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david-martinez

Después de 123 allanamientos en prácticamente todos los departamentos del país y más de 40 capturas, hemos presenciado una de las operaciones policiales más exitosas en contra de las pandillas.   Lo cual es sorprendente que pase tan desapercibido por la gran mayoría de la ciudadanía.  No hay que olvidar, que hace menos de ocho años,  la estructura del partido Patriota se consolidó ante la fuerte demanda de una respuesta contundente frente a las pandillas.   Lo que le otorgó de forma determinante la victoria electoral al prácticamente extinto PP, fue la expectativa de una política de militarización y de combate frontal contra las pandillas.   Situación que jamás sucedió dicho sea de paso.   

¿Por qué es importante resaltar los resultados de la operación Guate-es nuestra?  Porque demuestra, de una vez por todas, que en realidad no se necesita militarizar las políticas de seguridad para lograr desarticular estructuras del crimen organizado.   Lo que se ha presenciado durante el jueves y viernes recién pasados es la falsedad total del mito construido por la derecha: solamente los militares saben de seguridad.   Toda la operación Guate es nuestra es resultado de una coordinación intra-institucional (instituciones civiles), desarrollada con base en inteligencia recolectada (inteligencia civil) y ejecutada por agentes operacionales (de extracción y formación civil). Es importantísimo reconocer estos aspectos porque, en la sociedad guatemalteca no se necesita mucho para justificar la militarización de la seguridad -sobre todo frente a la violencia de las pandillas- .  Lamentablemente,  al mismo tiempo, pasan desapercibidos operativos que afectan quizá un 25% de la estructura de las pandillas. 

Se dice rápido 25% pero una operación de esta magnitud no es tarea fácil.  Requiere, para empezar,  semanas -si no meses-  de trabajo tedioso para recolectar inteligencia.  Ya sea por medio de agentes encubiertos o escuchas telefónicas, pero se necesita la inteligencia para mapear estructuras, identificar jerarquías y determinar comportamientos.  Cuando se tiene la inteligencia necesaria para realizar el operativo, se necesita también la certeza suficiente que evite la filtración de información.  Esto no es una tarea sencilla pero ha resultado posible. Hay que mencionar además que, el hecho de que esta operación se haya realizado sin ningún tipo de confrontación demuestra que las estructuras de extorsionistas y pandilleros no habían recibido el tradicional chivatazo.   Lo que significa que las cosas han comenzado a cambiar dentro de las estructuras de seguridad. 

Se abre la posibilidad para ir discutiendo la posibilidad, de retirar al Ejército de las tareas de seguridad interna.  El aspecto no es solamente una consigna de izquierdas sino uno de los puntos medulares incluidos en la Agenda para la Prosperidad que auspicia el gobierno estadounidense.  Los Estados Unidos tienen muy claras dos cosas: 1) El historial de corrupción (así como de violación a los DDHH) que caracterizan a los ejércitos latinoamericanos y, 2) el enorme error que ha significado involucrar a los ejércitos en tareas de seguridad interna (buena parte de este cambio de percepción proviene de la fallida experiencia del Plan Mérida).   Pero de nada sirve, tener la percepción correcta (los militares no están entrenados para lidiar con la ciudadanía) si las instituciones civiles no comienzan efectivamente a desprenderse de los vicios de inoperancia, lentitud y corrupción del pasado.  Parece que la actual gestión en Gobernación y en la PNC está rompiendo precisamente con ese paradigma. Esto es un proceso que debe acompañarse profundizando los apoyos por parte del gobierno central.  Pero mientras tanto,  es algo para celebrar.

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