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Una absurda Ley de Competencia

ramon-parellada

El Congreso de Guatemala debe aprobar una absurda e innecesaria Ley de Competencia que para comenzar nos costará Q20 millones y que contrario a lo que su título indica promoverá corrupción, generará trabajos improductivos para abogados y economistas y al final nos hará menos competitivos y más ineficientes pues favorece a las empresas menos eficientes.

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La Ley de la competencia o como se conoce en otros países como ley antritust o Ley antimonopolio parte de supuestos errados.  Estas leyes se inventaron a mediados del siglo XX y fueron utilizadas por los empresarios más ineficientes contra las empresas más eficientes.  Las empresas más eficientes en un mercado libre, sin barreras al comercio, son las que satisfacen mejor a los consumidores con productos de la calidad deseada a un precio muy competitivo.  Lamentablemente, se han creado oficinas burocráticas de sabios que creen conocer mejor cómo funciona el mercado, al igual que los proponentes de este tipo de leyes, y que viven de fastidiar continuamente a las empresas que más éxito tienen.  En Guatemala esa oficina de burócratas iluminados sería, según la última versión del proyecto de ley,  la Superintendencia de la Competencia.

En un mercado completamente libre, sin barreras arancelarias, el empresario más exitoso es visto con recelo por los empresarios menos exitosos.  Al poner trabas a las empresas más competitivas nosotros mismos nos estamos haciendo mucho daño ya que los productos que se venderán por las empresas menos competitivas serán pagados por la población, que en Guatemala es mayormente pobre, a precios mayores y menor calidad.

Si los programas de Microsoft son deseados y comprados por la mayoría de personas en un mercado libre es porque les beneficia más que usar otros programas.  Sin embargo, Microsoft ha sido demandada en el pasado por estas oficinas de burócratas de la competencia que representan las leyes antitrust por denuncias no de los consumidores sino de los competidores.  ¿Se dan cuenta?  Curiosamente, en Europa en el 2004, condenaron a Microsoft con una multa por varios millones de euros por supuestas prácticas monopolísticas debido a su sistema de video que venía incorporado en el programa.

Si lo hubiera vendido por separado entonces hubieran buscado otra excusa para caerles encima.  El asunto es que la condena fue de una vergüenza pero los sabios de Bruselas se sintieron satisfechos.  El resultado es que el consumidor perdió.  ¿Y no pues que estaban defendiendo al consumidor?  Ganó la competencia de Microsoft.  ¿Qué contradicción, ¿no? En Estados Unidos, la ley Antritust o Sherman inició condenando a cuatro empresas de gran tamaño que se unieron para ser más eficientes.  Estas empresas bajaron los precios pero igual fueron condenados.  El consumidor perdió.

Los beneficiados fueron los competidores menos eficientes.  ¿Y no pues que estaban defendiendo al consumidor? Otro caso vergonzoso en Estados Unidos fue la división que la Ley Sherman logró de la compañía petrolera Standard Oil Company.  Curiosamente esta compañía que fue divida en cuatro era tan eficiente que cada año bajaba los precios.  Sin embargo, a los sabios burócratas les pareció muy grande y dominante.  En fin, perdió nuevamente el consumidor y ganó la competencia más ineficiente.

En Guatemala, un país con mucha pobreza, necesitamos más competencia real, efectiva, que permita que los productos abunden y los precios sean los menores.  Para ello basta con eliminar todas las barreras arancelarias y abrir nuestras fronteras a cualquier competidor.  La Ley de Competencia disminuirá el nivel de vida de los guatemaltecos.

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