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anna-valdez

Tengo un sobrino llamado Pablo, que deja escapar su gran nobleza entre la dulzura de su sonrisa y la chispa de sus ojos. Hace varios años, mi papá peinaba los castaños cabellos de mi recién bañado sobrino. Lo sentó, entonces, sobre el mueble del lavamanos. Por el diseño del baño, este mueble queda entre tres paredes, en las cuales mis papás colocaron espejos, de tal forma que dos de ellos se encuentran paralelos, reflejándose uno al otro. Mi sobrino, quien tendría un poco más de dos años, abrió con asombro sus ojos cafés, mientras miraba uno de los espejos laterales, el cual reflejaba de manera infinita su imagen. Sonriendo, volteó su cabeza al otro lado, para distinguir de nuevo su figura multiplicada infinidad de veces entre los reflejos. Elevando su mirada hacia mi papá, dice: “¡Momo, mirá… muchos Pablos!”. Y es que verse al espejo puede darnos ese asombro que causa el descubrimiento, si lo permitimos.

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“Y es que verse al espejo puede darnos ese asombroso que causa el descubrimiento,si lo permitimos.”

Solemos vernos al espejo, en una sola perspectiva, de un solo lado, con un propósito. Nos vemos para asegurarnos que hemos combinado bien el atuendo, que el pelo está arreglado y que la imagen que proyectamos es la que deseábamos. Puede ser que estemos usando nuestro reflejo, para ver lo que suponemos que otros ven. Es probable que no siempre lo usemos con benevolencia y juzguemos duramente las líneas de expresión que marcan nuestro rostro, o lo justo que nos queda el pantalón, que si el pelo está muy corto, o muy liso o muy colocho, que si las ojeras muy grandes, o los brazos muy gordos… en las prisas por acicalar nuestra imagen, olvidamos apreciarnos a lo interno. Olvidamos usar el espejo, para vernos fijamente a los ojos y adentrarnos en nuestra luz, olvidamos usar nuestra silueta no para juzgarnos, sino para apreciar las mil formas en que hemos aprovechado las curvas del camino de la vida. Sí, tal vez necesitemos vernos de manera diferente en el espejo y aprender a descubrir que nuestro perfil dependerá de la perspectiva que usemos.  Es importante reconocer que para vernos completos, necesitaremos de más de un espejo, y lo que es mejor… de más ojos que solo los nuestros.

No se trata de darle demasiada importancia a lo que piensen de nosotros los demás… sino de vernos a través de lo que provocamos en ellos. Pues el verdadero reflejo de nuestro ser, va más allá de vernos bien, tiene que ver con la forma en la que iluminamos a los demás, en cómo los hacemos verse a ellos mismos, cómo unimos fuerzas para crear en conjunto. Por eso es importante usarlos a ellos, a nuestros cercanos, para vernos a nosotros mismos. Tal vez estemos olvidando reconocer talentos, virtudes, logros y esfuerzos que forman parte de nuestra esencia y que nos permitirán tener la imagen completa y correcta de lo que somos, o mejor dicho de quiénes somos. Y así, como dijo mi sobrino que habían muchos “Pablos”, podremos distinguir la maravilla de tener “muchos yo’s” cada uno proyectando una parte de nuestra hermosa luz.  ¡Atrévete a usar muchos espejos que te permitan percibir todo tu esplendor… no hay luz de más cuando en cada momento compartes la iridiscencia de tu ser interior!

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