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Oro negro o nube negra

Por: Eduardo Weymann

Los 14 miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) (Argelia, Angola, Ecuador, Indonesia, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela y Gabón) llegaron el pasado 30 de noviembre al consenso de recortar su producción de petróleo, alcanzando así el objetivo de elevar el precio del crudo que estaba, hasta antes de este acuerdo, a la mitad de lo que estaba hace dos años. La OPEP controla alrededor del 43% de la producción mundial de petróleo y el 81% de las reservas de petróleo. Otros países productores de petróleo como Noruega, Rusia, México, Sudán, Omán, Kazajistán y Egipto, aunque no son miembros de la OPEP, participan como observadores en las reuniones ordinarias de la institución. El solo anuncio de este consenso, movilizó el precio hacia el alza en un 10% ese mismo día, llegando a cotizarse a $50 el barril. Como referencia de la volatilidad del precio del petróleo en los últimos años, en junio de 2014, se llegó a cotizar el barril a $115; en febrero de 2016 llegó a $26. De acuerdo con analistas de mercados financieros (revista mexicana Expansión), la apuesta es que, para confirmar que se trata de una verdadera recuperación del precio del petróleo, el precio del barril debe superar consistentemente los $52, para estabilizarse en torno a los $60-60.58.

Dependiendo de qué lado del triángulo de este mercado estén los agentes económicos involucrados, así debe interpretarse este acuerdo, puesto que para unos se reposiciona el concepto del “oro negro”, pero para otros, este acuerdo es una “nube negra”. Para el consumidor, definitivamente es una mala noticia en dos sentidos: A. El incremento en sí de los combustibles eleva los costos empresariales y familiares; y B. Haber logrado que la OPEP llegara a este consenso después de ocho años de intentos fallidos, se está demostrando que aún la figura del cártel económico funciona. Para la industria petrolera naturalmente este es un respiro que mejora sus expectativas operativas, considerando las voluminosas inversiones que están comprometidas. Y en tercer lugar, están los Estados que exportan petróleo generando ingresos recurrentes que, a su vez, forman parte de sus presupuestos estatales. Países como Venezuela y Nigeria, este consenso es lluvia en terreno árido.

¿Por qué bajo tanto el precio del petróleo? En junio de 2014 el barril de petróleo llegó a cotizarse $155, y para finales de febrero por debajo de los $35, representando, como bien apunta el profesor de Economía y Política Pública de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, uno de los acontecimientos macroeconómicos globales más relevantes en los últimos 20 meses. Rogoff afirma que las caídas anteriores en el precio del petróleo se explican por distintas razones: la caída de precios registrada entre 1985-86 se debió principalmente por una sobre oferta; mientras que la caída registrada entre 2008-9 se debió a un colapso en la demanda. La presente caída, afirma Rogoff, pasa a ser una combinación de las razones tras los dos episodios anteriores.

Finalmente, como insumo de análisis, cabe recordar que esta apuesta a mejores niveles de precio acarrea altos riesgos de sostenibilidad típicos en los cárteles (la OPEP el cártel más poderoso del mundo). Recordemos que los cárteles funcionan como instancias fácticas de mercado, como un oligopolio (pocos oferentes) determinando precios, y en este caso, cuotas de producción. Pero ¿por qué los cárteles también son vulnerables? Básicamente dos razones: 1. porque surgen nuevos productores y formas eficientes de explotación (como el fracking, que a través de estimulación hidráulica aumenta la extracción de gas y petróleo del subsuelo); y 2. Por la dificultad de imponer cuotas y mantener precios (como los ocho años que le tomó a la OPEP llegar a oficializar este entendido el pasado 30 de noviembre). Es decir, esta forma de colusión no es sostenible eternamente debido a que siempre está el incentivo de las empresas de vender más a precios bajos y movilizar inventarios para sacar adelante compromisos financieros, y por otro lado, mantener la disciplina en un grupo numeroso, siempre es cuesta arriba.

Ante la falta de insumos oficiales que permitan mayor claridad en las expectativas económicas nacionales para 2017, bien caería que el Gabinete Económico de Gobierno se expresara en torno a los riesgos que, para un país como Guatemala, surgen ahora con este acuerdo entre los miembros de la OPEP. Siendo Guatemala una país irrelevante en el mercado mundial de la explotación del petróleo, ¿hasta dónde, por ejemplo, podrían llegar los precios de los combustibles en 2017? Si de apuesta se trata, en mi opinión, con una desaceleración económica global en marcha, la sobre oferta de registrada en 2016 y el sostenimiento de métodos alternos de explotación, pareciera que la frontera para 2017 estará por debajo los $65 por barril.

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