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Trifulcas en los estadios

editorial

Los hechos de violencia en el futbol nacional son aislados, pero cuando se mezcla el fanatismo este puede ser la llama que enciende el fuego. Eso pasó al parecer el domingo pasado en el estadio Pensativo de La Antigua Guatemala, donde el equipo local jugó el partido de vuelta frente a Comunicaciones. Este juego sería definitivo para que uno de los dos pasara a la final, y fue el conjunto antigüeño el que lo logró.

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Las porras mayoritarias en Guatemala se concentran en los equipos capitalinos, Comunicaciones y Municipal. Generalmente quienes están involucrados en estos grupos de fanáticos son quienes han provocado enfrentamientos, aunque en los departamentos no se escucha que haya dichos problemas. Lo cierto es que muchas porras están ligadas directamente a los equipos, incluso en la sede de estos guardan los tambores o les patrocinan los viajes a los estadios que visitan. Se han visto integrantes de porras ingiriendo licor antes de subirse al bus que los llevará a los partidos, aun en la misma capital, o cuando van a los departamentos.

El futbol debe verse como un deporte, donde se sabe que el equipo favorito puede ganar o perder, entonces se debe estar preparado para ello. Desgraciadamente, en el país hay personas que el fanatismo les lleva a enojarse por un partido y les amarga el día hasta a la propia familia. El fanatismo sin duda no es apropiado o recomendable, porque puede incidir en provocar violencia, y después quienes hacen uso de estas malas prácticas terminan en la cárcel.

Hay varias soluciones para contrarrestar estos hechos. Una de ellas, los dirigentes que organizan el espectáculo deben tomar resguardo, como controlar el ingreso de sus aficionados y de los visitantes. Observar que no lleven armas y, si han consumido licor, mejor apartarlos del espectáculo.Deben contratar seguridad privada que coordine esta función y, en el caso de los agentes de la Policía Nacional Civil, deben estar en las gradas y no dentro de la gramilla, porque los problemas se generan dentro del público.

Lo que pasó el domingo en Antigua no debe repetirse, y es bueno que se tomen cartas en el asunto para que no vuelva a suceder. Los equipos, como organizadores de partidos, están en su derecho de no dejar ingresar a quienes se considera pueden causar problemas o daños. El futbol es un deporte para que asista toda la familia, pero si los dirigentes de los equipos no estimulan a quienes llegan, poco a poco habrá más ausentismo en los estadios. Para nadie es un secreto que el futbol nacional es un deporte alicaído, los resultados lo demuestran, ya no se clasifica ni siquiera a la hexagonal para pretender ir a un Mundial, y todas las selecciones fracasan. La gente que está involucrada en el futbol pareciera ver solo sus intereses y no se preocupan por ver de qué manera se crea un proyecto de desarrollo donde se promuevan a futbolistas de mejor nivel, porque el nuestro ya no da para trascender fuera de Guatemala.

 

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