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La riqueza de Silicon Valley

carlos-dumois

Una semana en Silicon Valley nos muestra lo que podríamos hacer en Latinoamérica. En estos días visitamos grandes empresas de alta tecnología, algunas ya encumbradas, otras nacientes; empresas innovadoras, empresas de servicio a emprendedores, incubadoras, asesores, etcétera. También tomamos sesiones con académicos y consultores reconocidos en Stanford, University of California at Berkeley y otras instituciones.

Lo primero que notas es el espíritu de apertura y el ánimo de cooperación de mucha gente. Todo el mundo reconoce a los empresarios y les desea éxito. Personas de todo el mundo vienen a luchar por sacar adelante su idea. Casi la mitad de los emprendedores en el Valle son extranjeros. Solo el 55% de ellos son norteamericanos. Entre los de fuera dominan los asiáticos por mucho. Los emprendedores latinoamericanos no llegan a conformar el 1% del total. Creamos muy poca riqueza por la vía del capital intelectual en Latinoamérica. A pesar de la gran abundancia de talento no contamos con un ambiente propicio para el desarrollo de negocios innovadores.

Silicon Valley no solo abunda en empresas de tecnologías de información. También hay muchas empresas del sector automotriz y de transporte, aeroespacial, de servicio, de biotecnología, de diseño industrial para otras industrias, etcétera.

Silicon Valley es un centro global de emprendimiento donde prevalece una actitud y una mentalidad de estar siempre mirando al futuro, por la disposición a correr riesgos y enfrentar la incertidumbre, por trabajar de manera creativa en la búsqueda de productos y servicios nuevos, por operar con altos niveles de virtualidad; por compartir procesos de aprendizaje, valorar el conocimiento y gestionar el talento y el trabajo en equipo. Pero sobre todo esta región, que se extiende desde San Francisco hasta San José, se distingue por la forma en que se concibe el fracaso. Muchas personas y organizaciones se arriesgan continuamente y participan en proyectos inciertos. Algunas de las más innovadoras, las menos, de vez en cuando tienen éxito. La inmensa mayoría de los intentos fracasan, pero entonces se considera que mucho se ha aprendido, y esos nuevos aprendizajes se rescatan tarde o temprano.

“Podemos estar cansados de que nos mientan y engañen, pero n podemos rendirnos.”

La venta de ideas es cotidiana. Me encontré aquí con un amigo de Culiacán que asiste a un promedio de siete presentaciones diarias de nuevos proyectos. Este tipo de presentaciones recibe en inglés el nombre de pitch. Muchos viven trabajando en sus nuevas ideas y buscando la participación de otros con sus conocimientos, técnicas, herramientas, inversiones y contactos para avanzar en convertir su idea en una fórmula de valor real y efectiva.

La venta de ideas de nuevos negocios abunda. Hacen pitches para invitar a pensar, aprender, conseguir recursos, involucrar a nuevos talentos. Sabemos que en esta parte del mundo hay un mercado gigantesco de ideas, talentos y capitales; pero no se imagina uno la riqueza del flujo de ideas y cómo opera. Por eso aquí se genera más riqueza por kilómetro cuadrado que en ningún otro lugar sobre la Tierra.

Muchas ciudades en distintos países han intentado recrear las condiciones de esta parte del mundo para impulsar la creación de riqueza a través de la innovación. Unas cuantas lo han logrado. En América Latina nos falta lo más básico: cambiar nuestra actitud. Necesitamos un nuevo chip en la mente de nuestros gobernantes, académicos, periodistas y empresarios. Tenemos que venir a aquí para adquirir esa nueva mentalidad.

Tenemos que estudiar las condiciones para convertir muchas de nuestras ciudades en Valles de Innovación, pero antes debemos reprogramar nuestra manera de concebir los procesos modernos de creación de riqueza, y la importancia que en ellos juegan la humildad, la apertura, la creatividad, la capacidad de trabajo en equipo, el valor del conocimiento y del capital intelectual. Silicon Valley es, antes que nada, una comunidad donde prevalece la libertad. Nos hace falta construir y fortalecer la libertad en nuestras comunidades.

 

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