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Flagelo de la vida nacional

Diversas publicaciones dan a conocer desde hace años, que el problema sustantivo del país, es la pobreza y la pobreza extrema. Miles de personas son expulsadas hacia los Estados Unidos en búsqueda de trabajo y bienestar. Se desintegran las familias y surgen necesidades inventadas por el mercado,para que los hijos de los Imigrantes gastan los dólares que les envían en compra de objetos innecesarios. Emergen a las orillas de las áreas urbanas, niños y jóvenes que deambulan en búsqueda de un pedazo de comida. La violencia los atrapa y se integran de manera natural a las maras como una forma de sobrevivencia.

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De este remolino no logran salir ilesos, sino que se hunden en el fango de la marginalidad social. Mientras tanto, el Estado a pesar de contar con sendos estudios que señalan no solo el diagnóstico del problema, sino los caminos para salir adelante, se quedan paralizados ante el espanto de esta tragedia nacional. Los gobernantes, lo hemos visto una y otra vez, improvisan y hasta muerden de la pobreza dineros que no les pertenece por ninguna razón del mundo. No han entendido que la población mayoritaria son campesinos indígenas sin acceso a la producción agrícola. Que junto a ellos viven miles de familias que se entumecen por falta de alimentos. Existe otro grupo de campesinos que poseen hasta 10 manzanas de terreno, pero resultan ser también excluidos, porque las leyes del mercado los arrinconan en condiciones de desigualdad.

No tienen acceso a créditos blandos y la comercialización de su pequeña producción no logra despegar para obtener ganancias adecuadas que les permita un buen sustento familiar. Tradicionalmente en Guatemala se le da más impulso a los productos de las familias que producen café, banano, caña de azúcar, cardamomo  y palma africana. Algunos pequeños y medianos productores, sin apoyo del Estado, sino por iniciativa propia e imaginación comercial, han logrado éxitos con productos que abastecen la canasta básica nacional, y algunos países circunvecinos. De ahí que nos llame la atención programas subsidiarios de entrega de 200 quetzales por familia pensando que con esto se combate el hambre en Guatemala.

 En el fondo pienso que ni las mismas autoridades del MAGA están convencidas de esta acción menesterosa. El camino para combatir la inseguridad alimentaria pensamos algunos, es a través del fortalecimiento de la economía campesina. ¿Entonces por qué no invertir recursos técnicos y créditos blandos para fortalecer la producción agrícola familiar rural? No veo hasta hoy programas del MAGA que mejoren la capacidad de rendición familiar que permitan crear centros de capacitación para mejorar la economía campesina. O bien, ¿Por qué no se impulsan programas de conservación de los suelos, centros de acopio, embalses o minirriegos? Habrá que tomar en cuenta que el Estado de Guatemala fi rmó en el 2015 LOS OBJETIVOS DEL DESARROLLO SOSTENIBLE.

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