dejar y luego a recoger a sus hijos.

Asociados a la industria comercial de los colegios y hasta institutos públicos, después llegan las graduaciones. Sendas celebraciones que incluyen fiestas y actos de graduación. Las familias de nuevo en el afán de mostrar los avances a los que usualmente esta sociedad asigna un valor, pagan por la celebración que incluye mesas, sillas, bebidas, comidas, salón, conjunto musical, precedido de una ceremonia que incluye la entrega del diploma y el baile donde las parejas son los padres o las madres, con entrada triunfal. Los jóvenes celebran por última vez como parte de un conglomerado al cual le llaman promoción. Aunque menos pomposas son las celebraciones de graduación a nivel universitario, del cual no dudo que tarden en aprovecharse algunas universidades e iniciar nuevas celebraciones. (Continuará)

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